— Verba Volant

Search Results
chipirón

Montannarusa

El momento ha llegado, amigos de Verba volant, paseantes asiduos y discontinuos por este mazacote de palabras que a veces se aglutina y a veces se desguaza y, muy frecuentemente, se fragmenta y engorda al mismo tiempo en un son de acordes y desacuerdos con uno mismo y con los demás. No hablaré de septiembre. No hablaré de la vuelta de las vacaciones. No hablaré de síndromes, ni síndones, ni síncopas. Chipirón negro ha vuelto. Llevaba muchas veces sin aparecer por este blog, pero también muchas entradas sin aparecer por mi correo electrónico. Hace unos poquitos días, recibí un mensaje de lo más romántico: «Hola, Garbanzo negro. No sé de dónde procede tu fuente de inspiración, pero en el momento en el que te dejo solo un rato, parece que las musas se han escondido en los recovecos de la ramplonería. ¿Te prohíbes a ti mismo pensar en vacaciones? ¿Estás alicaido? ¿Un período de crisis creativa, quizás? ¿Dónde está todo aquello que justificaba que algunos visitásemos tu blog con la esperanza de encontrar para econtrarte y para encontrarnos?» Joder, según ella, sólo se salvan los blogólogos interiores (no es la única que lo piensa) y alguna foto… y poco más. «Eso sí, con tus autorretratos me parto de risa. Sólo imaginarme a un chinado con la cámara vuelta hacia sí mismo y chas, chas, chas me ha hecho curvar la boca en forma de sonrisa. Hay que tener mucho tiempo libre para coger una pelota de tenis y chas chas, una bolsa de naranjas y chas chas…» Es el momento de reconocer que todavía me falta una serie de fotos con una botella de agua y otras chuminadas más.

Pero en los últimos mensajes le ha dado por dos obsesiones. La primera, las montañas rusas. «¿Qué es tu vida? ¿Una balsa en un pantano, el agua en calma, a dos palmos de la orilla? ¿Un abismo sin fondo? Mira, Garbanzo. La vida es una montaña rusa. Subidas y bajadas. Pero con una diferencia: en la montaña rusa, las bajadas son bruscas, pero esperadas. Y te montas porque te da la gana. En la vida, te pagan el billete. Si te bajas en marcha, te pegas el morrazo padre. Y las bajadas llegan sin subidas previas. Y la suerte es más que no caer: la suerte es que el ajetreo no le haga a tu estómago bailar más de lo preciso. Si llega ese momento, no te queda otra: vomitar. Eso sí: cuidado con salpicar, que los ácidos se limpian fatal.»

Y la segunda, los cuentos. Ella cuenta que un día estaba oyendo en la playa a una madre que le contaba a su hijo el cuento de Garbancito. La madre decía con voz aflautada «A Garbancito no piséis…». Y ha decidido convertirme en un héroe de cuento. Pequeño pero insistente, insignificante pero egregio: «Garban(cito), eres el héroe de todos los fracasos y el paladín de las palabras perdidas. Es hora de que te des cuenta, de que lo afrontes, de que lo asumas. Anota cada momento en el que tu vida se ha ido al traste, cada detalle que has convertido en herida, cada desliz que te ha hecho desear  que no has nacido. Y dale la vuelta. Conviértelo en tu fuerza, en tu cabina de la montaña rusa. Agárrate bien, y disfruta».

Sólo queda otra de cuentos. Como veis por el título de la entrada, «Chipirón negro se viste de rojo». Y también tiene que ver con otro cuento, según me cuenta: «Tú, que eres tan listo, sabrás que Caperucita roja se llama Le petit Chaperon Rouge en francés. Chaperon. Chipirón. Hoy he decidido liarme la capa a la cabeza y cambiar las motas negras de mis ojos por el rojo del vestido de fiesta. Lo hago por ti, Garban(cito). La fiesta, son tus 250 entradas y tu año largo de existencia [en efecto, mi primera entrada, todavía en Blogger, es de mediados de agosto de 2007]. Recuérdalo. El rojo es un vestido de gala. Pero Caperucita es una chica rebelde contra las normas de la vida. Y piensa quién es el malo en todos los cuentos. Sólo te doy una pista: el lobo no es el malo. Pero lo demás, lo tendrás que descubrir tú. Tú, que eres tan listo… apunta, apunta.»

Y, en esta ocasión, no entiendo nada de lo que me dice. Pero yo apunto. Ya estoy en plena feria. ¿Alguien me paga otro viaje?

(La imagen es de infelix)
Read More

Cielo telegráfico

No, amigos. Esto del Chipirón no se acaba (espero). Pero sí se acaba esta fiestuqui que me he largado con tres entradas (podéis ver aquí la primera y la segunda) celebrando mi post número 202 en Verba volant.

Empecemos con una de las cosas que, como dije en la entrada anterior, me largó despiadadamente: «Garbanzo negro, ¿por qué haces siempre las preguntas equivocadas? ¿No te da miedo que una pregunta equivocada acabe encontrando, para tus miedos y tus alergias, una respuesta acertada? ¿No te das cuenta de que las preguntas no interrogan sobre nada, sino que afirman, ponen en duda, valoran o niegan? ¿No te das cuenta -tú, que eres tan listo– de que preguntar tan desatinadamente es lo mismo que responder ya al mismo interrogante que es la vida? Pardillo. Que eres un pardillo. ¿Eres tonto, o te lo haces».

Como hay tantas preguntas en su mensaje -y como puede que su deseo, precisamente, es que caiga en la trampa de responder (que, en el fondo es lo que estoy haciendo)-, no atino a dar una respuesta. Primero tendría que entender las preguntas. Pero sí he de deciros, amigos, que por primera vez he tendido una trampa a Chipirón Negro y ella ha caído en la red soltando su sobresalto y un enfado entreverado. Se ha mostrado muy ofendida por las fotos que han encabezado las dos entradas anteriores de esta Fiesta del Chipirón: «¿Uno empieza una Fiesta encabezándola con el Infierno, uno la continúa con una mirada desprendida hacia la devastación, hacia la guerra? Garbanzo negro, creo que has provocado las metáforas hasta privarlas de todo su sinsentido. Las metáforas no existen, porque son realidades atadas a todos los vapores de la vida». ¿De verdad crees con estas fotografías demostrarnos a todos esos infiernos personales y el contraste entre la vida y la depauperación?» Mi querida Bipolar, en uno de sus comentarios, ha dado con la respuesta: era un cebo tendido a Chipirón. Y ya lo ves, querida: parece que todos tenemos nuestro orgullo… y nuestro corazoncito.

Pero vayamos continuando con la Fiesta. Esta es una Fiesta de las entradas y de los comentarios. Empecemos por los últimos. Dije en la entrada festiva anterior que este blog tiene pocos comentaristas, pero selectos. Algunos arrancan desde casi los inicios de estas palabras voladoras y otros se han ido enganchando hace bien poco. Tengo que darles las gracias a todos y también ofrecerles una explicación: frente a la sana costumbre de muchos de mis compañeros, es frecuente que no conteste a estos comentarios. La primera razón -muy poco cortés, lo reconozco- es la vagancia. Pero hay otra razón más profunda: muchas veces creo que los comentarios ya han añadido todo lo que había que añadir y yo, rematando la entrada, no haría más que estropearla. Las entradas son vuestras, para vuestro deleite o vuestro rechazo, para una valoración acorde a la mía o totalmente disonante y, probablemente, más verdadera. En conclusión: la entrada la escribo yo. Y vosotros la rematáis con vuestro silencio o con vuestras palabras. Chipirón Negro ha realizado muchas observaciones elogiosas sobre los comentaristas (también alguna negativa sobre algún particular, para qué vamos a esconderlo), pero os vais a quedar con las ganas… de momento.

En cuanto a otros blogs amigos, Chipirón, para mi sorpresa, los conoce bastante bien. No entiendo muy bien por qué no actúa con ellos de la misma manera que lo hace conmigo, porque no me lo ha dicho. Ni yo se lo pregunto desde aquí, porque cada uno en esta vida hace lo que le viene en gana. Como esto es una Fiesta, sólo reseño los comentarios que me ha hecho sobre los que a ella le parecen los mejores, ciñéndonos (de momento) a los integrantes de la Burgosfera:

«Caminando en el desierto. ¡Vaya blog! Me preocupaba la situación del pueblo saharaui, pero luego la ves escrita desde tan cerca y -sobre todo- con tanta pasión y tan bien elaborada que te aproximas más hacia la arena de sus sinsabores».

«Blogófago.  La esencia de un blog que pone las tildes, sin ponerlas, en la mirada nueva. La mirada fresca. La mirada pura del talento necesario para poner una imagen, un texto, una canción… y atinar siempre».

«La acequia.  Menos sus disoluciones, que no las entendía ni él [si tú supieras las gracietas que le hemos lanzado a este respecto, Chipirón], es un blog cimentado desde una escritura impoluta, un estilo elaborado y una ambición cultural atrevida para estos medios y, sin embargo, conseguida».

«No digas que fue un sueño. Me encanta eso de que la gente construya su vida construyendo narraciones. La vida narrada es siempre mucho más comprensible que la contada. Además, como te gusta decir a ti, Garbanzo negro -que te repites más que el susodicho- la ficción siempre es siempre más verdadera que la realidad, porque la cuenta desde la emoción y no desde el resbalón de los hechos».

«Sr. K. ¿Eso de llamarse Caín es así o es coña [Chipirón, creo que se llama Caín, de verdad]. No suelo salpicar mis decires con palabras gruesas, pero no puedo decir más que es el puto amo. Acierta desde la extrañeza y extraña desde el acierto. Su estilo es la mejor de las casas habitadas en el mejor de los mundos posibles, sabiendo que no hay mundos posibles ni casas dignas de habitar. Y eso de ‘meter por meter / es hartazgo de follar’ es lo mejor que he escuchado en mi vida. Te lo juro».

Bueno, amigos, pues hasta aquí la Fiesta. Espero que hayáis llegado a su final con agrado… aunque me temo que muchos de vosotros no hayáis podido soportar una entrada que rompe todos los límites de la extensión mínimamente cortés para los lectores de pantallas.

En los días de días próximos -aunque no sé si en las que seguirán a ésta de modo inmediato- insertaré sin aviso ni referencia alguna (así me lo ha pedido ella) una entrada que se titulará «La historia de la noche en que descubrí el miedo». Así Chipirón Negro tendrá, por una vez, sus palabras de tinta negra sin mancharlas con el agua caliente y salada precisa para aliviar la dureza de los garbanzos (los negros, no se ablandan ni por esas).

A mí, sólo me queda desearos felices Fiestas (del Chipirón, me refiero. Pero también de éstas).  Y la foto, que pertenece a mi serie cielos, interprétala tú Chipirón.

Read More

Beirut

«Garbanzo negro, cada vez que leo tus entradas serias me hago una pregunta: ¿escribes el blog para llenar un vacío o llenas el blog con la plenitud de la vida? ¿El blog te la vida, o se la prestas?» Eso me dice Chipirón negro, la muy descarada. Pues no sé por qué se escribe un blog. Probablemente, por las dos cosas. Pero sí que tengo una cosa clara: no me gusta el papel de los cuadernos de bitácora como elementos socializadores de los solitarios, ni me gusta tampoco que se confundan los desánimos del blog con exactos y estrictos desánimos del pensamiento. No escribo en mi blog para tener más amigos (es más: ya dije que me ha servido a veces, de manera paradójica, para tener menos), aunque no es menos cierto que he conocido gracias a él a personas con las que no me importaría nada tener más vinculación. De hecho, contestando a otra de sus preguntas («¿Eso de la Burgosfera qué es, una agrupación de amiguetes con los que se queda y eso?»), he tenido la suerte de conocer tanto de manera virtual como en carne y hueso a personas que merecen la pena y con las que me unen, creo, muchos vínculos e intereses. Me encantan los comentarios que hay en mi blog y los comentaristas, pero no me gustan nada los comentaristas del colegueo que veo en otros blogs, que comentan por comentar y que si dices que te duele la cabeza (por ejemplo), te aconsejan que descanses y tomes una aspirina. Si estoy muy triste y quiero que me compadezcan, llamo y doy la paliza a mi hermana (por ejemplo). El blog, para mí, es un desahogo cultural y artístico que me sirve para asaetar certeramente a mis obsesiones y demonios personales, pero no la ventana exacta por la que mi alma se asoma al mundo. Entre otras cosas, porque… ¿a quién coño le importa mi alma?La vida me la dan otras cosas. Personas, sobre todo. Cine y libros, muchas veces. El blog recoge la vida, me ayuda a intentar explicarla porque así, con un poco de suerte, consigo comprenderla. Ahora bien, una cosa sí es cierta: el blog es un elemento importante al que le dedico atención, tiempo… y cariño. ¿Qué bloguero que se precie, no pasea, lee, piensa… para su blog (a veces)?

Esto se vuelve a alargar, Chipirón. Así que terminamos con esas músicas que propones. «No sé por qué me da que eres de los fanáticos seguidores de John Lennon, Garbanzo negro. Si es así, te propongo un acto de resurrección. ¿Te acuerdas de «Real love», esa prueba de grabación de John Lennon que los tres Beatles restantes revivieron en el disco del 96? Escucha la canción, lee la letra. Y piensa: Todos mis pequeños planes, mis esquemas, descarriados como algunos sueños perdidos, parecen evidenciar que, realmente, lo que yo hacía era esperarte«.

[goear]b6d085b[/goear]

«Pues vale -prosigue Chipirón-. Toma esa canción, si quieres, como punto de referencia, como alegoría. Y quédate con lo mejor de lo mejor del pasado. Pero sacude tus prejuicios y engánchate a los instintos. Y desciende al bailoteo loco de la fiesta de la vida. Con los mismos sentimientos, pero más instintos. Y moviendo el cuerpo hasta el frenesí, como Kylie Minogue, sin poder quitarte de mi cabeza («Can’t get you out of my head»)

[goear]7b6e2cd[/goear]

«Por muy basura discotequera que te pueda parecer (que conste que a mí me van más otras cosas, como el flamenquito), su ritmo esconde cosas: Hay en mí un oscuro secreto. No me dejes enterrada en tu corazón. No pierdas la oportunidad de bailar al son del baile de la vida. Es un regalo que no se repite jamás. Así de duro, así de frívolo.»

(Imagen de Spencer Platt, tomada en Beirut y por la que obtuvo el premio Pulizter de fotografía en 2006.

Su ubicación en esta entrada, obviamente, es metafórica y no tiene nada que ver con la devastación bélica)

Read More

El Infierno de Marina Núñez

Algunos se habrán extrañado de haber celebrado con la boca pequeña mi entrada número 200 en Verba volant. Pero ya decía entonces que seguiría la sugerencia de Chipirón negro (recordad ir en orden inverso de lectura para descubrirla…) para celebrar la entrada 202, que parecía mucho más bonita. Aunque voy a hablar de otros mensajes que me ha enviado (su presencia en el blog llevaba en estado latente casi un mes), empezaré por su cibermensaje privado de felicitación: «Vaya, Garbanzo Negro. Parece que has conseguido superar esa segura inseguridad que destilas y te has marcado ya 200 entradas. Qué machote. ¿Para cuándo un libro? ¿Serías capaz de hilvanar argumentos o razones con el hilo coherente de la narrativa o de la disertación? No te felicito por escribir 200 entradas. Eso sería una gilipollez monumental. Te felicito por haber hecho algunas (no todas, para qué te voy a mentir… ) que merecen la pena, por haberme hecho pasar algún que otro rato divertido: me río mucho con tus bobadas. Por sentirme, como te dije en algún otro comentario, la reina de la fiesta de las palabras. Contemplarme en Verba volant me ha hecho sentir contigo cosas que jamás había sentido. Y no pienses mal, so guarro. Y lo último, para que no te lo creas mucho, tú que acostumbras a pasarte de listo: ¿sabes mucho o no sabes nada y disimulas?».

Vayamos por partes. ¿Para cuándo un libro? Probablemente, para nunca. Creo que el blog es un medio de expresión perfecto para mí. Mezclo cosas, escribo de lo que me viene en gana: un día de una cosa, otro día de la contraria; un día en serio y otro en broma; unas veces con placidez y otras con agresividad. Un día tengo fotos mías y otro escojo otras mejores. Me gusta. ¿Un libro? Escribo cosas, rollos teóricos y académicos sobre pragmática, retórica, publicidad o cine. Ya me gustaría a mí tener el talento de juntar palabras del modo adecuado, bello y coherente que se requiere para escribir esas hojas cosidas por el lomo y con tu nombre en la cubierta. Además, esto del blog sale casi gratis: puede que no te lea ni «el Tato», pero no se entera casi nadie.

Me alegro de que este blog ayude a algunos a pasar buenos ratos, a reírse o a pensar en las bobadas que se me pasan por la cabeza. Todavía no puedo imaginarme que alguien esté atento en la pantalla leyendo las palabras que han pasado por mi cacumen y piense que merece la pena volver. Me cuesta comprenderlo, pero me cuesta todavía más entender por qué que algún que otro clan ha disfrutado de la lectura de cada entrada buscando algo con lo que enfadarse… no sé si para descubrir que me odian o para sentirse aludidos en cada línea en un afán de protagonismo que nadie merece sin buscarlo con el mérito personal. En fin, de personas que confunden la dignidad de los manteles con la hondura de la muerte real y verdadera no se puede merecer más que el olvido. Por lo que aparece en mi cuenta de Google Analitics, parece que, afortunadamente, se han cansado. Es el único momento en el que me he alegrado de perder lectores. Así están aquí sólo los que quieren estar. Espero, por lo tanto, que a nadie le moleste compartir un rato con un garbanzo negro, una escoria social y personal digna del rechazo y castigo de las mentes serenas, brillantes y buenas.

Chipirón, es muy lógico que tengas protagonismo en este blog. Sin saberlo (o sabiéndolo: no sé), has sido un hilo conductor que ha enhebrado muchas de sus entradas. No sé cómo me conoces tanto sin conocerme (me pareces la extensión emocional de Blog80burgos, que sabe perfectamente quién soy pero no se revela). No te puedes imaginar la de gente que sabe de tus intervenciones en este blog y lo intrigados que están. Más que yo, te lo aseguro. Has creado debates, controversia, admiración callada o manifiesta… Y, sin tú quererlo, eres un elemento importante: el diálogo del autor a un narratario real de lo contado. Creo, por lo tanto, que te debo aún muchas entradas.

¿Sé mucho? Taxativamente: no. No podría, porque mi cabeza da para lo que da. Pero soy muy curioso, picoteo de un lado y de otro, trasteo desde pequeño con cada libro que cae en mis manos y no me gusta cerrarme en ser un selecto especialista de la nada. Esa es mi virtud, ese es mi defecto.

Bueno, amigos. Esta conmemoración va a ser larga, así que va a ser mejor repartirla en alguna otra entrada más. Os aconsejo que las leáis, porque quedan muchas líneas de Chipirón prometidas. Os dejo una, para hacer boca:

«Algún día te contaré la historia de la noche en la que descubrí el miedo»

(La imagen pertenece a la interpretación del Infierno de Marina Núñez para la exposición Luz y Tinieblas de la Catedral de Burgos)

Read More

Lakoff

Después de una entrada silente y su jornada de silencio correspondiente (uno cumple lo que promete), Verba volant renace de sus propias cenizas. Y lo hace a lo grande, con Chipirón negro como protagonista, como en las grandes ocasiones. Lo repito siempre y no lo iba a hacer ya, pero el cariño que tengo por Merche Pallarés, autora del blog Del sol y sus lunas y una visitante que nos honra con su presencia desde hace unas poquitas entradas, diré que Chipirón negro se ha convertido en alma máter, Deus ex machina, musa y no-sé-cuántas cosas de este blog de palabras voladoras: comenta cada entrada mandándome mensajes a mi correo privado, no revela su auténtica identidad, nunca espera que yo le conteste a esos mensajes en privado y la traigo de vez en cuando al frente con sus atinadas reflexiones sobre muchas cosas pero, sorprendentemente, también sobre mí mismo. Hemos labrado de manera implícita, nuestras propias reglas, a lo Dogma 95.

Tengo tantos mensajes suyos sin sacar a la luz desde la última entrada en la que apareció que no sé cómo empezar. Así que empezaré por donde salga y acabaré donde los hados dispongan [los vínculos a los que ella hace referencia los hago explícitos, para que la lectura tenga sentido] . «Garbanzo moreno, [el principio está al final, ya sabéis que los blogs crecen hacia arriba] parece que andamos chungos. ¿Dónde está la angustia con solera, el dolor con dignidad, el enfado de guante de boxeo? A fuerza de tanto callar, te vas a quedar afónico«. Me dice, por ejemplo, que el silencio es una actitud, pero nunca debería de ser una pose: «Creo que es mejor que no te calles, sino que grites; que el silencio lo acaten los que quieren que calles. ¿Te acuerdas de la dignidad socrática? ¿Esta dignidad era de juguete?»

Menos mal que en otros mensajes la cosa está más serena: «Tú, que eres tan listo, seguro que no sabes esto, así que te lo voy a regalar: en la lengua de la tribu australiana de los dyrbal, cada sustantivo va precedido de cuatro posibles palabras con las que se clasifica su significado. Una de ellas, balan, clasifica a las mujeres, el fuego, el agua y los objetos y animales peligrosos. ¿Has pensado que, desde que decidiste erigirte en un hombre objeto has convertido tu blog en el terreno del fuego pasional en forma de mujer?» Y comenta sobre los comentaristas: «Yo creo que estas entradas con la mujer como forma y fondo no las compones con intenciones traviesas, sino con hondura. Y el meollo está más allá de la epidermis, del psoas y de los higadillos. Y puede que en La acequia Pedro no ande descaminado en buscar en ella a Dulcinea. Pero esto va mucho más allá de una búsqueda de adolescente tardío en pos de la belleza y sus confines, moreno. ¿Tendrá razón Manzacosas y te habrás enamorado?» Yo ni digo, ni dejo de decir, porque la jornada de clausura y silencio me ha dejado las cuerdas vocales algo entumecidas y, como dice ella, me han dejado afónico de tanto callar. Pero tienes razón en una cosa, Chipirón negro: las entradas sobre Irina iban a acabar con una reflexión en plan sesudo y serio. ¿No son las modelos de hoy nuestras madonnas del ayer? ¿No reverenciamos sus cuerpos de la misma manera que antes reverenciábamos su fruto? La cultura audiovisual y la publicidad, ¿no ejercen en nosotros un poder de convocatoria y de lectura de imágenes similar a la del arte románico en la Edad Media?

De cualquier modo, prefiero acabar por hoy con otro regalo de mi chipirón predilecto: «Se dice que madre no hay más que una, pero hay madres adoptivas, madres biológicas, madres de alquiler, madres donantes, madrastras, madres trabajadoras… Con nosotras, las mujeres en general, puede que pase lo mismo. Somos Una, con mayúsculas, pero en ella estamos todas. Y, como en la lengua de los dyrbal, estamos agrupadas junto con el fuergo, junto con los animales peligrosos, junto con las cosas que retienen el peligro. Para acercarnos a vosotros, pobres machos sin poderío, animales mansos, rendidos a los pies de las auténticas reinas del mundo».

Read More

Chipis

Chipirón negro ha vuelto a Verba volant. Como siempre, a través de mensajes a mi correo electrónico. Como siempre, enigmática. Creo que ya he dicho mil veces que me comenta en privado (casi) cada entrada. Sabe que de vez en cuando aparece en el lugar que le corresponde. De hecho, me comenta con sorna: «Me siento la estrella de la fiesta. Me gusta. Me gustaría ser una de esas musas y heroínas decimonónicas, en plan Nicole Kidman en Moulin Rouge y eso, pero no va a poder ser, moreno: ella es enfermiza pero, sobre todo, muy blancucha. Y ya sabes que yo soy más morena que el Chipirón, aunque mis amigos, de coña, me llaman Rubia. Pero este blog es tuyo, garbanzo y yo soy estrella, pero estrellada e invitada». Ella no sabe (se entera ahora) que ha encontrado detractores furibundos, también privados. Una de ellas me decía que Chipirón negro parecía la maestra, que decía cuatro cosas y yo era su alumno escribiendo al dictado. Otro dice: «Vale, Chipirones, Garbanzos. ¿A mí qué cojones me importa? ¿Es que tenemos que ser espectadores de lo que diga la tipa esa?» No obstante, son los menos. Muchos, permanecen callados; otros, se sienten maravillados por la presencia enigmática que puede decirse que vertebra el blog. De hecho, me dice: «¿Sabías que todos tenemos algo que decir? Con seguridad, tú te mantenías callado. Pero ahora tus palabras son voladoras y tienes que dejar que salgan de tu dura cabecita para que los demás las escuchen. Si yo te ayudo a expulsarlas, me siento con la dicha de ser la feliz matrona de tus llenos y de tus vacuidades, de tus tonos grises, tristes -muy tristes-, de tus tonos amarillos -amargos, pero suaves- y de tus obsesiones. Que son muchas, garbanzo moreno. Porque unas veces parece que estás demasiado cuerdo y otras veces eres lo más parecido a una regadera encerrada en la acolchada habitación del espanto. Y recuérdalo, todo es malo. Menos las palabras.» Y sí, este blog no tiene ni trampa ni cartón: por eso dice las verdades por medio de la ficción y grita las mentiras por medio de la realidad baciyélmica.

En otro mensaje, Chipirón negro me dice: «En el mensaje de ayer te dije que estas palabras voladoras se escuchan, no se leen. Ahora, por tu culpa, mis vecinos pensarán que estoy majara, porque me pongo a leer tus entradas en voz alta. Significan distinto. Con cada voz, con cada matiz. Cuando más me gustan es cuando pongo una voz que no es la mía, más pausada, más grave. Rebaño las palabras con los tonos y los quebraderos de mi voz». Yo se lo agradezco con la foto que encabeza esta entrada, que se titula Expresionismo abstracto y que se la debo a Daquella manera. A mí también me gusta rebañar la tinta del chipirón, con esa salsa bien construida, a base de estar cocinada con paciencia. Y muevo el pan de manera juguetona, como en la foto, dejando los intersticios del negro impregnados en mis pupilas.

Y lo mejor ha venido hoy. En un alarde de generosidad, y sin poder saber cómo ha conocido mi fecha de cumpleaños, Chipirón negro se ha dejado el enigma por el camino para mostrar su vena más agradable, simpática y emotiva. Y ha adaptado el poema «Como siempre», de Benedetti, para mí. Gracias, Chipirón negro: que la salsa dulce y bien cocinada te acompañe para siempre. Seguirás en mi blog, naturalmente. Y desde hoy, un poco más en mi corazón.

Aunque hoy cumplas
quinientos cuatro meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás lindo
y estés lindo
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciado
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

Read More

La deconstrucción de los garbanzos negros de hace un par de días tiene un ferviente admiradora privada, que ha contactado conmigo a través del correo electrónico para intercambiar recetas sobre los garbanzos y sobre la vida. Su correo empezaba: «El buen garbanzo y el buen ladrón, de Fuentesaúco son«. Y seguía: «Me siento muy identificada con los garbanzos (negros), pero también con la (negra) tinta del chipirón, que salpica a veces mis ojos: verdes, marrones, a voluntad. Según cómo los quieras ver». Me cayó bien, la tía.

Garbanz Comp

Lo del buen garbanzo y el buen ladrón me pareció una buena receta de palabras en plena sintonía (sinfonía) con mis garbanzos negros, así que, siguiendo su consejo, emprendí la caza de nuevos ingredientes en esa contemplación de mí mismo como la eximia legumbre. El garbanzo picudo, arreviejudo y apanderado de culo no me servía. Mi lozanía y elegancia fingida se alejan (o, al menos, eso desean) de lo arreviejudo -me aplico diariamente una cremita con una chispita de protección solar en la cara- y el apanderamiento de glúteos lo intento evitar con el ejercicio intenso. Sí que es cierto que lo anguloso me delata, pero eso es cuestión de carácter… y es lo que tenemos los garbanzos negros. No obstante, he encontrado cierto consuelo en aquello de que No hay olla sin ningún garbanzo negro. La presencia inexcusable de uno mismo en el guirigay (no busquéis dobles sentidos, que os conozco…) del cocido atempera mi alma y la condimenta con el tocino (de veta) y lo multiétnico de la morcilla (la perseverancia de la cebolla, el cultivo en húmedo del arroz y la crueldad de la sangre… todo envuelto y hecho de tripas corazón).

El garbanzo para San Marcos, ni nacido ni en el saco… es el catálogo vital. San Marcos, día 25 de abril: yo nací cuatro días más tarde. Está visto que mi nacimiento es una historia sin cuento y sin sentido. Pero volvamos a mi amiga cibernética. Me dice: «Un garbanzo no hace puchero, pero ayuda al compañero. Me solidarizo contigo. Y te presto un poco de la tinta del chipirón, para que en tus ojos el negro enmascare tus lágrimas cuando llores». Me volvió a caer bien. Mejor todavía.

Y acababa su mensaje casi como empezaba:»El buen garbanzo y el buen ladrón, de Fuentesaúco son. Una cosa es segura: ni tú ni yo somos de Fuentesaúco. Bienvenido al cocido de los rotos y los descosidos, garbanzo negro». Me cayó bien, la tía de unos ojos verdes o marrones (según los quiera ver) salpicados del negro de la tinta del chipirón. Aunque no la haya visto nunca.

 

 


 

Read More

5684801520_f984f99f36_z

Chipirón ha vuelto. Pese a la importancia que ha tenido en este blog (los visitantes nuevos o más reciente pueden rebuscar en este enlace), poco a poco fue desapareciendo. De alguna manera, no sé si queriéndolo o no, sus reflexiones, sus aportaciones y, sobre todo, sus imprecaciones aportaban la chispa justo donde era necesario encender una llama. Poco a poco, fue desapareciendo: ya no me mandaba esos mensajes que, inicialmente, reflexionaban sobre cada entrada y luego fueron desapareciendo hasta casi desvanecerse. Incluso alguno de los últimos mensajes más relevantes que me remitió eran tan sumamente duros que no me atrevía a ponerlos en el blog (nunca la he contestado de forma directa por correo electrónico).

Sin embargo, hace dos días recibí un mensaje nuevo de Chipirón (sí, lectores nuevos, así se hace llamar) dirigido a Garbanzo Negro (sí, sí, me llama/llamaba así siempre). Entresaco alguna de sus observaciones:

¿Por qué no desapareces del mundo virtual? Es mucho mejor borrarse del mapa que ir esparciendo tus miserias. ¿Te merece la pena seguir cuando ya no tienes nada que decir? Antes, cuando no tenías nada que decir, te inventabas un mundo con palabras. A lo mejor eras el Garbanzo Negro de la vida, pero las cosas que decían aportaban algo de caldo (jugo y calidez) a esa parte de ti que está en sombras.

Me temo que no desapareces porque no te atreves. Igual piensas que todo vale, que tienes a todos tus seguidores fieles a tus pamplinas. Pero no, seguro que, del mismo modo que yo lo he hecho, muchos han ido dejando de visitarte y, sobre todo, de leerte.

Te lo tengo que decir porque si no reviento: antes el blog era parte de tu vida o una parte importante de las partes de la vida. Ahora publican cuando te viene en gana, de Pascuas a Ramos. Sin ningún orden, tú que te tienes por mente privilegiada y ordenada. Eres una patraña. Los compromisos están para cumplirlos o para romperlos, pero nunca para dejarlos a medias. Ahora todo, incluso algunas buenas ideas, es un hilo roto, sin sentido. Antes, por lo menos, estabas perdido en tus laberintos pero tenías algo (eso, un hilo) que te permitía alejarte del Minotauro. Ahora no, ahora te arrastras por el suelo del laberinto. Seguramente tu laberinto no tenga salida (eso lo sabes tú mejor que nadie) pero, al menos, camina y piérdete con dignidad.

Prosificas canciones, qué bonito. Traducir mal una canción y sacarla de contexto igual no es una mala idea, pero siempre que digas hacia dónde nos quieres conducir.

Sigues escribiendo diálogos. Me fastidia reconocerlo, pero algunos me gustaban. Pocas veces he sentido tanto la soledad, el silencio y la incomunicación como leyendo tus diálogos. Pero antes ese Él y Ella conversaban más y progresaban en esa incomunicación. Ahora están metidos en los mundos de Yupi. Cuando empezábamos a ver algo más allá, vas y te atascas. Vaya mierda, Garbanzo Negro, vaya mierda.

¿Y los Fragmentos para una teoría del caos? ¿Dónde están? Una idea que podía haber conducido a un vínculo narrativo nada desdeñable se convierten en soliloquios de revista barata. ¿Cuándo vas a darles un impulso y volver al hilo inicial, cuando las historias se entrecruzaban? ¿Se te acabaron las ganas?

También ha desaparecido el espíritu de las primeras entradas (primeras pero muchas, aunque muy lejanas). Esos post eran porciones del universo vinculadas al conocimiento externo en forma de enlaces. Eran líneas muy curradas, que aportaban algo más allá de las pelotillas del ombligo. Luego siempre las girabas hacia ti, pero te hacían mejor porque, al menos, servías de contraste. Ahora no sirves para nada.

No te creas que tengo mucho más que decir. Escribe, desaparece o muere.

Bueno, pues estas han sido las lindezas. Hoy no tengo muchas ganas de pensar. De hecho, una cosa es cierta: hace mucho que no pienso. Mañana veré lo que hago, si escribir o desaparecer. Lo último no depende de mí.

(La imagen es de José Luis Cernadas.)

Read More

 

Hoy me he dado cuenta que tengo anotadas muchas ideas que aún me faltan por contar.

Todavía tengo que hablar de los detalles, algunos de ellos interesantemente irrelevantes, de mi reciente viaje a Dubái y a Doha. Un diálogo lleno de fingida verosimilitud mezclada con auténtica realidad. Una cercana experiencia docente que me ha llenado por dentro y por fuera. Unas noticias zoológicas sobre calamares y chipirones. Un par de entradas sobre los avances y retrocesos en la construcción de mis ficciones. Una relación de mis tropezones, recaídas e incorporaciones. Una mirada al tendido. Una carta llena de despecho y amargura. Y una apología de la esperanza.

Sin embargo, hoy me quedo aquí, anclado en las canciones. Y, por encima de todas, una: esta canción de Fort Atlantic, titulada «There is love». Dejo, también, la letra de la canción más abajo.

«Don’t let the sadness grow
You’re beautiful, don’t you know?
It’s easy to dive into doubt
But harder to climb back out.

Don’t drink from the well
Where the bitterness dwells
That water is wasting your time
And push past the anger
And cynical strangers
Whose sharp words are always unkind
Oh, there is love we can find
We will find.
When lies get a voice in your ear

And whisper your deepest fears
You can either believe
Or look through these empty things

Acknowledge the hard things
As ships that are passing
Don’t let pain destroy your life
Pray that your misses
Find gentle forgiveness
As deep as the hue of red wine
Oh, there is love we can find
We will find.
Come hearts that are scared and alone
Let love give you warmth in the cold
Let faith and hope lead you on
Let joy be the theme of your song…»

Read More

Estaba tan pendiente de encontrar ideas para esta entrada que, por eso mismo, he estado a punto de no escribirla. En los días pasados, le di vueltas a la cosa: que si una entrada «bomba», que si una de las series de este blog para una entrada (diálogo, blogólogo interior, canciones prosificadas…). Ayer, en unas horas de insomnio, maquiné un «fragmento para una teoría del caos» en el que se añadía a la lista un nuevo personaje, que era el que narraría esta entrada… Pedí consejo a través de las redes sociales y me llegaron a aconsejar no que no escribiera nada, sino que escribiera NADA así, con mayúsculas.

Y sigo uno de esos consejos para hacer una entrada en la que no cabe la ficción ni la reflexión, sino un balance. Aunque inicialmente empecé con Verba volant bajo la plataforma de Blogger –conviene decir también que hubo otros conatos de blog con ese nombre, ya casi perdidos–, enseguida me trasladé a un dominio propio, URBINAVOLANT.com, del que este blog es parte. URBINAVOLANT es un proyecto en marcha todavía no extendido en todas sus ramas. De momento, acoge con ilusión también mi trabajo como profesor universitario (y antes, también, como profesor de secundaria y bachillerato). Tendrá, en el futuro, otras cosas, pero no quiero anticipar nada que me comprometa.

La primera entrada del blog tenía como título «Empezamos este cuaderno de bitácora…con el nombre». Desde el 19 de agosto de 2007, la palabra blog ha triunfado y yo me he unido a ella. No obstante, reconozco la predilección que tengo por la expresión cuaderno de bitácora: el cuaderno de navegación que se guarda en un armario justo al lado de la brújula de un barco. Pocos elementos son tan significativos para entender lo que es este blog como el cuaderno de navegación o la brújula. Cuaderno sobre el que se reflexiona sobre los rumbos; brújula como elemento externo que apunta los destinos en relación a su origen magnético.

Con el tiempo, ha cabido de todo: las ficciones y reflexiones que apuntaba más arriba. Todo ello, siempre, bajo el punto de vista personal, con los mecanismos del ego-hic-nunc (yo, aquí, ahora). No es una cuestión de egocentrismo, sino de perspectiva. Al principio, primaban más las reflexiones. Después, la ficción fue dando bocados a todo lo demás en elementos mucho más conectados entre sí de lo que cabría esperar en una lectura superficial. Porque un blog no es una suma de elementos inconexos (o, al menos, yo no lo concibo así). Incluso cuando yo mismo lo creía, sabias aportaciones externas y reflexiones propias a posteriori me han enseñado a verlo de otro modo. Tanto es así, que algunas series, que se ven desde un lado más o menos frívolo, pueden tener interpretaciones de más calado. Creo.

¿Qué me ha enseñado el blog? Son tantas las cosas que he aprendido que no caben en una entrada con vocación sintética. En resumen, me ha servido para descubrir el poder catártico de la escritura, que yo creía mera teoría. Me ha demostrado también que soy capaz de escribir mucho. De ese mucho, he aprendido a deslindar lo que le gusta a los demás y lo que me gusta a mí. De 900 entradas, estoy razonablemente contento con unas cuantas.

También he conseguido conectar con otras muchas personas. Gracias a este mundo, he conocido a unas cuantas personas que merecen mucho la pena. También es cierto que, en un momento dado, decidí dar un giro para salirme del círculo cerrado en el que los blogs a veces se convierten para abrir una espirar en la que Burgos sigue siendo un elemento de referencia, pero en el que ya hay bastante más lectores de Madrid o de Barcelona. Contemplo con sorpresa que me han llegado amables palabras sobre mi trabajo desde muchas localidades de España y, con más sorpresa todavía, de muchos otros lugares de fuera, con Argentina, México, Chile y Estados Unidos a la cabeza. Qué es lo que personas tan distantes entre sí han llegado a ver en unas palabras que vuelan es la pregunta que, sinceramente, aún no estoy preparado para responder.

En el último año, el número de entradas ha descendido. Reconozco que me he encontrado, a veces, desbordado de trabajo y, en otras ocasiones, yermo de ideas. Esto me llevó a pensar muchas veces a abandonar, cosa que no pienso a hacer. Tengo nuevos proyectos y, sobre todo, palabras que quiero seguir impulsando por el aire para que alguien las junte y les dé todo su significado.

Sería tremendamente injusto si no agradeciese a algunas personas el impulso que me dieron para que este blog viese la luz. Lo sería también si no diese las gracias a los seguidores fieles, discontinuos o esporádicos (algunos se manifiestan en los comentarios, otros a través de las redes sociales, otros utilizando el correo electrónico y muchos más con el silencio). Del mismo modo que algunos quisieron poner piedras en el camino, han sido muchos más los que lo allanaron con sus ánimos. A los más fieles y que me siguen preguntando, les digo que Chipirón sigue viva. Me da tantos palos que prefiero mantener sus comentarios en silencio, pero reconozco que tiene algunos partidarios a los que les repartiré próximamente alguna dosis de su dulce veneno.

He retraso tanto esta entrada que casi la hago coincidir con los cinco años de vida de Verba volant, pero me he desperezado y me comprometo a celebrar, también, este quinto cumpleaños. Gracias a todos los que estáis ahí.

(Imagen de Julen Landa.)

Read More