— Verba volant

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2009 Yearly archive

URB 021-1

Hoy en mi ciudad se cortaba el frío en rodajas. Hace poco cayó nieve en cantidades bellas hasta que se convirtió en hirsutos torreznos de hielo, abocados a la fealdad de torso renegrido. La quietud de los amaneceres o las noches serenas siempre me han recordado a la muerte. Caminas solo hacia un punto indefinido en un silencio premonitorio de lo que serán las últimas palabras. La constancia del destino nos hace detenernos a cada paso, contemplando a nuestro alrededor un entorno dotado de hermosura. Alguien habla, a lo lejos. Dadme una sílaba de apoyo y transformaré el mundo.

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Sábado

Hoy voy a callarme porque es sábado. Voy a dejar para mañana lo que tengo que decir, que los domingos por la tarde son más tristes y mucho más tristes que serán cuando ya no estés junto a mí. Voy a callarme, que hoy es fin de semana y el domingo por la mañana, cuando no hay despertador; que el domingo por la mañana, cuando te levantes despistada y con resaca, voy a mirar tu cara linda a ver si tengo valor. Ese valor que a uno le falta cuando tomas decisiones, que te hace temblar las piernas, decisiones que te encogen el corazón. Pero, en esta vida, resulta inevitable: coger un camino y otro; elegir, qué es lo mejor. Que salgan las cosas de mi cuerpo que hace tiempo llevo dentro, aun sin saber si será cierto, ni certero, ni mejor. Que no sé sabe si es preferible alargar este momento aunque su tiempo hace tiempo que pasó. Voy a callarme porque es sábado. Voy a dejar para mañana lo que tengo que decir.

(Versión prosificada y muy poco modificada de “Sábado”, canción de El puchero del hortelano compuesta y escrita por Antonio Arco. En la web del grupo están sus trabajos listos para descargar y disfrutar. Ojalá hagan mil y un conciertos como el que pudimos escuchar en Burgos. La he puesto porque me ha dado la gana… y porque es sábado.)

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Muestrario urbano

De qué me sirve el atronar de los ángeles. De qué la palabra musitada al oído. De qué los utensilios de las historias, herramientas de una vida sin porqué.  De qué los retazos de colores esparcidos por los muros, cuando la elección ya no es posible. A la maquinaria del universo se le embotaron tres ruedas dentadas y la cosa no marcha sino en sobresaltos cíclicos de optimismo. Pero qué hermosos eran los días de infancia, recoletos en la densidad de una memoria afortunada y sin contrastar. La inmortalidad se cobija en cada hueco de luz que entra por las rendijas de las persianas del beso, con los estigmas de unos incisivos que hieren a dentelladas. De qué nos sirve no conocer los destinos de nuestras mapas. De qué la brújula sin aguja no imantada. De qué estar en la higuera, en Babia, en la inopia. De qué el abandono pertinaz de las costumbres, de la rutina de toda la vida segmentada en los hábitos matutinos. De qué gritar en silencio por la luna tejida con la materia de las nubes.

La vida, muestrario breve. Plagado de elecciones y deserciones. La vida. Muestrario breve.

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Antes de que turrón aderece nuestros michelines espolvoreando almendras. Antes de que el espumoso (champán, cava o sidra “El Gaitero”) se nos suba a la cabeza bajando en el trampolín de la garganta. Antes de que empecemos con la chorrada de todos los años. Antes de que nuestros labios se curven con un rictus similar al Joker. Antes de que todos dejemos de ser primos para ser hermanos. Antes de que anclemos la tarjeta en las ranuras de los centros comerciales y tiendas de postín. Antes de que la luz deje de ser natural para desarrollarse en artificio. Antes de que el mundo se vaya a tomar por el saco. Antes de que todo sea demasiado y que nada sea suficiente…

FELIZ NAVIDEZ

De parte del Sr. K y de un servidor (para los que no conocen al Sr. K, he de decirles que tiene un blog que si no lo conocen ustedes no sé que coño hacen que no cliquean hacia allá y dejan a estas palabras que vuelen hacia ninguna parte. Y, entre otras cosas, no se pierdan sus autorretretes.)

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banderas

Llevaba unos días demasiado fantasioso, así que hoy voy a volver a la realidad, aunque sólo sea un poquito. Iba a empezar esta entrada diciendo que hablaría de deporte y no de política. Iba a decir que estos dos conceptos no tienen por qué ir de la mano. Pero, después de pensármelo dos veces, no me cabe otra que resignarme a que todo, en el fondo, es política o, por lo menos, puede hacerse y volverse político. Así que allá voy.

Vaya por delante que no soy futbolero. Es más, el fútbol me la pela. Soy un enamorado de todos los deportes menos uno, que es el de los veintidós tipos pateando un balón. Si medio mundo gira en torno a esa pelota, seré yo el equivocado, así que me resigno y me la envaino: ser español, varón, de mediana edad y no un aficionado al fútbol parece un contrasentido. Como no me gusta el fútbol, que no me achaque nadie de interés o de parcialidad. Hoy jugaba el Barça el Mundialito (juro que no sé muy bien qué es ni entre qué equipos se juega). Me daría exactamente igual si se tratase del otro equipo “emblemático”, el Madrid. Compruebo con pesar que, en un campeonato internacional, haya personas que deseen que pierda el Barça, del mismo modo que habría otros muchos que saltarían si perdiese el Madrid. Más allá del forofo ensimismado, sospecho que el asunto traspasa lo deportivo para convertirse en otra cosa. Esa cosa, probablemente, sea la aplicación de alguno de los principios más conocidos del código de Hammurabi.

Sinceramente, a mí no me vale que porque haya alguien que quiera que pierda tu equipo tengas que desear tú lo mismo para el revés. Además, creo que el asunto escapa, como es evidente, a lo deportivo para llegar hasta otras esferas, mucho más generales y, por lo tanto, mucho más preocupantes. Me suena esto del antimadridismo catalán a tufo nacionalista y esto de querer que pierda el Barça huele a orgullo de la patria Hispana. Y sí, probablemente ambas cosas sean ciertas, pero creo que, en el deseo de que pierda el contrario anida una actitud infantil. Me explico, partiendo de los detractores del Barça: estos tipos no se sienten españoles y encima nos queman la bandera y la foto de los Reyes, quieren un Estatut que les dé todo y no les comprometa a nada: que se vayan a la mierda. Por lo tanto, no estoy de acuerdo, me enfado y que les den morcilla (o butifarra) y no compro cava sino un espumoso de la Ribera del Duero y el fuet que se lo metan por donde les quepa. Esa actitud no hace más que viciar las cosas y dar más razones a los que pensamos que no las tienen. Si queremos que pierda el Barça, estamos excluyéndolos, es decir, estamos dando la razón a aquello que negamos. Diría exactamente lo mismo y en el mismo orden si tuviese que hablar y defender al madridismo.

No me meto en lo que son o en lo que sienten algunos. No me meto en las salidas de tono de un presidente de un club con ansias de efervescencia política. Sean lo que sean y estén donde estén, yo también siento a los catalanes como algo mío. Me da por saco que ese “mío” sea español o lo que sea. Si me siento europeo, con más razón me siento con elementos comunes a Cataluña. Y, por supuesto, también a Galicia y al País Vasco.

Como apuntaba, estas cosas son politiqueos con un trasfondo etnocentrista. Soy burgalés y he visto amamantar la desconfianza hacia lo vallisoletano. Sin embargo, he estudiado allí y nunca he visto ningún tipo de animadversión hacia mí como burgalés. Es más, fui tratado a cuerpo de rey y he dejado en esa santa tierra muchos amigos. Soy burgalés y he visto adoctrinar hasta la saciedad con consignas antivascas. Sin embargo, he pasado verano tras verano en San Sebastían sintiéndome como en mi casa. Soy burgalés y español, y he ido a la demonizada Francia encontrándome siempre extraordinariamente bien acogido.

Me temo que esto de los enfrentamientos, negaciones y negatividades, al final, no hacen sino volverse contra uno mismo. Y si somos burgaleses de pro, de esos de “Tierra sagrada donde yo nací…”, castellanos de bandera, españoles de postín, quizá consiguiésemos mucho más en esta vida afrontando con valentía nuestros retos de forma positiva que en contra de algunos, que no tienen que ser nuestros rivales. Seremos mejores ciudadanos y mejores personas estando a favor de las cosas que buscando el fracaso de lo que no tomamos como nuestro y, sin embargo, despreciamos. Por lo que a mí respecta, desearé que ganen el Barça y el Madrid en las competiciones internacionales, seguiré tomando cava (aunque reconozco mi devoción por el champán francés), me iré de pintxos por Donosti y me bañaré hasta que me muera en Ondarreta y moriré, al menos de corazón, en París, ciudad donde siempre han dormido todos mis sueños.

(Imagen de c-reel.com)

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life

Y sí, el corazón a la deriva no llega a ninguna parte. Ya quisiera yo festejar los días de fiesta, los días de guardar de las tripas del duro invierno. Independiente, ecuánime y preciso son tres adjetivos son aserciones y deserciones, sumados todos y divididos entre tres. Me parece duro abrir camino por los diques de cristal, rodeado de mierda por todas partes. Nadie está libre de culpa. Nada se salva de los aguaceros y las avalanchas del frío, de los vaivenes de los cuerpos, de la tristeza de los rostros impasibles.

Tener miedo a la luz es mucho peor que el miedo a ver colores titubeantes justo en el momento de bajar los párpados. ¿Es tan difícil sentirse entendido, acogido? ¿Es tan difícil sentarse, como las cajeras del supermercado, intentando repasar la lista de los enseres comprados a lo largo de una vida? Nos adormecemos en el titubeo, en el toma y daca, en el por aquí y por acá. Mientras, el universo todo pasa por nuestros minutos como los fotogramas de una película de las buenas, de esas de finales tristes, de portazo y se acabó lo que se daba. Los años van pasando tan despacio como para comprobar, falsilla en mano, todos nuestros errores; tan deprisa como para no poder impedir el retorno de carro y el golpeteo a la manivela que da a nuestras ideas el espaciado simple, espacio y medio, doble espacio. ¿Llegará algún día la armonía a la punta de los pies, al colmo de las manos?

Lo importante es buscar el ritmo, pero cada vez es uno, distinto. Mayo es el mes del rock’n'roll; agosto es un mes de baladas mecidas, a veces, a ritmo de samba. Septiembre y octubre son el mes del blues. Diciembre es el mes del jazz de ritmo lento y plácido, como las gotas heladas de lluvia convertida en otra cosa. Febrero es blues, tan azul y triste como los recovecos de la nada. El paraíso, por último, es una letra carente de mayúsculas, sotejada en el marasmo de los besos quebrados, de los labios de papel que besan con calma, conscientes de que el deseo se cose con papel de plata.

(Imagen de Kol.)

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adusto

Una presa en el saco de la ignominia, una huida hacia delante. La seriedad como arma y como escudo. El gesto adusto, la mirada angulosa y angulada. Un mohín de reprobación en el semblante. Aquí nadie se ríe, que la vida es muy seria y no está el horno para bollos. Y lo digo yo, que soy el que manda. Las cosas no son lo que parecen, todo es grave siendo ingrávido; todo es volátil, pero pesa, como las consecuencias de nuestros actos. Por eso, él se decidió a no tolerar la risa, ni la broma, ni el labio curvado fácil. Padecía gelotofobia y no lo sabía. Por si acaso.

(Entrada dedicada a todos los intolerantes y poco sonrientes con los que nos toca vivir. Imagen de ViaMoi.)

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translation

Quiero traducir una novela de amor, sea cual sea el idioma en el que esté escrita. Quiero trasladar los sentimientos, que son poco trasladables, o otra lengua, que lo es –quizá– todavía menos. Aunque en algunos idiomas me las apañaría mejor, prefiero elegir una lengua recóndita y casi inaccesible. Mi instrumento será el traductor de Google y el procedimiento será el siguiente: cogeré un texto escrito, por ejemplo, en bielorruso y lo traduciré automáticamente al francés. Del francés lo transvasaré al alemán. Del alemán, al estonio. Del estonio, al italiano. Del italiano,  al indonesio. Del indonesio, al tagalo. Y por último, del tagalo al español. Asumiré el resultado como propio. Y luego haré con ello lo que me dé la gana. Buscaré un ilustrador que me haga unos dibujitos horteras y lo mandaré a una editorial reconocida firmada bajo un sinónimo (Carla Agustí). Repartiré beneficios.

Como muestra, una pequeña prueba, tomando un texto español para devolverlo una vez pasadas todas las fases con la adaptación pertinente:

Ella acercó sus labios titubeantes, deseosa de la unión imperecedera. Yo la atraje hacia mi cuerpo en un abrazo tan fuerte que los dos hubiésemos deseado que llegase siempre. Era lo más parecido a tener el paraíso dentro de nuestros corazones.

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  2. Sur ses lèvres en hésitant, voulant une alliance forte. J’ai tiré son corps dans mes bras si fort que les deux jamais venu nous le voudrions. Il a été le plus proche de paradis, les cœurs.
  3. Auf den Lippen zögernd, wollen ein starkes Bündnis. Ich zog ihren Körper in meinen Armen so stark, dass die beiden nie wieder den Weg. Es war das am nächsten zum Paradies Herzen.
  4. Hesitatingly tema huulte ja tugev liit. I tõmmatakse tema keha minu käsi nii tugev, et kaks kunagi oma teed. See oli kõige lähemal südames paradiis.
  5. Esitante labbra e una forte alleanza. Ho tirato il suo corpo tra le mie braccia così forte che i due non è mai la sua strada. E ‘stato il più vicino al cuore del paradiso.
  6. Ragu-ragu bibir dan aliansi yang kuat. Aku menarik tubuhnya ke dalam pelukanku begitu kuat bahwa kedua tidak pernah jalan. It ‘adalah jantung terdekat dengan surga.
  7. Nag-aalangan labi at isang malakas na alyansa. Hinila ko siya sa aking armas kaya malakas na ang dalawang mga hindi daan. Ito ‘ay ang pinakamalapit sa puso ng paraiso.
  8. Vacilante y sigue siendo una alianza sólida. Me tiró de él en mis brazos tan fuerte que los dos de ninguna manera. Es es el más cercano al corazón del paraíso.

Por último, haré algo como esto:

Nuestra relación era vacilante, pero el paso de todas las noches la convertía en alianza sólida, imperecedera. Me acercó hacia sus brazos tan fuerte que los dos pensamos que la relación sería tan evanescente que no podría funcionar de ninguna manera. Nuestros cuerpos enlazados eran lo más parecido a la eternidad.

Espero que los millones que ganen sean argumento consistente para mi originalidad.

(Esta entrada es un homenaje a muchas de las novelas traducidas en español Al menos, esa pinta tienen. La imagen es de Tochis.)


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cahiers

Querido diario:

Hace mucho tiempo que no te escribía con el corazón limpio. Reconozco que tus páginas, últimamente, encerraban sólo lo que soy y no lo que siento. Que tus páginas encerraban los sucesos propios de la derrota, pero nunca una victoria en el ánimo ni en los quicios de cada renglón. Te había convertido en algo que no quieres ser, porque los diarios, como las personas, tienen su vida en la página entera y no sólo en el pie. El sol del crepúsculo, bien lo sabes, daña los ojos con más intensidad, a veces, que su luz de mediodía. Todo está tranquilo por acá dentro. La taquicardia pasó hace un momento. Cuando llegan los minutos fatales, opto por aguantar la respiración y dosificar la exhalación. La locura, como las ondas de un mar encrespado, tiene su encanto vista desde lejos.

Empujo esta noche las líneas a ritmo de swing. Como doctores tiene la Iglesia, el swing tiene sultanes que dosifican la belleza en perfectos acordes de guitarra. La cama está fría. La funda nórdica no ha retenido suficiente calor humano. Pero las ventajas de escribirte en un ordenador portátil es que las letras se van contagiando con el calor de tu procesador, enmarcado en un color blanco adornado de manzanas. La distorsión, la tensión y el tesón son palabras agudas, pero me serenan más las palabras llanas. Las esdrújulas no me gustan. Parece que siempre restan algo a lo que decimos. Y los finales son de por sí bastante tristes como para que una tilde los anuncie con esa atrevida antelación.

Te escribo hoy, querido diario, porque esta noche sentía la necesidad de juntar palabras. La noche avanza por los cuerpos hasta traspasarlos con una temperatura cercana a cero que, pese a ser centígrado, parece más absoluto que el otro, ese que estudié y que ya no aplico. Te recuerdo que puedes olvidar todo lo que he escrito, que puedes omitir a tu antojo todos los dislates manchados de negro. Las cabezas se van calentando de tanto pensar y alejan a todo lo que hay debajo de sus alegrías.

Por hoy, me despido. Cierra hoy las tapas de cartón cibernético. Es tarde ya, aunque sobrevivan las farolas.

P. D.: sueña con los angelitos, pero no los cuentes como si se tratase de ovejas. Recuerda que ellos –y sólo ellos– son inefables en este mundo de sombras.

(Imagen de Paul Worthington)

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teacher

Se ha hablado en Verba volant sobre la enseñanza, a veces con criterios reformistas; casi siempre con matices positivos. Naturalmente, el que uno lleve veinte años ganándose la vida en el oficio tiene algo que ver con esa visión positiva. La profesión es, vacaciones aparte, muy dura en muchos aspectos y es preciso reivindicar las muchas cosas positivas del oficio de enseñar ante la sociedad. Pero hoy, como es viernes, me ha dado la vena canalla y voy a hablar desde otra óptica menos complaciente. Como suele ocurrir últimamente, me ha venido la inspiración gracias a la magistral Californication (tercera temporada, capítulo 11). en un momento de la serie, oímos a uno de los personajes: “Eso es lo bonito de la enseñanza. Ninguno de nosotros puede funcionar en el mundo real, por eso acabamos aquí”. Con los debidos matices, tiene más razón que un santo.

Los profesores somos, en muchas ocasiones, unos entes extraños y escurridizos y no tenemos bien engrasados los mecanismos de funcionamiento en el mundo real. Contamos con varios defectos graves. Por ejemplo, siempre nos sentimos superiores en todo a nuestros alumnos, aunque es la inteligencia uno de nuestros aspectos más queridos. Nos creemos más listos que nuestros alumnos y nos gusta aspirar esa falsa superioridad en cada momento. Nos gusta escucharnos. En ocasiones, nos gusta más demostrar que sabemos mucho a conseguir que nuestros alumnos aprendan. Conozco profesores cuyos alumnos, durante años, han tenido tantas notas ínfimas como aprobados: jamás se han parado en repensar su metodología. Alegan falta de trabajo por parte de sus alumnos (lo cual podría ser cierto), pero si a ellos les hubieran aplicado ese nivel de exigencia a esos años seguirían repitiendo bachillerato. Por regla general, somos malos compañeros. No aplicamos en nosotros mismos los valores que queremos inculcar a los demás. Funcionamos bien, mal o regular en las clases pero somos muy poco hábiles, eficaces y constructivos en el trabajo colectivo. Preferimos los alumnos-mueble a los alumnos talentosos pero diferentes. Alabamos más la sumisión mediocre que un talento obtuso. Atendemos poco a las necesidades de los alumnos excelentes y, sin que sea una paradoja, despreciamos el trabajo con los que más lo necesitan. Nos gusta el cotilleo, el cuchicheo y la delación para salvar el culo cuando las cosas vienen mal dadas. Nos formamos poco. Hay muchos profesores que piensan que la titulación y las enseñanzas que tuvimos en tiempos sumamente pretéritos nos avala para un conocimiento universal o perpetuo. Nos apuntamos a los cursillos de formación (que, la verdad sea dicha, suelen ser muy malos) sólo si nos obligan o si dan puntos, pero somos renuentes a aceptar que nos queda mucho por saber y que hay que actualizarse desde el punto de vista del conocimiento, pero también desde el punto de vista pedagógico. Somos cabezotas y persistimos en el error. Pensamos con frecuencia que nuestras asignaturas son más importantes que las demás. Por supuesto, también pensamos que las impartimos mejor que el resto de los mortales. Y, claro está, nos creemos dueños y señores de nuestros exiguos feudos. Por último, como al resto de los mortales, nos gusta el poder. Algunos pasean su cargo (o lo han paseado) como si hubieran ganado la playa de Omaha en el desembarco de Normandía.

Todo lo dicho, en mayor o menor medida, con un rasero o con otro, es aplicable a todos los niveles de la enseñanza. Y eso es lo grave: educamos para vivir en mundo más allá del nuestro y lo hacemos sentados en la poltrona de nuestro minúsculo e insignificante mundo particular. Así les va. Así nos va.

(Imagen de Katie Walbacher)

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