Por Raúl, hace 4 meses y 27 días

Los neuróticos, con nombres y apellidos

Spirits

Dos neuróticas coincidencias son el fundamento de esta neurótica entrada. La primera, el reflejo de nuestras obsesiones obsesivas (y sus nefastas consecuencias para la salud del personal de bibliotecas) en ese gran blog llamado Burgostecarios. ¡Qué grandes son sus «vicios» y qué grandes son sus virtudes! La segunda, ese deambular errático por la red que nos caracteriza a los neuróticos internautas irredentos: no me preguntéis el cómo (probablemente, este ratón caprichoso que se me escapa de las manos) y, mucho menos el porqué, pero he dado con una organización totalmente desconocida para mí: neuróticos anónimos (en inglés, el término es menos duro: emotions anonymous), organización fundada por Grover Boydston. Aún a riego de trivializar (y con toda la seriedad que acarrea tomarse las cosas con sentido del humor), me apasiona ver en las películas y series televisivas las reuniones de sus hermanos mayores (Alcohólicos Anónimos, ahora extendida a Adictos Anónimos):

Bob.- Hola, soy Bob y soy adicto.

Todos.- ¡Hola, Bob!

Bob.- Llevo seis días y medio sin meterme nada (a excepción de las manos en el bolsillo). Y tengo una paz interior de la que carecía en mi vida.

Todos.- ¡Ánimo, Bob!

Bob.- Bien, sólo quería decir esto en voz alta, sentirme fuerte y acompañado en mi firmeza interior y en mis momentos de flaqueza.

(Una vez acabada la reunión)

Gina.- Hola, Bob. Me llamo Gina.

Bob.- Hola, Gina. Me llamo Bob. (Sonriendo) Qué tontería, ya sabes mi nombre.
Gina.- No pasa nada, Bob. Es normal que estés nervioso. A mí me pasó también la primera vez. Soy adicta desde hace cinco años. Y estas reuniones me han hecho recuperar la confianza en mí misma. ¿Te importaría acompañarme a mi casa dando un paseo, Bob?

Bob.- Claro, Gina. Me gusta pasear bajo la lluvia.

También, como los A.A, los N.A siguen un programa de recuperación basado en doce pasos iniciales y doce costumbres o tradiciones. Como soy un neurótico, busco siempre ansiosamente un test para saber si lo soy. Y, como lo soy, siempre encuentro uno que me dice lo que quiero. Sí, soy muy sensible (¡ay!); sí, me gusta compadecerme de mí mismo, de mis cuitas y congojas (¡tengo tantos problemas!); sí, me intento justificar (¡tendrías que sufrir lo que yo sufro!); padezco mucha ansiedad; creo que todo el mundo me mira fijamente (¡tú también me observas demasiado, visitante compulsivo de mi blog!); exagero un montón mis pequeños problemas (básicamente porque no son pequeños: son grandes); estoy muy triste o muy contento (¿qué pasa, no puedo?); no sufro ningún desorden sexual (que no sea un obstinado y pertinaz pensamiento marrano); soy tan ordenado que mantengo un desorden de libro, y tan sumamente ordenado que me tengo que saltar mi propio orden para no volverme loco (he llegado a cronometrar y armonizar el calentamiento de la leche, las cucharadas de cola-cao y la salida y unte de tostadas para conseguir un mundo perfecto); reconozco haber mirado debajo de la cama para ver si estaba escondido alguien (para mi decepción, no había nadie). Y me lavo los dientes cronometrando, marcha atrás, hasta llegar al 00:00. Ah, y tardo media hora en dormir porque el pijama siempre me hace arrugas que me molestan (y cuando arreglo una, se me tuerce otra, lo que convierte mi hora de dormir en algo parecido al baile de San Vito) Etcétera. Etcétera.Etcétera.

Pero me temo que seré un neurótico obsesivo frustrado. Porque tengo nombre y apellidos. Como todo el mundo. Bob y Gina incluidos. Y lo llevarán marcado en la piel, como sus neuras, toda la puñetera vida.

Raúl.- Soy Bob y soy neurótico.

Todos.- ¡Hola, Bob!

(Y yo les miento. Pero me hace mucha gracia. Seguro que a ellos, ni pizca. Por eso me persiguen)

(Imagen de nictapolen)

Por Raúl, hace 6 meses y 24 días

Entre heridas y vahos

Nieb Bur

 Le gustaba erguirse, supurando las heridas, contra la niebla, con el sol aupando en su favor las briznas heladas. Se alza sobre sí misma, contra un cielo adverso y un destino harto de vaivenes nefandos. Y crecerá con el brío y el ímpetu del viento, el vaho sin contraste de un espejo en el que ya no refleja.

Por Raúl, hace 9 meses y 11 días

Ansiedad

Panic1

 

Siento hoy una sensación extraña,
un tic furioso en el párpado izquierdo,
un aletear de mi corazón, algo desbocado,
descompuesto el gesto.

 

El aire me falta y no me falta,
la cabeza me oscila por dentro,
me levanto de súbito,
me niego a morir sin reto.

 

Pongo una mano en el pecho,
la otra en la frente,
suspiro y respiro,
me inclino y me siento.

 

Me tumbo en un sillón.
Tengo calor, y abro la ventana.
En posición, espero el frío y la cierro.

 

Respiro ocho o nueve veces, lento,
muy lento: es un consejo médico.
Me engaño a mí mismo, y de nuevo me siento.

 

Finjo ver la tele,
compruebo mi visión leyendo,
decido ir a la cama,
pero no duermo.

 

Me resisto a dormir por si durmiendo
mi cuerpo me engaña y
no despierto.

 

Al fin llega el mañana,
y aquí estoy de nuevo,
ansioso de que la ansiedad
no llegue.
Eso espero.

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