— Verba volant

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Burlas

URB 048

Contaré muy brevemente alguna historia en la que los blogs tienen el germen del genio creador. Es una serie que tiene la voluntad de no seguir, a no ser que la curiosidad del respetable no se vea saciada con una primera entrega.

Se dice de Mateo Sáez de Granda que trabajaba de auxiliar en una bibloteca de su municipio, Foz (Lugo). Se inició en la escritura con un blog colectivo en el que, de manera muy amena, se trataban cosas relacionadas con los libros y las bibliotecas. Mateo, que era el encargado de las reflexiones más sesudas (con ese), fue incorporando a sus prolijas descripciones y narraciones elementos entresacados exclusivamente de su magín. En una ocasión, llegó a la osadía de glosar de forma pormenorizada un título que jamás existió, lo que provocó un exceso de trabajo a sus compañeros a él mismo, con lectores ávidos de un argumento policíaco que él mismo había ideado y que no se encontraba, hasta entonces, escrito en ninguna parte. Gracias a esta idea, surgió el embrión de su primera novela, El asesino del bocadillo de chopped, al que la crítica saludó como un auténtico descubrimiento, ya que realizaba la simbiosis perfecta entre la novela policíaca de corte selecto con la novela negra de tintes más neorrealistas.

Pedro Menéndez Sadornil fue un escritor parco en palabras. Se afanaba en el mundo de las letras sin escribir ni leer. Mantenía a duras penas un par de blos de materia diversa y dispersa. En uno de ellos, empezó aplicándose al noble oficio del corta-pega para desarrollar, posteriormente, un estilo más fluido enlazando constantemente a la Wikipedia. Entre post y post, fue dando muestras de veta creativa en otro blog, más personal. Gusta de sacarse fotos autobiográficas con el peso de la cabeza apoyada en una mano, en actitud de reflexión suprema. La contemplación ensimismada de una de esas fotos le aportó la inspiración que le faltaba: se pasó al mundo de la lírica con un poemario celestial de tema mitológico. Hablaba de traiciones y venganzas, enmarcado todo ello en un trasunto medieval, con bestiario incluido. Sus enemigos no le perdonan su genialidad, achacándole una propensión, quizá excesiva, hacia un narcisismo caprichoso. Sus amigos, envidiosos de su talento, ensalzan cada estrofa leída con un “olé mi niño” que a él le deja muy contento.

Simoná Orive se inventaba historias desde pequeña. La más sonada y famosa era la de estar muy malita, que corroboraba con un termómetro aproximado a la fuente de luz más cercana. Entre delirio y lamento fingido, se leyó en la cama todos los libros de Tintín, Astérix y Mafalda. Aturdida por la ficción, decidió incorporarla a sus escritos y a su vida de forma permanente. Su fortuna literaria fue inversamente proporcional a los éxitos profesionales, dado que utilizaba en estos elementos puramente ficcionales mientras que dedicaba todo su esfuerzo en la veracidad de aquellos. De esta manera, surgió su libro En busca de la respuesta al trastorno mental, que nació con una voluntad meramente descriptiva y que, alcanzó, sin embargo, una fama más que notable entre las novelas de corte psicológico que adaptaban el realismo del XIX a nuestra atropellada vida moderna.

Rafael Fontibre de Urdaneta era, según todos aquellos que lo conocieron, un notas. Empezó a escribir un blog para contar lo triste que estaba y acabó escribiendo sobre lo divino y sobre lo humano. No tenía metas ni fronteras. A golpe de enlaces caprichosos, se metía en cosas que ignoraba y metía el cazo frecuentemente. De hecho, esas confusiones y ese estilo entrecortado e indifinido le granjeó un enorme éxito de lectores, que creían entender aquello que él no decía. Animado por la confusión, empezó a escribir más de sus sentimientos y menos de lo externo. Ente otras cosas, porque su ego pensaba tanto en sí mismo que llegó a olvidarse de los demás. Como la escritura es cosa muy del yo, esa elasticidad para contar emociones le proporcionó el título: Fragmentos para una teoría del caos. Su virtud partió de un defecto: él quería escribir con una novela con unos personajes definidos que fuesen relacionándose (es decir, intentó copiar a aquellos novelistas corales de los años cuarenta), pero su parca imaginación le llevó a escribir, cada vez, fragmentos con un protagonista diferente. Al final, un famoso crítico de los de suplemento semanal saludó el libro como “una ordenación caótica del Cosmos”. Preguntado el autor por sus intenciones, se dedicó a contar fotos en una serie farragosa de desaciertos en blanco y negro y en colorines.

Ruperto Caparrós era un viajero empedernido. Se pasaba todo el día dando la vuelta a sus mundos locales e internacionales. Al menos, eso es lo quedó reflejado en su blog, al que título Libro de brújulas y azares. En el fondo y en secreto, iba sacando ideas de sus amigos, armados –ellos sí– de billetera abundante. Con esas notas, llegó a dar la vuelta al mundo tres veces y por lugares no coincidentes. Cada entrada de su blog era venerada y corroborada por los viajeros intrépidos de medio mundo. Tuvo que dar un paso de gigante al publicar una versión multilingüe en el que cada entrada se traducía a diez lenguas comunitarias, para lo que tuvo que pedir ayuda a sus lectores, que pasaron a realizar versiones diferentes de la misma historia, cada uno con su propio estilo.

(Espero que alguno de mis lectores de vea retratado, contando con que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. ;) )

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Cola Cao vs. Nesquik

Sí amigos, esta es una entrada sobre las concepciones del mundo. Teodicea aplicada. Creía que no era maniqueo, pero me doy cuenta de que, desde hace años, acudo entre los que me aguantan a un tópico recurrente: el Cola Cao vs. el Nesquik. Es el combate de la lucha misma, diría Heráclito. La vida no se decide en las grandes frases ni se explica con las cosas demasiado trascendentes: algunos pequeños detalles nos definen. Lo que acompaña a nuestra leche de cada día es, para mí, la más definitiva de las definiciones. No entraré hoy en los cafeteros a taza completa o partida, ni en los adictos a las hierbas (en infusión, se entiende), ni a los que optan por la leche sola. Hoy me refiero al mundo que tiene un disco duro en dos particiones: la de los partidarios del Cola Cao y la de los fanáticos del Nesquik. Su opción les define como seres humanos: los del Nesquik aman la vida fácil, dado que se conforman con la rapidez de la disolución en detrimento del sabor suculento; los del Cola Cao, en cambio, son personas pacientes, saben que la paciencia es recompensada porque siempre es mejor ir vertiendo poco a poco la leche para que la disolución sea perfecta y, además, son perfectamente conscientes de que, más allá, les espera el reino del sabor infinito.

Ni que decir tiene que los amantes del Nesquik no reconocen que lo que afirmo es cierto. Vosotros ya sabéis de qué cacao cojeo yo.

Y ojo, que el mundo es más complicado de lo que parece. Basta ver una taza de desayuno por la mañana y comprobar si se mojan las galletas una a una o de dos en dos (eso ya pertenece al universo de otra entrada). Mis condolencias a los nesquikeros.

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SuBida - El libro de Nacho Vidal

Si alguien escribiese la biografía del gran actor (y filósofo) español, la podría titular así. [Esta entrada es fruto de una suculenta epifanía surgida viendo Sálvame, esa gran fuerte de inspiración para el Arte.]

(La portada de esta biografía se ha realizado a partir de una fotografía de FittingRoom.)

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marioneta

Es viernes y me he cansado de pensar. Igual alguno que haya entrado en el blog últimamente va a pensar que soy un tipo sesudo, que le da vueltas a la boina por dentro de la cabeza. Y no, por ahí no paso. Uno tiene su reputación de superficial, de viva-la-virgen, de bon vivant ganada con los pulsos echados a la amargura. Por ejemplo, niego rotundamente que, de vez en cuando, escuche canciones de amor. No firmaré ante notario que a veces no me supuran las heridas. Que los nervios me traicionan. Que sufro sin tener almorranas (de momento). En ningún momento podrán achacarme ser un blando o estar con el ánimo por los suelos. Tengo la autoestima alta, el orgullo por los cielos. Nadie me tose sin consecuencias. Soy un tipo especial donde los haya (donde los hallan). Pienso milimétricamente cada acción, cada gesto. Por eso, no podrán decirme que son contradictorio, que tengo ascensos con caídas pronunciadas, sin ser Bipolar (je: ;) ). Que los acordes de la vida se convierten en dodecafonía dura. Que la carne es débil. Que te encuentras a gente por la calle mirando a Cuenca para no dirigirte la palabra y dirías “Si eres más gilipollas no naces, hijoputa”. Por ello, hoy he dejado de investigar los medios para contemplar el fin. Porque no me gusta ser una marioneta en manos de todos los titiriteros de este mundo, demasiado estrecho. Negaré que soy contradictorio, señor juez. Y, además, no tengo bolígrafo.

(Imagen de Rob MacKaughan)

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primitiva

La vida está llena de azares. Estamos bajo el arbitrio del no se sabe qué, no se sabe cuándo y no se sabe cómo. Si no, que se lo digan al peatón que falleció víctima de la caída de una mujer de cincuenta años cuando ésta decidió quitarse la vida. Todo está cortado bajo los patrones de la fortuna, que convierten a una suicida en homicida. Cuando uno está desesperado, conviene no subirse a la ventana, pero la falta de educación ha llegado a unos límites tan insolidarios que los amigos del final tenebroso no se asoman un poco para ver pasar a alguien. También puede que no sea una cuestión de falta de modales, sino de incultura. Quizás le quedan lejos las clases de física en la que se habla de cuerpos y de aceleraciones y de pesos y de distancias, por no hablar del rozamiento, a veces despreciable pero que, si roza mucho, cercena vidas.

De ahí pasaríamos al análisis de probabilidades. En principio, la estadística de suicidios efectivos va en contra de las mujeres, que tienen más probabilidades de anunciar que se quitan la vida que de intentarlo con efectividad y lograrlo. De entre todas las cosas que la vida nos puede arrojar encima, se encuentran las cagadas de aves de distintas especies, las migas del mantel ondeado al viento, las chispillas del agua filtrada de la cerámica de las plantas de las terrazas. Incluso una sábana oreada puede arrojar, mal que nos pese, un escuchimizado profiláctico, si nos ponemos en lo peor. No nos engañemos: ya no estamos en épocas del “agua va”, ni tampoco de tirar los muebles y –menos aún– de echar la casa por la ventana. Por lo tanto, no es difícil deducir que, dado que podemos morir por el que quiere quitarse la vida, también deberíamos intentar que la suerte caiga de nuestro lado. O mejor, que caiga un poco más lejos.

De momento, yo me voy a echar la primitiva, pero estaré muy atento a las alturas. Nunca llueve a gusto de todos.

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Me parto...

Me enteré ayer y todavía me parto, cuando El País titulaba: “El Guardian enseña a gesticular como un español”. La verdad es que, visitando el periódico inglés, las cosas son menos tronchantes y un poco más dignas de consideración. El diario  dedica un apartado de su web a cursos de idiomas para viajes que, vistos en su conjunto, son menos risibles y más que útiles, supongo.

Pero no he podido evitar “partirme” cuando me he parado a comtemplar la gesticulación española según el Guardian. Vaya por delante que soy un obsesivo estudioso de la comunicación no verbal y que Fernando Poyatos es para mí el sumo pontífice de esta (inter)disciplina y que no me tomo, en general, los asuntos kinésicos a broma. Pero me ha hecho mucha gracia la selección de esos gestos y su significado: “Está lleno de gente”, “Estoy a dos velas”, “Qué huevón/a”, “Cara dura”, “Me parto de risa”, “Estás loco”, “Hasta aquí (de harto”, “A comer”, “Se ha quedado así (de delgado/a)”, “Mucho”, “Te voy a dar”. Si Wittgenstein decía que los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo, no quiero ni pensar cuáles son los límites de nuestro hispánico lenguaje no verbal según los ingleses. De momento, me parto. Seguro que alguno de vosotros me da más ideas.

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penseur

¡Qué suerte, amigos! ¡Qué extraordinarias son las informaciones que me han llevado hasta Hunch! Por los periódicos y otras noticias que no vienen al caso, me enteré de que esta web facilitaba el trabajo a los indecisos para llevar a cabo nuestras sesudas reflexiones. Yo, que soy un tipo de esos de los que nada (y se ahoga) en un mar de dudas. Yo, que soy un tipo de esos al que le preguntas qué quiere hacer y nunca sabe lo que contestar (sólo sé protestar por lo que han decidido otros). Yo, que soy el típico tiparraco del que se esperan soluciones mil a los problemas del mundo, he encontrado la panacea, el acabose del empezose, la fórmula magistral para convertir las dudas en oro líquido.

El problema me ha venido después. Como el oro, sea sólido, líquido o hipotéticamente gaseoso compite con otros metales y alicatados varios en eso del relucir, al entrar en la web –cosa que recomiendo que hagáis, lectores todos– me he encontrado con que, para ayudarme a decidir, tenía que hacer un test iniciático-preparatorio para conocerme. Lo he hecho ocho veces porque siempre dudada sobre lo que tenía que contestar. Al final, hacía clic al buen tuntún, sin más ni más, a la buena de Dios… y luego los consejos me salían rana. Por ejemplo, la web me ha recomendado todas las cámaras del mercado a excepción de la que yo compré. Y no sé si fue mi culpa al decidir o del ayudante cibernético, que todavía no me conoce lo suficiente. O la culpa es del maestro armero, que es lo más socorrido y autosuficiente.

No sé, no sé. Yo que vosotros lo probaría, pero podéis decidir lo que deseéis. Sois libres (¡ja!)

(Imagen de Stalker)

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Tiburón

A veces me pongo triste: lo sé. Pero que conste que “me pongo triste”, pero no creo serlo. Como algunos, con buen criterio, me recrimináis esa tendencia a la melancolía, hago una entrada con “sonrisa”. La tenéis aquí, en esta bonita foto que ilustra la entrada. Una sonrisa mirando a la cámara, enseñando bien los dientes, como Cachuli en sus buenos tiempos con la Pantoja. Rodeados de amigos.

Me gustan los tiburones; siempre me han gustado (de hecho, creo que reanudaré una serie que tengo un poco abandona en el blog). Pero una noticia que he leído esta mañana me ha decepcionado, porque los pone a nuestro nivel humano: “Los tiburones blancos cazan como los psicópatas”. Yo creía que este ser malos hasta decir basta con selección, intención y sin propósito de enmienda. Todo psicópate trabaja utilizando un patrón. Y, donde hay patrón, no manda marinero.

(Mafi –sobre todo tú–, perdóname: sé que no te gustan los malos y se que que querías que pusiese una sonrisa en esta entrada. Lo he hecho: si le quitamos alguna cosilla, puede ser gracioso)

(Imagen de g-na)

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aleatorio

Hoy he cogido una hoja de cálculo y he hecho algo útil en a vida: inventarme a 27 personas que me caigan muy mal. Si hubiera puesto a 27 personas de carne y hueso a las que tengo ojeriza, seguramente se habrían enterado (hay espías por todas partes, delatores, compinches de fabulaciones personales y mundiales, ¿no?). Así que he cogido –decía– la hoja de cálculo, he asignado a cada letra del alfabeto un número (con un total de 27), he creado tres columnas para el nombre y los dos apellidos y ¡tatachán….! y la fórmula =ALEATORIO.ENTRE (1;27). De las tres iniciales me he sacado de la gorra, del magín o de no sé dónde los nombres que Dios me ha dado a entender.

Como tenía que idear también si las personas que me caían mal eran señores barbudos o lindas féminas, he atribuido a cada sexo un numerito (1=H; 2=M. Para los muy burros, diré que H=hombre y M=mujer, no vaya a ser que algunos lean H=hembra y M=macho y jodan la marrana y la arbitrariedad) y le he vuelto a dar a la formulita (esta vez, =ALEATORIO.ENTRE (1;2)). El azar ha provocado que me caigan peor los hombres que las mujeres, cosa que puede tender a ser cierta. Y también el destino combinatorio digital me ha jugado alguna mala pasada, como algún imprevisto con la letra ñ.

En fin, estos son los tiparracos (y tiparracas) que han sido elegidos son:

  1. Rosa García del Val
  2. Bernardo Osorio Lucientes
  3. Carla Gárate Larrea
  4. Raquel Zurera Quintana
  5. Vicente Valle Gutiérrez
  6. Itziar Delgado de la Iglesia
  7. Gemma Ruiz Espinosa
  8. Yago Wellington Fuentes
  9. Fernando Quirce Ortiz
  10. Sergio González Navarro
  11. Salvador Torres Ordóñez
  12. Ñancul Yariza Orbaneja
  13. Quintilina Díez del Val
  14. Alfonso Jurado Gil
  15. Ione Karrasco Sobrino
  16. Yon Santamaría Worster
  17. Narciso Quintás Aparcicio
  18. Justino López Vidal
  19. Quinto Esparza Ormaechea
  20. Gracia Pizarro Narváez
  21. Juncal Núñez Simancas
  22. Dulce González Torrero
  23. Yaiza Jiménez Huertas
  24. Wendy Torner Uruceta
  25. Federico Quiñones Zaleski
  26. Víctor Navarrete Larrañaga
  27. Quintiliana Xirgú Lorenzo

Total: que me ha costado un huevo de pato confeccionar mi particular lista negra. Igual alguno hasta existe, así que se ande con cuidado y que no se meta en mi camino.

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Broken WC

Esta entrada surge de las asociaciones absurdas que aparecen en nuestras cabezas, tan perjudicadas desde el golpe que nos dimos todos, un remoto día de nuestra infancia, al caernos de la bicicleta. Veía un partido de tenis. Que si la pelota para un lado, que si la pelota para el otro. Que si dejadita. Que si golpe de derecha, aunque sea un zurdo. Que si le hago correr al otro. Que si contrapié. Que si de revés. Que si banana shot. Que si me resbalo. ¡No! Oye, que ésa entrado. Que yo creo que no. Que baje el árbitro. Mejor el ojo de halcón.

… Y, de repente, se produjo una rotura de servicio (dijeron). Y me vino la idea. Apolillada, absurda e infantil. Indigna, sin lugar a dudas, de figurar en un blog serio. Y busqué la foto. Y pedí permiso. Y me surgieron las dudas. El water closet –léase inodoro, léase cagadero, lea lo que se lea apoltronado en él– se puede romper y, por lo tanto, puede darse una rotura de servicio. ¿El servicio, en tenis, se puede romper? ¿De qué manera? Según Google, el hecho de romper el servicio al contrario se toma en el plano real y no en el metafórico, ya que aquél gana a éste por dos sets a uno.

Entonces, después de tanto ir y venir, llegó la muerte súbita. Y descubrí que el tenis es un precioso juego. Y una metáfora de la vida.

(Imagen utilizada con el permiso de su autor, Capannelle)

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