Esta entrada está ideada para escucharla leyendo el texto. Después, obviamente, cada lector hace lo que le venga en gana.
Llamaba para decirte
Perdona que te llame a estas horas, cuando las calles todavía no existen, cuando los árboles no son más que sombras que amenazan, cuando el cielo es una incógnita. Perdona si secuestro tu sueño y lo intercambio por unas palabras sin coherencia. Solo llamaba para decir que me gusta que los bocetos de nuestras acciones sean un cuadro de Escher para que la vida imposible tenga una posibilidad. Llamaba para decirte que me gustan los paseos dibujados por las calles de París, que me gusta planear mi aterrizaje en Nueva York con más datos que los de la intuición. Que, una noche, degusté los sonetos de Sabina y que ahora he recuperado sus canciones, si es que alguna vez las perdí entre la memoria de lo demasiado conocido. Llamaba para decirte que el universo, sus miserias y sus alternativas es ahora más explícito después de leerlo en las palabras de Saramago. Llamaba para decirte que los secretos de la magia son, nada más y nada menos, los misterios de nuestra imaginación, que los registros de la memoria son más explícitos si se reúnen sobre los actos de los demás. Toda la vida, si se piensa, puede intentar sentirse con una fragancia más agradable que procure invadir los poros de la piel. Perdona que te llame a estar horas, cuando las calles no existen, cuando ni siquiera existen voces que no sean sino náufragos de la madrugada. Llamaba para decirte eso, nada más. Que pases buena noche, que los sueños se acompasen con los latidos de tu corazón.
(La imagen es de Plenty R.)
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