Por Raúl, hace 8 meses y 25 días

Consecuentes. Consecuencias

banderas

Llevaba unos días demasiado fantasioso, así que hoy voy a volver a la realidad, aunque sólo sea un poquito. Iba a empezar esta entrada diciendo que hablaría de deporte y no de política. Iba a decir que estos dos conceptos no tienen por qué ir de la mano. Pero, después de pensármelo dos veces, no me cabe otra que resignarme a que todo, en el fondo, es política o, por lo menos, puede hacerse y volverse político. Así que allá voy.

Vaya por delante que no soy futbolero. Es más, el fútbol me la pela. Soy un enamorado de todos los deportes menos uno, que es el de los veintidós tipos pateando un balón. Si medio mundo gira en torno a esa pelota, seré yo el equivocado, así que me resigno y me la envaino: ser español, varón, de mediana edad y no un aficionado al fútbol parece un contrasentido. Como no me gusta el fútbol, que no me achaque nadie de interés o de parcialidad. Hoy jugaba el Barça el Mundialito (juro que no sé muy bien qué es ni entre qué equipos se juega). Me daría exactamente igual si se tratase del otro equipo «emblemático», el Madrid. Compruebo con pesar que, en un campeonato internacional, haya personas que deseen que pierda el Barça, del mismo modo que habría otros muchos que saltarían si perdiese el Madrid. Más allá del forofo ensimismado, sospecho que el asunto traspasa lo deportivo para convertirse en otra cosa. Esa cosa, probablemente, sea la aplicación de alguno de los principios más conocidos del código de Hammurabi.

Sinceramente, a mí no me vale que porque haya alguien que quiera que pierda tu equipo tengas que desear tú lo mismo para el revés. Además, creo que el asunto escapa, como es evidente, a lo deportivo para llegar hasta otras esferas, mucho más generales y, por lo tanto, mucho más preocupantes. Me suena esto del antimadridismo catalán a tufo nacionalista y esto de querer que pierda el Barça huele a orgullo de la patria Hispana. Y sí, probablemente ambas cosas sean ciertas, pero creo que, en el deseo de que pierda el contrario anida una actitud infantil. Me explico, partiendo de los detractores del Barça: estos tipos no se sienten españoles y encima nos queman la bandera y la foto de los Reyes, quieren un Estatut que les dé todo y no les comprometa a nada: que se vayan a la mierda. Por lo tanto, no estoy de acuerdo, me enfado y que les den morcilla (o butifarra) y no compro cava sino un espumoso de la Ribera del Duero y el fuet que se lo metan por donde les quepa. Esa actitud no hace más que viciar las cosas y dar más razones a los que pensamos que no las tienen. Si queremos que pierda el Barça, estamos excluyéndolos, es decir, estamos dando la razón a aquello que negamos. Diría exactamente lo mismo y en el mismo orden si tuviese que hablar y defender al madridismo.

No me meto en lo que son o en lo que sienten algunos. No me meto en las salidas de tono de un presidente de un club con ansias de efervescencia política. Sean lo que sean y estén donde estén, yo también siento a los catalanes como algo mío. Me da por saco que ese «mío» sea español o lo que sea. Si me siento europeo, con más razón me siento con elementos comunes a Cataluña. Y, por supuesto, también a Galicia y al País Vasco.

Como apuntaba, estas cosas son politiqueos con un trasfondo etnocentrista. Soy burgalés y he visto amamantar la desconfianza hacia lo vallisoletano. Sin embargo, he estudiado allí y nunca he visto ningún tipo de animadversión hacia mí como burgalés. Es más, fui tratado a cuerpo de rey y he dejado en esa santa tierra muchos amigos. Soy burgalés y he visto adoctrinar hasta la saciedad con consignas antivascas. Sin embargo, he pasado verano tras verano en San Sebastían sintiéndome como en mi casa. Soy burgalés y español, y he ido a la demonizada Francia encontrándome siempre extraordinariamente bien acogido.

Me temo que esto de los enfrentamientos, negaciones y negatividades, al final, no hacen sino volverse contra uno mismo. Y si somos burgaleses de pro, de esos de «Tierra sagrada donde yo nací...», castellanos de bandera, españoles de postín, quizá consiguiésemos mucho más en esta vida afrontando con valentía nuestros retos de forma positiva que en contra de algunos, que no tienen que ser nuestros rivales. Seremos mejores ciudadanos y mejores personas estando a favor de las cosas que buscando el fracaso de lo que no tomamos como nuestro y, sin embargo, despreciamos. Por lo que a mí respecta, desearé que ganen el Barça y el Madrid en las competiciones internacionales, seguiré tomando cava (aunque reconozco mi devoción por el champán francés), me iré de pintxos por Donosti y me bañaré hasta que me muera en Ondarreta y moriré, al menos de corazón, en París, ciudad donde siempre han dormido todos mis sueños.

(Imagen de c-reel.com)

Por Raúl, hace 8 meses y 27 días

Novelas de amor: la traducción automática

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Quiero traducir una novela de amor, sea cual sea el idioma en el que esté escrita. Quiero trasladar los sentimientos, que son poco trasladables, o otra lengua, que lo es --quizá-- todavía menos. Aunque en algunos idiomas me las apañaría mejor, prefiero elegir una lengua recóndita y casi inaccesible. Mi instrumento será el traductor de Google y el procedimiento será el siguiente: cogeré un texto escrito, por ejemplo, en bielorruso y lo traduciré automáticamente al francés. Del francés lo transvasaré al alemán. Del alemán, al estonio. Del estonio, al italiano. Del italiano,  al indonesio. Del indonesio, al tagalo. Y por último, del tagalo al español. Asumiré el resultado como propio. Y luego haré con ello lo que me dé la gana. Buscaré un ilustrador que me haga unos dibujitos horteras y lo mandaré a una editorial reconocida firmada bajo un sinónimo (Carla Agustí). Repartiré beneficios.

Como muestra, una pequeña prueba, tomando un texto español para devolverlo una vez pasadas todas las fases con la adaptación pertinente:

Ella acercó sus labios titubeantes, deseosa de la unión imperecedera. Yo la atraje hacia mi cuerpo en un abrazo tan fuerte que los dos hubiésemos deseado que llegase siempre. Era lo más parecido a tener el paraíso dentro de nuestros corazones.

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  2. Sur ses lèvres en hésitant, voulant une alliance forte. J'ai tiré son corps dans mes bras si fort que les deux jamais venu nous le voudrions. Il a été le plus proche de paradis, les cœurs.
  3. Auf den Lippen zögernd, wollen ein starkes Bündnis. Ich zog ihren Körper in meinen Armen so stark, dass die beiden nie wieder den Weg. Es war das am nächsten zum Paradies Herzen.
  4. Hesitatingly tema huulte ja tugev liit. I tõmmatakse tema keha minu käsi nii tugev, et kaks kunagi oma teed. See oli kõige lähemal südames paradiis.
  5. Esitante labbra e una forte alleanza. Ho tirato il suo corpo tra le mie braccia così forte che i due non è mai la sua strada. E 'stato il più vicino al cuore del paradiso.
  6. Ragu-ragu bibir dan aliansi yang kuat. Aku menarik tubuhnya ke dalam pelukanku begitu kuat bahwa kedua tidak pernah jalan. It 'adalah jantung terdekat dengan surga.
  7. Nag-aalangan labi at isang malakas na alyansa. Hinila ko siya sa aking armas kaya malakas na ang dalawang mga hindi daan. Ito 'ay ang pinakamalapit sa puso ng paraiso.
  8. Vacilante y sigue siendo una alianza sólida. Me tiró de él en mis brazos tan fuerte que los dos de ninguna manera. Es es el más cercano al corazón del paraíso.

Por último, haré algo como esto:

Nuestra relación era vacilante, pero el paso de todas las noches la convertía en alianza sólida, imperecedera. Me acercó hacia sus brazos tan fuerte que los dos pensamos que la relación sería tan evanescente que no podría funcionar de ninguna manera. Nuestros cuerpos enlazados eran lo más parecido a la eternidad.

Espero que los millones que ganen sean argumento consistente para mi originalidad.

(Esta entrada es un homenaje a muchas de las novelas traducidas en español Al menos, esa pinta tienen. La imagen es de Tochis.)


Por Raúl, hace 9 meses y 26 días

Iguales

URB 047

Vaya por delante una cosa: las mujeres, desgraciadamente, lo tienen pero que muy chungo: son víctimas preferentes de la violencia doméstica; sufren como nadie en el acceso a puestos de trabajo dignos (en esto, soy firmemente partidario de los puestos públicos por oposición, en el que nos dan ciento y raya) a los hombres; todavía son las principales sustentadoras de las labores de la casa, en el que se llevan la mayor parte, además de la peor. (cuando no la única) En este mundo alborozado por los derechos y las libertades, las mujeres todavía tienen que partirse el cobre para defender lo suyo en un «mundo de hombres». En una sociedad que tiende a buscar la equidad y la justicia, existen, afortunadamente, pasos para enmendar ese desnivel entre hombres y mujeres. Y todos los pasos que se den en favor de esa igualdad me parecen pocos.

En esta, sin embargo, una sociedad tramposa, llena de engaños y verdades a medias. Buscar la igualdad es buscar eso mismo: la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. En esa búsqueda tienen que ir de la mano las mujeres y los hombres y, a su lado, las instituciones y las leyes. No obstante, es tramposo buscar la igualdad en lo que necesitan las mujeres (casi todo) y campar con la propagación de las desigualdades en los asuntos que convienen, a los mujeres por escasos que sean. Las mujeres, que desean la igualdad en cualquier tipo de asunto laboral o doméstico, tienen el privilegio, amparado por la legislación y la administración, de ser las principales beneficiarias en los casos de separaciones y divorcios. Las mujeres,  que buscan la paridad, hacen de los hogares separados hogares impares, en los que se priva a los padres y  --lo que es mucho más importante-- a los hijos de los derechos que tienen de tener un padre y una madre a partes iguales. Si antes de una separación o de un divorcio no se cuestiona esa paridad, es francamente contradictorio que después de suceder una ruptura no sólo se parta (y reparta) un acuerdo matrimonial, sino que en esa partición el pastel quede distribuido en partes muy desiguales, sin quererlo ni beberlo la parte afectada. Los hombres, en este caso, están tan indefensos ante los tribunales y las instituciones como lo están las mujeres en otros muchos casos. Sin embargo, fuera de intentar la equiparación, son las propias mujeres las que pisan con fuerza y desean y fomentan la imparidad.

En este contexto, es curiosa y loable la iniciativa del Ministerio de Educación y que recoge la normativa de la Junta de Castilla y León para que, en los casos de separación o divorcio, el ex-cónyuge que no tiene la guardia y custodia de los hijos (insisto: normal e injustamente el padre) tenga el derecho de ser informado de los progresos y la evolución de sus hijos en el colegio o el instituto. Hay que tener en cuenta que muchas rupturas no son afables y que la comunicación con su antigua pareja no es (ni tiene la obligación de ser) fluida. En un mundo jurídico en el que la custodia compartida está muy lejos de ser la norma general, la administración educativa se preocupa, por una vez, de que el niño esté amparado por las dos partes.

Lo (sumamente) curioso de esta situación es la reticencia de algunos centros a aceptar de forma serena, normal y regulada dicha normativa. Algunos abogan por silenciarla por ser algo parecido a una piedra en el zapato. Las posturas entre muchos miembros del estamento docente pasan de la posición histriónica de algunos negando que los centros tengan la actitud positiva de informar a los padres de que tienen tal derecho hasta la cerrazón retrógada de otros negándose a mantener entrevistas separadas con padre y madre por separado, alegando que se les dobla el trabajo. Amparados en la sobriedad y mesura, nosotros nos preguntamos los casos en los que a los atareados profesore (recuerden los lectores que el que esto escribe pertenece a tan noble gremio) puede surgirnos ese trabajo doble al cabo de un año.

Lo curioso es que lo carca no procede sólo de la fila de las mujeres, sino que en esto la paridad sí es absoluta, dado que los negacionistas proceden de forma inequívoca desde ambos sexos. Y yo me pregunto: ¿es tan absurdo abogar por una decisión adecuada a los tiempos, en la que todos pongamos un poco de nuestro trabajo y de nuestra voluntad para superar las situaciones de desigualdad? Es curioso comprobar que hay personas en las que entre sus babas borbotean constantemente defensas de la progresía y sus actos, en cambio, demuestran tintes totalitarios y reaccionarios.

Insisto (y acabo): ¿no sería deseable ir construyendo los puentes para una sociedad auténticamente par, justa, igual entre hombres y mujeres? Cada uno de nosotros, con sus decisiones y con sus palabras, tiene la llave que abre la puerta con la que empezamos el camino.

Por Raúl, hace 10 meses y 27 días

Arrogancia. Entendimiento

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La arrogancia tiene que ver con muchas cosas. Entre otras, con la soberbia (es decir, «satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás», según dice el bicho), Lo malo de la arrogancia y de la soberbia es que cada uno de nosotros cree que la tienen los demás. De este modo, ya hemos tirado la primera piedra escondiendo la mano. Hecha la frase, hecha la trampa.

¿Por qué escribo una entrada sobre esto? Lo voy a decir de una forma poco propia en mí, que soy más de sugerencias con las que cada cual se da por aludido. Mi vida personal un desastre. No soy modelo de nada y para nadie. Tengo todos los defectos del mundo. Por chulear, puedo fardar hasta de tener una nariz grande, un ego desmedido y una escasa empatía con los defectos ajenos. Tan poco empatía hacia lo ajeno como una facilidad pasmosa para tirar balones fuera. Mi arrogancia y me engreimiento me conducen a pensar que tengo la razón y los demás no. Soy un pecador por activa, por pasiva (pero sin mariconadas) y por perifrástica. Pese a mi soberbia, me enaltezco a mí mismo por las virtudes que no tengo, pero nunca por las faltas que cometo. Insisto: no me siento orgulloso de mis defectos.

¿Que por qué digo esto? Porque estoy hasta los mismísimos cojones de encontrarme por los sitos más insospechados de la periferia de mi vida con gente que no se digna a mirarme a la cara. Porque estoy hasta los mismísimos cojones de que me nieguen un saludo. Es cierto: no me pongo en su lugar y, de nuevo, vuelvo a ser arrogante y soberbio. Pero estoy hasta los mismísimos cojones de que tomen un partido tan interesado como para que no les afecte en nada a sus vidas y, sin embargo, su actitud afecte a las vidas de los demás. Ellos no pierden nada. Son tan arrogantes como yo. El empate no me satisface. Incluso algunos dirán que no es comparable lo blanco y lo negro. Pero los pellejos y las vidas se viven por dentro. Fuera de los prejuicios, fuera de las apariencias, fuera del mundo de las convenciones. Las vidas se viven una vez y para siempre, más profundas y de forma más sincera.

¿Que por qué digo esto? Porque estoy hasta los cojones. Porque soy tan engreído y tan soberbio como para desear que me traten como a los demás. Ni más ni menos. Con la educación y los formalismos que ellos conocen y que aplican hacia las formas evanescentes. La vida es un tablero de juego. Comes y avanzas veinte. Te metes en casa, cuentas diez y maricón el último. Arrastras. Envidas. Saltas de oca en oca hasta que caes en la calavera. Mala suerte, my friend. Es decir, te jodes. Como Herodes. Te enrocas y das jaque. Proteges un peón porque crees que ganarás la partida. Y te meten un gol. Y te hacen falta fuera del área. Y te pitan técnica. O juego pasivo. La vida es un juego tan serio como para tomárselo  en broma porque no puedes pensar que es una broma que hay que tomársela en serio.

¿Que por qué digo esto? Porque estoy hasta los cojones de entrar en los servicios de estadísticas del blog y comprobar el lugar desde el que me visitan. Porque estoy hasta los cojones de ver que los que pasan olímpicamente de mi vida y me desprecian entran a darse un paseo recurrente. Porque me siento espiado. Porque estoy al margen de todo y fuera de todo menos de lo único que me queda. No es mucho pedir, ni nada deseable.

¿Que por qué me enfado? Porque estoy hasta los cojones. Hasta los mismísimos. Cataplines. Güevos. Buevos. Testículos. Pelotas. Partes nobles. Partes bajas o centrales, según desde dónde se mire. En el centro. Así. Plim. Plam. Zas. Zacabumba. Ay. Me enfado desde mi soberbia, desde la incomprensión, desde la falta de sintonía con el mundo. Desde el no saber. Sabiendo, que es gerundio.

Y una cosa, para acabar, amigos del mundo entero, desde Burgos hasta el fin de la tierra. Colegas. Hermanos. Y demás familia. Soy arrogante, pero no tonto. Soy soberbio, pero no imbécil. Y estoy hasta los cojones, pero estoy dispuesto a afeitármelos, a dejármelos relucientes, a sacar brillo para que sean presentables.En el mundo, todos --absolutamente todos-- estamos condenados a entedernos. Y a ser escuchados, aunque no sea en un juicio. Y no os enfadéis por lo que digo. No merece la pena. Sólo soy un egocéntrico y arrogante, una parte insignificante del ancho y perfecto mundo.

(Y pongo la imagen de Rodrigo Vera porque me gusta. Y punto.)

Por Raúl, hace 11 meses y 2 días

Dormir riendo. Hablar solo

smile

Según me decían, cuando era niño interrumpía el silencio del sueño estallando en carcajadas, asunto este sobre el que no puedo decir ni que sí ni que no, dado que escapaba a mi control consciente. Me hubiese gustado mucho saber qué sueños eran esos, que me hacían alegre el dormir y, por lo tanto, quizá ayudasen a sustentar una vida diurna también sonriente y carcajeante. No he llegado nunca a saberlo, porque, desde entonces, sólo sé que duermo a dentelladas, información que llega a mis mandíbulas cansadas cuando me levanto, o que duermo con esas ensoñaciones hipnagógicas que parecen precipitarte en una caída. Lo sé porque voy notando, tras una larga batalla, que los músculos se me relajan para después abrir los ojos sobresaltado.

Del sueño plácido he llegado a la pesada pesadilla y sus consecuencias: un sueño no exento de horas pero que no repara las averías que el día va deparando. Desde que ya no sé si me río cuando duermo, parece como si una conexión de vasos comunicantes me condujese a llenar mi vacío de soledad con palabras dichas en voz alta. Cuando antes sólo profería sonidos en solitario con gorgojeos en la ducha, ahora me sorprendo realizando breves comentarios en voz alta. Muchas veces son pequeñas advertencias hacia mí mismo, pero otras el diálogo externo con mi yo se estira hacia la observación que pretende ser aguda; también frecuento la ironía. En otras ocasiones, opto por un comentario sobre el programa de televisión que me sirve de frágil acompañante. Me río como un tonto, aunque sería más correcto afirmar que me río como dos, dada es la bivalencia de lo ambivalente.

Desde que duermo y no conozco ya mi alegría ensoñadora, hablo solo. Mal destino este para una vida que cada vez y más que nunca es un comentario de texto. A mí que tanto me gustan los chistes verdes.

(Imagen de Vakas)

Por Raúl, hace 11 meses y 8 días

corazones e inspiraciones

Compare And Contrast por an untrained eye.

Vivo la tarde entre el corazón y la inspiración, aunque ambas en el sentido negativo. Vivo la tarde así porque llevo una hora entre la televisión y el ordenador, palabras, éstas y aquéllas, que riman en asonante. Quiero que Madrid gane los Juegos, pero me da igual perder. Intento escribir algo con chicha, pero los dedos flojean en las teclas, demasiado tímidos, demasiado titubeantes.

Sé que escribo esto y estaré desfasado dentro de unos pocos minutos, cuando las corazonadas y las inspiraciones no sirvan ya de nada. Tendríamos que hablar de Deporte, pero hablamos de ciudades y de países, del mismo modo que tendríamos que escribir palabras con sentido y sólo escribimos garabatos.

Sí, conozco algo de filosofía y sé que todo, en el fondo, es política: hasta la tensión y el esfuerzo de los músculos, hasta la flexión y la composición de todas las palabras que inundan el mundo. Y, de momento, nos queda el corazón dentro del pecho, del mismo modo que podemos sentir una llamita que ilumine nuestro cerebro para escribir el verso perfecto. Pero, en este mundo, todo es cuestión de minutos. Y si no, al Tiempo.

(Imagen de Untrained Eye)

Por Raúl, hace 1 año

El fin. Los medios

marioneta

Es viernes y me he cansado de pensar. Igual alguno que haya entrado en el blog últimamente va a pensar que soy un tipo sesudo, que le da vueltas a la boina por dentro de la cabeza. Y no, por ahí no paso. Uno tiene su reputación de superficial, de viva-la-virgen, de bon vivant ganada con los pulsos echados a la amargura. Por ejemplo, niego rotundamente que, de vez en cuando, escuche canciones de amor. No firmaré ante notario que a veces no me supuran las heridas. Que los nervios me traicionan. Que sufro sin tener almorranas (de momento). En ningún momento podrán achacarme ser un blando o estar con el ánimo por los suelos. Tengo la autoestima alta, el orgullo por los cielos. Nadie me tose sin consecuencias. Soy un tipo especial donde los haya (donde los hallan). Pienso milimétricamente cada acción, cada gesto. Por eso, no podrán decirme que son contradictorio, que tengo ascensos con caídas pronunciadas, sin ser Bipolar (je: ;) ). Que los acordes de la vida se convierten en dodecafonía dura. Que la carne es débil. Que te encuentras a gente por la calle mirando a Cuenca para no dirigirte la palabra y dirías «Si eres más gilipollas no naces, hijoputa». Por ello, hoy he dejado de investigar los medios para contemplar el fin. Porque no me gusta ser una marioneta en manos de todos los titiriteros de este mundo, demasiado estrecho. Negaré que soy contradictorio, señor juez. Y, además, no tengo bolígrafo.

(Imagen de Rob MacKaughan)

Por Raúl, hace 1 año

Personal. Intransferible. Imperfecto. Inexorable. Falible.

manoescan

(Después de escribir una entrada de más de cincuenta líneas, borro todo y telegrafío.)

Según el DRAE, un cuaderno de bitácora es un »Libro en que se apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación». Esa fue la propuesta fundacional de Verba volant: una unión mía con el mundo y el mundo conmigo, lo cual no me hace más grande a mí ni más pequeño al mundo. Escribo --casi-- como hablo. Escribo y hablo --casi-- como pienso.

Me gusta la ironía del mosmo modo que me gusta el puñetazo directo al rostro. Ese es mi modo de enfrentarme al mundo. Muy primitivo, pero eficaz. Aprendí las cosas muy pronto, porque un rival glotón me robó dos veces seguidas el bocadillo en el recreo. A partir del tercer día, me comí el bocadillo entero mientras el gordito lloraba. Cosas de la vida.

Este blog es personal, intrasferible, imperfecto, inexorable (DRAE, segunda acepción), falible. En eso radican sus pocas grandezas y sus abundantes miserias. Escribirlo me ha costado muchos disgustos, enfrentamientos incluso. Muchos se han dado por aludidos: algunos con razón; otros han pecado de susceptibles. Pero escribo sobre mí y sobre mis circunstancias, visto todo con mis ojos, azules pero miopes.

Escribo lo que pienso. Si pensase lo que digo, la vida no me habría dado tantos golpes. La vida no me ha salido gratis: vivo en todos los márgenes y ya no encuentro sentido a casi nada. Pero pienso. Digo. Escribo.

Por Raúl, hace 1 año

De cero

Papel en blanco. Relativamente

Septiembre es el mes de los deseos, de las promesas, de las colecciones que nunca se terminan en los quioscos, de la fiesta que se acaba, de la agonía que empieza, de la fanfarria escolar, de los calendarios que empiezan en el mes número nueve. Es el mes del moreno quebrado por la tristeza, de la cazadora que necesita cada día ser más enguatada, de los parques semivacíos, de las terrazas que no se resignan a cerrar los parasoles. El mes del volver, a veces sin haber ido previamente. El mes del gimnasio. De la academia de lenguas modernas. De los propósitos que se abrazan con la Navidad. Es el mes de los bolígrafos nuevos, de las libretas impolutas. El mes de orientarse estando desorientado, el mes del rock'n'roll a ritmo de tango, el mes de las hojas que se resisten en su caída inevitable, el mes de preguntar qué tal te ha ido, el mes de contestar bien, lo malo viene ahora. Septiembre es el mes de un estornudo que comienza a no ser alergia. El mes de no decir más de lo conveniente. El mes de sentarse y ponerse a la tarea, quizá todavía no muy abundante. El mes de un tímida bajada de la gasolina para llevarnos a ninguna parte. El mes de la vuelta de los adalides comunicativos. Septiembre es el mes raro por antonomasia. Septiembre es ascendente y caduco, a partes contradictorias e iguales. Es el mes en el que las canciones de amor suenan frías, el mes en el que las canciones en salsa quedan fuera de contexto. El mes de la vuelta a los clásicos. El mes del desasosiego. El mes de dar la vuelta al colchón, el mes de tirar los folletos de las agencias de viajes, el mes de recuperarlos para soñar en paraísos artificiales. El mes de reintegrar el relleno a la funda nórdica, el mes en el que los pájaros debilitan su canto.

Septiembre es el mes en el que quieres empezar, el mes en el que comienzas de cero. Septiembre es el mes en el que todo lo que has hecho en tu vida no vale de nada, porque comienza un «curso» nuevo. Septiembre es el mes en el que comienzas de cero, sí. Vida nueva, pero cada vez más resabiada. Cada vez más vieja.

Por Raúl, hace 1 año y 2 meses

Me parto

Me parto...

Me enteré ayer y todavía me parto, cuando El País titulaba: «El Guardian enseña a gesticular como un español». La verdad es que, visitando el periódico inglés, las cosas son menos tronchantes y un poco más dignas de consideración. El diario  dedica un apartado de su web a cursos de idiomas para viajes que, vistos en su conjunto, son menos risibles y más que útiles, supongo.

Pero no he podido evitar «partirme» cuando me he parado a comtemplar la gesticulación española según el Guardian. Vaya por delante que soy un obsesivo estudioso de la comunicación no verbal y que Fernando Poyatos es para mí el sumo pontífice de esta (inter)disciplina y que no me tomo, en general, los asuntos kinésicos a broma. Pero me ha hecho mucha gracia la selección de esos gestos y su significado: «Está lleno de gente», «Estoy a dos velas», «Qué huevón/a», «Cara dura», «Me parto de risa», «Estás loco», «Hasta aquí (de harto», «A comer», «Se ha quedado así (de delgado/a)», «Mucho», «Te voy a dar». Si Wittgenstein decía que los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo, no quiero ni pensar cuáles son los límites de nuestro hispánico lenguaje no verbal según los ingleses. De momento, me parto. Seguro que alguno de vosotros me da más ideas.

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