Por Raúl, hace 1 año y 5 meses

Más cosas y personas dos punto cero

galleta2punto0

La entrada de hoy sólo tiene la intención de apostillar de manera muy breve algunos aspectos de mi post anterior, así como glosar de forma libre algunos de vuestros comentarios. Defiendo la Enseñanza 2.0 con el mismo ahínco que defiendo cualquier Enseñanza que se escriba con mayúsculas. Y la Enseñanza 2.0 ha de contar con varios pilares: profesores 2.0, contenido 2.0, alumnos 2.0. No creáis que me olvido: también tecnología 2.0 (y presupuesto «2.0» y políticos 2.0). Manuel Andrés -un profesor de secundaria al que debo mi pasión por la Filosofía, un conocimiento más inicial pero riguroso del análisis literario y el descubrimiento de la carrera de Filología- me lo comentaba un día con precisión: del mismo modo que las técnicas quirúrgicas avanzan y nadie se sometería a una operación de menisco con las tácticas de hace treinta años, los profesores debemos también de utilizar las técnicas más avanzadas (cuando son mejores, sin dejar de lado los aspectos positivos de las antiguas). Los tiempos actuales son los que son (mejores, peores, iguales... ¡quién lo sabe!) pero tenemos que aprovecharnos del mundo que nos circunda y no renegar de él, como el judoka sabe que se combate mejor aprovechando la fuerza de su oponente. Necesitamos sacar lo mejor de nosotros mismos, estamos obligados a entresacar lo mejor de los contenidos (y enseñarlos y sugerirlos e incentivarlos y reforzarlos) y también estamos destinados a sacar lo mejor de nuestros alumnos. Que lo tienen. Y mucho.

Las Humanidades serán las que las circunstancias, el contexto y los políticos quieran, pero también lo que nosotros dejemos que sean. Hacemos poco favor a las Humanidades oponiéndolas de forma tonta a las Ciencias (conozco a algún profesor al que se le anega la boca de mala baba cuando ataca a los docentes de ciencias, mientras él mismo defiende su disciplina con la palabra ciencia por delante). Lo interesante no es oponer, porque nada es opuesto a nada (quizá), sino saber en qué lugar está cada uno, por qué y para qué.

Crear una Enseñanza (2.0) de las Humanidades 2.0 no garantiza nada (mejor ni peor), pero nos adentra en el mundo en el que vivimos, con la enseñanza dentro, que es lo que las Humanidades han intentado hacer siempre. Es una enseñanza que no desprecia nada, sino que acoge. Una enseñanza que no abomina, sino integra. Una enseñanza que tiene la obligación de asumir la interacción de las nuevas tecnologías porque eso -también- son las Humanidades de nuestra era.

Por Raúl, hace 1 año y 6 meses

Humanidades 2.0

Cielo con estela de avión

Ayer por la mañana se me ocurrió escribir una entrada. No quiero decir -claro- que en otras veces las entradas no se me ocurran y se escriban solas, pero sí es cierto que hay otras muchas ocasiones en que se me ocurren después de estar sentado ante la pantalla y (casi-casi) con las manos enganchadas en las teclas. Y se me han ocurrido muchas cosas para contar, lo que pasa es que ya estaban contadas de manera más precisa y contrastada por Pedro Ojeda (su análisis sobre la Universidad española es encomiable y digno de mención). Por lo tanto, me voy a permitir el lujo de comentar las cuestiones más diversas con relativo orden y concierto.

Lo primero sería hacerse una pregunta: ¿qué pintan las Humanidades en el mundo contemporáneo? La respuesta inmediata que me viene a la mente es «Todo»,  lo cual -bien es cierto- es una manera de decir «Nada», máxime con que el no-sé-dónde firmante tiene un título en el que pone algo así como «Filosofía y Letras». Algunas veces he comentado a quien me ha querido escuchar que me parece bastante inútil establecer una oposición demasiado maniquea entre las Ciencias y Letras. Entre otras cosas, porque no sabría yo dónde poner la palabra Cultura sino a caballo entre las unas y las otras. Con el bagaje de ser durante ya demasiados años profesor de Filosofía, tengo el culo más pelado que un mono. Para los científicos, la Filosofía es una divagación generalista; para los «letristas», la Filosofía es una cosa más bien rara digna de aprenderse de memoria. Por si acaso.

Concibo la cultura y -como tal- las Humanidades como un estudio lo suficientemente específico como para apretar y lo medianamente amplio como para abarcar. Lejanos como estamos de ese conocimiento todo abarcado y abarcable por un solo hombre (si ello fue alguna vez posible, cosa que dudo), quizá nunca hemos estado más cerca. Desde la Enciclopedia francesa, como colofón de los más de mil y un intentos serios de abarcar el saber, nunca hemos estado más cerca del conocimiento generalista y especializado. Lo cual, como he dicho antes, también nos hace estar ubicados a muchos en el deseo relajado de no interesarnos por conocimiento alguno. Tenemos a golpe de clic la explicación visualizada de algún confín de la galaxia con el mismo detalle que el vientre de un insecto, aunque hay escandalosas lagunas en toda esta Red que no logra atrapar todos los peces. ¿De quién es la culpa? Ahí es donde entramos nosotros.

La Red supone -en su concepción de Red 2.0- un conocimiento y relación colaborativa. Los juglares, malabaristas, cómicos y saltimbamquis;  los trovadores, ilusionistas, concertistas y dramaturgos; los articulistas, (v-f-w)blogueros, periodistas y novelistas; los tenistas, atletas, baloncestistas y gimnastas; los técno-mercaderos, los empresarios, los mayoristas y libreros; ... tienen aquí y ahora asido por el mando de la tecnología toda la sartén con el aceite hirviendo. Sólo queda echarle el huevo frito. Y -claro-, hacen falta gallos, gallinas, partos fallidos y cotidianos y frutos de todo ello.

Los encargados de difundir y enseñar cultura -los profesores, pero ahora también todos los ciudadanos- tenemos que asumir ese papel de forma activa. La Red tiene herramientas maravillosas que ahora están infrautilizadas. No se aprovechan bien los recursos. Por poner un paralelismo bastante gráfico, hagamos memoria de cómo eran antes los catálogos de las bibliotecas. Mis lectores más jovenzuelos no darán crédito si les decimos que se manejaban fichas ajadas, que había que «saber buscar» (y encontrar) la información, que lo más nuevo que había eran los periódicos y el BOE. Nada de novedades, nada de multimedia, nada de películas (los soportes no existían o no lo permitían)... Ahora las bibliotecas -las buenas y las malas- son centros con los fondos localizables (al menos en la pantalla) y el acceso a la información es más rápido. Y más barato. Mientras tanto, en las aulas los profesores hemos optado por varias posibilidades. Una, desempolvar cada año los mismos apuntes y leérselos a los alumnos. Dos, haber cogido esos apuntes desempolvados para pasarlos a un ordenador, imprimirlos y pasarlos a la fotocopista. Tres, haber cogido esos apuntes desempolvados, realizar unas rudimentarias transparencias y cascarlas en una proyección en clase. Cuatro, haber cogido esos apuntes desempolvados y sus correspondientes transparencias y haber hecho el esfuerzo modernizador de hacer un bonito PowerPoint y volvérselo a cascar a los alumnos como si nada. Creemos que estas cuatro soluciones son diferentes, pero son iguales en esencia. Ahora el conocimiento es tan accesible y tan rápido que cualquier avispado tiene a dos pantallas información tan actualizada como la que nosotros manejamos. El mundo de las Humanidades -creo- ha de adaptarse a los nuevos tiempos de manera radical, lo cual no significa renunciar a los grandes momentos que la enseñanza magistral tiene. Me gusta ese concepto etimológico de la enseñanza como pedagogía, que viene a tener a un enseñante-tutor casi junto a nuestros pies (pero no esclavizado, pero no servil, pero no ninguneado, pero no menospreciado) y manejar las herramientas que tenemos a nuestro alcance. 

Creo firmemente en la Cultura -si es que existe- y en las Humanidades -si es que no las hemos matado. La supervivencia, en mayor o menor medida, depende de nosotros, de nuestra participación en un mundo que debemos explicar. El conocimiento, como biblioteca, está ahí. Las estanterías están puestas. Pongámonos el traje de faena y llenemos los estantes. Entre todos. Ya.

(Y lo siento. Me he marcado un Rollo 1.0)

Por Raúl, hace 2 años y 4 meses

La letra sin fin

Pollock Blog 3: Down

Babelia, el suplemento cultural de El País, dedica todo un reportaje a la «Literatura sin papel». De especial interés para los aficionados al blog como nuevo medio de expresión cultural es el artículo de Edmundo Paz Soldán, titulado «El 'blog' y la literatura del siglo XXI». Así que nada, estudiantes y estudiosos del futuro: ¿analizaremos algunas manifestaciones de la Burgosfera como quien analiza el papel de las revistas literarias en el siglo XX? Las jornadas sobre literatura y periodismo de la UBU (Mutantes: las palabras en la Red) han sido una muestra de que la Universidad puede (y debe) estar atenta a las nuevas iniciativas culturales y literarias, y no sólo beber el agua del pasado.

 

(La fotografía es de sonojacker