Y las palabras volaron..., pero de verdad

Que no se me vuelva a ocurrir llamar a un blog Verba volant. Y tampoco sostener que los cuadernos de bitácora crecen hacia arriba. En algunas ocasiones, las palabras vuelan de verdad. Y los blogs ya no crecen, ni hacia arriba ni hacia abajo, sino que se pierden en no-sé-qué vacío ontológico. El cuaderno de bitácora se guarda muy cerca de la brújula: sin ella, el navegante pierde el norte. Gracias a la colaboración de los amigos y con el ímpetu que da la paciencia, he podido recuperar las palabras. Bienvenidas, palabras. Bienvenidas. No voléis para no volver. Ahora tengo un dilema: ¿sigo dejando que vuelen o las sostengo aferradas firmemente en mi mano? ¿Valen más unas pocas palabras encerradas en un puño o unas palabras esparcidas por los desórdenes angélicos cibernéticos? De momento, las apretaré como a un pajarillo: con la firmeza suficiente para que no escapen, con la suavidad necesaria para no aplastarlas.



