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Dignidad

Preso

En efecto, los negros e hispanos son muy tenidos en cuenta en EE UU, frente a lo que uno puede pensar: en una población carcelaria que supera los dos millones, por cada preso blanco que habita dulcemente en una cárcel estadounidense habrá del orden de seis reclusos negros y tres reclusos hispanos. Es una buena proporción. También se tiene muy en cuenta a los drogadictos, pero se olvidan de ofrecerles tratamientos terapéuticos a la mitad, más o menos. Otro dato muy halagüeño es el del número de muertes y asesinatos en las cárceles: un ocho por ciento dejará de molestar a la sociedad por la vía del suicidio o del asesinato, ahorrando una futura inversión en penas capitales, tan caras y molestas. Porque 3.350 personas esperan ansiosas a que se les aplique la justicia suprema. Aquí los negros también cuentan, porque suman, ni más ni menos, el cuarenta por ciento de los futuros ajusticiados, aunque sean tan sólo un doce por ciento de la población nortemericana. Los retrasados mentales también se suman a las estadísticas: ya sabemos que esto no es óbice para que sean ejecutados. Incluso ha habido casos en los que, ellos sí, han sido sometidos a terapia para luego cumplir la sentencia. Casi dos mil adolescentes experimentan un bonito y novedoso sistema por el que serán condenados a cadena perpetua y no se podrán apelar sus sentencias, todo esto en un país en el que sabemos que jamás de los jamases se ha cometido un fallo judicial. El ejército estadounidense presume de una poderosa presencia en sus patrióticas cárceles, ya que un diez por ciento de los presos ha pasado por el ejército de forma voluntaria y, entre ellos, un veintitrés por cierto ha honrado a su país cometiendo delitos de violación y acoso sexual. Y, como no todo van a ser guantánamos y detenciones ilegales de la CIA en provincias-extranjero, el país más avanzado del mundo cuenta con un número cada vez mayor de centros penitenciarios privados, que, además de recortar el gasto público y estar mejor acondicionados, favorecen una separación entre presos distinguidos y la chusma.

La visita a las prisiones de otros países es también sumamente alentadora: en Brasil, una mujer fue violada en una celda. Nada extraño, si añadimos que permaneció en ella con otros veinte hombres durante un mes. Al final, igual hasta tuvo suerte. En Argentina, el setenta por cierto de los condenados reinciden. De estos, la mitad cometerá otros delitos antes de que pasen tres años. En los casos en los que la escolarización ha sido más alta, el número de presos y de reincidentes ha bajado, pero no creo que esto preocupe mucho a las autoridades. En toda Latinoamérica, el setenta por ciento de los presos no están condenados, sino procesados.

Para novedades exportables, nada como el invento de Turquía para paliar el hacinamiento de los presos: han instaurado un sistema de “camas calientes” por el cual los presos duermen por turnos.

Quedan otros muchos países, otras muchas realidades, pero para qué seguir. Como decían algunos, “los presos no tienen buena prensa”. Y otro recluso decía, con acierto: “Nos tratan como a animales y nos piden que, cuando salgamos, nos traten como personas”.

Como ayer tenía el día libre (ya sabéis aquello de los profesores, las vacaciones y los puentes…) me dediqué a transcribir algunos datos de un magnífico pero triste paseo por las cárceles del mundo en el programa Hoy por hoy del día 6 de diciembre. Que nos aproveche.

(La fotografía es de Gipics)

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Los autobuses son más bonitos por fuera...

 

Aconsejo a los amigos de la historia-ficción que se detengan un par de minutos en el texto de esta entrada. Para tranquilidad de los que al fin la lean, esta historia no es cierta. No puede serlo. La historia que no puede ser cierta se desarrolla en Burgos el sábado día 1 de diciembre de 2007 hacia las siete de la tarde. Menos mal que esto es ficción, porque, en el caso de no serlo, la trama se desarrollaría en un autobús de la línea de Gamonal. Imaginemos la escena hipotética: suben al autobús dos mujeres. Si nos importase la verdad y no la construcción artística, quizás añadiríamos que las dos mujeres eran inmigrantes. Pero Verba volant es un blog entre desenfadado y descansadamente artístico. Así que no encuentre el lector reivindicación social, información y denuncia de un ciudadano a pie de calle. Decíamos que las dos mujeres suben al autobús. Y pagan religiosamente sus dos billetes. Seguro que esto sí es cierto, porque esta no es una historia de pilletes, una narración en plan Dickens en la era posmoderna del pensamiento débil. Y, además, fortalece la verosimilitud del relato. Pero sigamos con nuestro cuento: las mujeres pagan y el conductor, olvidadizo él, no les entrega los billetes. Un descuido lo tiene cualquiera, a fin de cuentas. Si fuésemos ciudadanos que buscan una queja en busca de justicia, diríamos que el conductor tenía bigote y que, aunque sentado, parecía bajito. Eso también apoya el ámbito de la realidad artística: el bigote aporta a nuestro personaje un atributo de distinción y su escasa estatura nos impulsa a una grata y sencilla interpretación psicoanalítica de tres al cuarto. Menos mal -decíamos- que esta anécdota no entra en el incuestionable campo de la verdad, porque si no sería difícil de creer que el conductor, con gesto a medio camino entre indeciso y valiente (no sabemos si aquí el narrador opta por la antítesis o por el más audaz oxímoron) confunde, inusitadamente, el cajón de las monedas, ese que representa un microcosmos de los impuestos y el erario público con su bolsillo, el microcosmos de lo personal e intransferible. Y me deja muy tranquilo saber que esta historia no puede ser cierta, que sólo cabe en el ámbito de la imaginación. Porque a mí, entre los miles de chorizos que hay en el mundo, sólo me gustan los de Cantimpalo.

(El bonito encuadre del autobús urbano con la catedral urbano pertenece a zackds)

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Socrates

Recomendación para los perezosos: no dejéis de leer, aunque aparezca “Filosofía”, palabra maldita.
Es conocido por casi todos que Sócrates, gran filósofo griego, murió obligado a ingerir cicuta. Acusado por sus enemigos de impiedad y corrupción de los jóvenes, fue un claro exponente de que pensar tiene sus peligros, y hacer pensar muchos más. Sócrates huía del dogma, ya que su propósito era que cada individuo sacara la verdad de su interior. Y ese fue su pecado.
Creo que unas pocas palabras de Sócrates en el juicio, trasladadas por Platón, su discípulo en la Apología de Sócrates, bastarán para iluminar lo que supone la dignidad humana. Me permito realizar pequeñas adaptaciones de un fragmento para acortar la entrada, pero aconsejo íntegra la lectura. (Y una pequeña confesión: me resulta muy difícil que, cada vez que leo este pasaje, mis ojos no se humedezcan):
En esto, tal vez es que me diferencio de la mayoría de los hombres, y,si debiera decir que soy más sabio en algo, sería en esto: sé que es malo y vergonzoso obrar injustamente y desobedecer al mejor, tanto a un dios como a un hombre. Y por los males que yo sé que son males, jamás temeré o evitaré las cosas que no sé si son buenas. Supongamos, pues, que ahora ustedes me absolvieran sobre esta [base]: nunca más pasarás el tiempo en esta investigación ni en filosofar; pero si eres sorprendido haciéndolo, morirás.” Supuesto tal caso, como he hecho, de que se me absolviera sobre tales, les contestaría: “Yo los respeto, señores atenienses, y los estimo, pero he de obedecer al dios antes que a ustedes, y mientras tenga un hálito de vida y [sea] capaz de ello, no cesaré de filosofar, y de exhortarlos a ustedes, y de explicarle a aquel de ustedes que encontrase, diciéndole cosas como las que acostumbro: “Querido amigo, que eres ateniense, ¿no te avergüenzas de preocuparte por tu fortuna, de modo de acrecentarla al máximo posible, así como a la reputación y a la honra, mientras no te preocupas ni reflexionas acerca de la sabiduría, de la verdad y del alma, de modo que sea mejor?.” Y si alguno de ustedes me disputara y afirmara que él se ocupa [de estas cosas], yo no lo soltaré enseguida y me marcharé, sino que lo interrogaré, lo examinaré, lo refutaré. Y si me parece no estar en posesión de lo que hace a su perfección, se [lo] diré, y le reprocharé que confiera mucho valor a lo que es inferior, y poco [valor] a lo que es superior. Y haré esto con quien sea que encuentre. En efecto, no hago otra cosa que ir de un lado al otro persuadiéndolos a ustedes, sean jóvenes o ancianos, de no preocuparse por [sus] cuerpos ni por [sus] fortunas sin antes atender intensamente a su alma, de modo que llegue a ser perfecta; diciéndoles que no es de la fortuna que nace la perfección, sino de la perfección que [nace] la fortuna y todos los demás bienes para los hombres, en forma privada o pública. Si corrompo a los jóvenes cuando digo esas cosas [nos encontraríamos con la sorpresa de que], esas cosas serían perjudiciales. Ahora, si alguien afirma que no digo esas cosas sino otras, habla por hablar. En este punto, señores atenienses, yo diría que, convencidos por Ánito o no, me absuelvan o no me absuelvan, en cuanto a mi no habré de hacer otra cosa, ni aunque esté mil veces a punto de morir.

(La fotografía de la entrada pertenece a Sebastià Giralt)

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