
¿Quién dijo miedo? ¿Qué es eso del valle de lágrimas? ¿Cómo se come la vida sino comiendo(la)? Hoy la cosa va de sonrisas internas sacadas hacia fuera, de labios en curva que no son rictus, de sonrisas llenas de sonido pero vacías de sonoras carcajadas. Hoy la cosa va de ser feliz, de vivir con la suficiente presteza como para no obnubilarse, como para no agobiarse, como para no rebajarse al nivel de las aceras. Nada de medida en tazas pequeñas, nada de cálculos, de obsesiones y de compulsiones. Hoy la cosa va darse cuenta de que esto no es un ensayo general de la gran obra, sino de la gran obra que ahora se representa y que, necesariamente, es comedia, aunque a veces tenga mucho de tragicómica. Hoy la cosa va de contactos frecuentes, de roces sin fricciones, de agitamientos sin convulsiones. De la vida como intervalo, y no como principio, y no como final. De vestirse de gala para la fiesta a la que uno está invitado. De vestirse de gala para la fiesta a la que uno no está invitado, pero se cuela. De llorar sólo si se tiene ganas y si no se puede esquivar la lágrima, y de fruncir el ceño solamente con las bromas.
Hoy la cosa va de cosas etéreas pero reales, de bocados de vivir sazonados con el calor de lo circundante. De ver tres luces allí a lo lejos, en el puerto de una ciudad sin mar.
Jijí, jajá. No es ninguna broma. Porque la vida no sea un juego, aunque a veces se le parezca mucho.
(Imagen de Marind is waiting for les tambours de la pluie)
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