Por Raúl, hace 9 meses y 28 días

¿Serán aparatejos como Kindle los sustitutos del libro?

Kindle, de Amazon

 

Amazon ha lanzado el pasado noviembre su lector de libros electrónicos, Kindle, que se suma a la larga lista de intentos de crear aparatos que puedan llegar a sustituir al libro en formato papel, como el Sony Reader. ¿Serán capaces estos bichos de sustituir al libro en su formato «tradicional». Yo todavía no sé qué significa «tradicional», porque nadie dudaría en afirmar que Platón escribía libros y, sin embargo, utilizaba rollos; o asociamos al libro con el papel cuando, a lo largo de la historia, se han utilizado muchos otros formatos. En este mundo en el que, como afirmaba Eco refiriéndose a la cultura de masas, tendemos a ser apocalípticos o integrados, yo no sé situarme. Siempre me he sentido el tonto de la clase en este sentido, porque nunca logro ver muy claras las cosas. Si el «apocalíptico» afirma que no hay nada como el tacto con el papel, que un libro tiene rugosidades, olores y que el lector tiene ante el una experiencia multisensorial o que nada como ver una fotografía artística en un magnífico catálogo, le daré la razón. Si el «integrado» sostiene que algún tipo de libros, como las enciclopedias, ya no tienen futuro en gruesos tomos a no ser para servir de aderezo a los bonitos estantes de un salón, que mucha de la literatura científica es ya plenamente accesible a través de la red o que los periódicos tal y como se conciben hoy en día tienen sus días contados, también me convencerá. Jan, un amigo alemán que trabajaba en estas cosas hace casi veinte años para una empresa holandesa, me decía que la clave para el canje estará en la tinta y el papel. De hecho, los ingenieros trabajan como locos para lograr texturas y modelos de tintas que, acompañadas a una adaptación ergonómica similar a la del libro, puedan ser similares a las del libro. En lo que a tintas electrónicas se refiere, parece que se están haciendo avances dignos de consideración.

¿Fracasarán los aparatos por su propia idiosincrasia, por el precio o por la competencia voraz? ¿Será todo esto la muerte del libro, o su resurrección?