Hace un año, el dolor de mi vivir fue un poco más intenso. Se fue uno de los que no era cercano, pero uno de los más próximos. Se fue mi Poeta. Todos los aficionados a la literatura tenemos uno al que preferimos por encima de todos los demás, al que queremos por encima de sus defectos y más allá de sus virtudes. Al que queremos por ser el que ha expresado con mejores palabras aquello que nosotros desearíamos haber dicho. No suelo mostrar mi sentimentalidad con excesos de cara a la galería, pero reconozco que ese día lloré con las lágrimas conocedoras de lo que la vida nunca nos va a devolver. Hoy, leyendo el periódico, vuelvo a encontrarme con él. Y me entero de unas últimas palabras suyas que suenan a verso de poema. Dicen que, internado en el hospital, la tarde previa a su muerte decía a todos sus amigos: “No es nada grave. Mañana nos vemos”. Y, con enero en plena cuesta, no se me ha ocurrido nada mejor que esto, con débil música de Art Pepper de fondo y una imagen de autor destonocido:
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