— Verba volant

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Música

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Aunque tengan ya treinta años, siempre me han conmovido las historias de amor y pasión. Aunque tengan treinta años, siempre me han gustado los ritmos alocados y dislocados, que son los que más se parecen a la vida y a nuestro corazón. Lobos y caperucitas juntos, revueltos. Todo un compendio de realidad, imaginario cultural y antropología.

(La Orquesta Mondragón editó en 1980 el disco Bon Voyage, en el que estaba esta “Caperucita feroz”. Quizá un acercamiento demasiado ingenuo y fuera de contexto piense que sea pop o rock’n'rol.)

Quizá muchos desconozcan que el letrista de esta canción (y otras muchas del grupo) fue el poeta Luis Alberto de Cuenca. No os perdáis este vídeo, en el que explica el origen de la canción y la recita como lo que es: una gran manifestación del amor. La imagen que ilustra la entrada es de Maliciasennoire. Os dejo más abajo otro vídeo de la canción y aquí el vínculo de Spotify: Orquesta Mondragon Con Moderatto – Caperucita Feroz

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Los demás dirían que tu amor es algo tímido y típico, pero tu amor es una trampa, una lanza que traspasa la tranquilidad. Algo loco y lleno de locura, tan impredecible y tan sensible que llega a irritarte cuando gritas y cuando quieres respirar. Tu amor es lo más parecido a un tóxico, con un poderoso efecto narcótico que amarra cuando quieres libertad y lanza cuerda cuando te acercas a la orilla. En definitiva, te quiero así: satírica, fanática. Te quiero cuando vives y cuando matas. Cuando callas y cuando hablas. Te quiero cuando amas. Y te quiero cuando alargas toda mi pasión, cuando me estrujas con fascinación. Tu amor es apático y lúcido. Es una mezcla singular entre lo romántico y lo brutal: te arrulla, te desvela, te calienta, te congela… Es un desorden, un algo loco. Es impredicible, es tan tan sensible que llega a irritar cuando gritas, cuando quieres respirar. El efecto narcótico de tu amor amarra cuando vuelas, que lanza cuerda cuando más próxima estás.

No tengo la culpa, no tengo motivo, no tengo razón; pero te quiero tanto, tanto, que siento que tu amor es una trampa. Una lanza que traspasa mi quietud. Algo así como una fuerza mayor, como el eterno misterio de llegar a puerto y no saber atracar. Porque tu amor me arrulla, me desvela, me calienta y me congela. Hasta que me mata, tóxico: narcótico.

(Versión prosificada y levemente modificada de “Amor narcótico”, de Chichi Peralta, con fotografía de Alberto Urbina).

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Cielo. Ráfaga

Vulnerable a tu lado más amable y  carcelero de tu lado más grosero, soy ahora el soldado de tu lado más malvado. Puestos al estudio de los lados, también me construyo cada día en arquitecto de tus lados incorrectos. Tengo la dicha de ser el propietario de tu parte más caliente y de ser el dirigente de todas tus urgencias. Artesano de tu lado más humano y comandante en tu jefe de tu parte de adelante. Inocente de tu lado más culpable y de tu lado más caliente, soy el custodio de tus ráfagas de odio. Voy vagando por tu lado más profundo. Qué más quisiera que pasar la vida entera como un estudiante en un día de primavera. Qué más quisiera que ser el comandante de tu balsa de madera. Sí, soy la guarnición que te guarece de tu lado más malvado. A tu lado estoy, siempre consciente de que mañana siempre será un nuevo punto de partida. Son las consecuencias de vagar por tu lado profundo por unos instantes, siempre breves. Y sí, me siento el almirante de tu balsa de madera.

Estoy solo, buscando a alguien que me está esperando (o estoy esperando a alguien que me busca). A alguien para recordar de memoria hasta los últimos quicios, hasta los últimos instantes. Alguien a quien tener presente cuando estoy muy lejos, en tiempo, en espacio o en vida. Mientras camino alrededor del mundo, quiero volver a alguna casa para encontrarme con una vampiresa que me mire como una persona o como un posible postre.

(Porque la vida es naufragio por mucho que seamos patrones de una barca, versión prosificada y parcialmente modificada de Andrés Calamaro – La Parte De Adelante. La fotografía es de Alberto Urbina.)

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Dann

Cualquier tipo de manifestación artística tiene sus sucedáneos necesarios. Tan bueno es asumirlo como tener muy presente que son eso, sucedáneos que quizá no estén manufacturados con los mismos materiales que la obra de arte. Y mearía fuera del tiesto quien intentase encumbrara Georgie Dann como genio de la música del mismo modo que mearía fuera de todo terreno mingitable el que defendiese que la quinta de Mahler debería formar parte de los bises de las verbenas populares.

Dicho esto, diré que esta entrada  va medio en broma medio en serio –más de lo primero que de lo segundo– y que quizá no sea tan disparatada como pueda parecer en una primera lectura. Así que empiezo.

Todo español que ronde la cuarentena ha tenido la ocasión de ver en televisión miles de veces a Georgie Dann en los periodos estivales, del mismo modo que la expresión del “Rey de la canción del verano” ha sido prácticamente simultánea con su uso más o menos razonado de la razón. Verle cantar su éxito del verano causaba en mi mente infantil un auténtico desagrado: no me gustaban las canciones, me ponían de los nervios sus trajes, pensaba que tenía una pata de madera. Esa sensación negativa me ha acompañado cada vez que el francesito sacaba un nuevo “éxito”… y todo ello hasta el día de hoy, en el que le concedo más mérito que el quizás tenga, quizá por aquello de la compensación. Probablemente Georgie Dann sea una de las manifestaciones evidentes de éxitos prefabricados, pero he de decir en su favor que otros lo han intentado con un morro e ímpetu similar al suyo y no lo han conseguido. Por lo tanto, quizá haya algo dentro de esas canciones tontas e intranscendentes algo que la gente valora para hacer un rato el chorra con un estribillo vacilón y un baile facilísimo. La estrella de Georgie Dann pareció que se empezaba a apagar hace unos años, pero ahora que ha sacado un nuevo “éxito” le veo con más cariño –quizá la palabra más exacta sea la de una paternalista displicencia, que el no necesita ni se merece–. Quizá Georgie Dann sea ese extraño compañero de viaje, no deseado, que la vida te pone delante para recordarte que ya hace calor. Y para que tengas muy presente que te vas haciendo viejo, empezando y terminando por los principios.

(Aunque la entrada se haya acabado, quizá no esté de más tirar un poco de Spotify para sonreír con La banda dell Capitán Canalla, que nos deleitó con un “Que vuelva Georgie Dann”: “ Como una Navidad sin Papa Noel es un verano sin él. / Como los Reyes Magos sin el negro Baltasar. Él fue el primer nota / que salía a actuar con gogós medio en pelotas bailando detrás. Él fue el que se inventó los bailecitos del verano te enseñó a mover el culo, los pies, las manos. Lo tocaban las orquestas en la fiesta patronal. ¡Que vuelva ya Georgie Dann!”. Y, en efecto, ha vuelto. Y, en efecto, las letras no las ha escrito Walt Whitman.)

La Banda Del Capitan Canalla – Que Vuelva Ya Georgie Dann

Georgie Dann – Los Huevos

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Demain

Viéndote, desenfundo mis palabras tan despacio como puedo. Leo propaganda del sol sobre tu cuerpo al atardecer, apartados muy cerca de un río con una sonrisa idéntica a la tuya. Quiero verte amanecer, quiero verte anochecer. Si el ayer y hoy nos dan la espalda, siempre quedará mañana y la mañana de mañana junto a ti. Cuando ya no sean noticia las páginas y canciones que escribí pensando en ti; cuando mi contestador esté vació de gente que no me amó, empiezo a vivir apartado en el fondo de tus manos. Iremos a gastarnos unas cuantas noches más a las calles más oscuras y gastadas de Madrid y, mientras tanto, no he dudado ni un momento –ni un solo momento– de tu amor. Por eso, como ya te he dicho, quiere verte anochecer y amanecer. Y si el ayer y el hoy nos dan la espalda, siempre quedará mañana y la mañana de mañana junto a ti.

Dejaré de hablar de cosas que no he conocido y que, probablemente, no conoceré jamás, por mucho que lo intente. Dejaré de hablar más alto para hablar más claro, de todo y de nosotros dos: hay mucho más de mí en ti que lo que queda dentro de mí. Y ten por seguro que iremos a gastarnos unas cuantas noches por las calles más recónditas de Madrid. Como no he dudado nunca, ni un solo momento de tu amor, quiero entrar entre el ciclo mágico de los días, quiero verte amanecer y anochecer. Y si el ayer y el hoy nos dan la espalda, siempre nos quedará mañana. Y siempre nos quedará la mañana de mañana. Junto a ti.

(Versión prosificada y levemente modificada de “Mañana”, de Mikel Erentxun e imagen de Waltercolor.)

Mikel Erentxun – Mañana

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Vinilo2

Hoy me he levantado pronto. He tomado mi zumo de naranja, mis dos tostadas y la leche con Cola Cao. He planchado una camisa. He preparado la comida…

Y me he puesto a escuchar música, buscando en los reflejos sonoros la paz que necesito. He empezado con el “Stand by me” de Ben E. King (me gusta mucho también la versión de John Lennon). He continuado con la banda sonora de Memorias de África de John Barry. Pero me he recreado especialmente en “Moon river”, esa delicia de Desayuno con diamantes. Y para que la nostalgia se mezcle pero no se agite, he llegado a “Heart and Soul” (siempre me ha gustado mucho esta escena de Big: , que me ha transportado a otro mundo mucho mejor que éste despiadado pozo de sombras.

Y así, he podido flotar por los viejos creadores de sueños, por las esperanzas perdidas. Porque los labios tiemblan. Porque los corazones no son sino el reverso de las almas. Porque la vida es más triste sin los acordes que –a veces– martillean nuestro interior.

Y ahora me afeitaré. Y me ducharé. Y empezaré la rutina. Pero nadie podrá quitarme lo bailado.

(Imagen de Lammasu.)

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Disco2

El abismo de acostarse, para no dormir quizas. Para no despertarse. Con un millón de notas de música agitada en la cabeza, como un vídeo de Lady Gaga a mil revoluciones, sin orden ni concierto. Con la venganza del amor, con los malos tragos de pasar por el quicio de la vida. Los auriculares enquistados en una cabeza atronada por múltiples percusiones sintetizadas. El caos de la música dance atragantado en la amígdala. Intentando darle un sentido a las rectas trazadas con tiralíneas. Y buscando desesperadamente un pijama de pantalones a rayas y camiseta azul para enfundarlo en el cuerpo cansado de los trotes y vapuleos de la vida. Los minutos pasan por los ojos cerrados a dieciocho fotogramas por segundo, que es la velocidad de las cosas mudas en este ensordecedor mundo de sombras. Hasta los mismísimos de encontrar tu estilo en otros sitios, sin saber si el estilo no es tuyo o es que otros se lo apropian. Sin saber dónde nos espera el próximo salto hacia el otro confín de un universo que se escribe sin mayúsculas. La necesidad como extremo y como contingencia. Los acordes fáciles de música pegadiza, pegajosa, que se acopla a tu cuerpo, con los vaivenes del ritmo y de la desesperación. Fashion, baby. Fashion, baby. ¿Hasta dónde llegan los vocablos que siempre debieron escribirse y, sobre todo, pronunciarse en francés? Un mal trago lo tiene cualquiera, pero el atragantón de la vida nos hace deglutir las voces procesadas por las líneas telefónicas. El sueño de la fama produce sombras, monstruos que revientan como la distribución cuerpo-alma, discutida en torno a la glándula pineal. ¿Mentiras del hipotálamo? Somos espejos convertidos en neuronas, plásticas hasta estirarse como los malos alimentos. La buena alimentación se traduce en migas, dicen. Tabla de salvación, afirmaría Hansel. Afirmaría Gretel. Las casas de chocolate son la grande y nutricia y falsa madre. Son la pista que nos lleva hacia el abismo, se tuerza hacia la derecha o hacia la izquierda. Hacia el centro nunca. Es muy obvio. Y anida el ansia de perfección, que es la última de nuestras imperfecciones. ¿Alguna vez fue verdadera la teoría triple de nuestro cerebro? ¿Se descompone en capas, como si de prospecciones arqueológicas hablásemos, meditásemos. Siempre hay quien visita yacimientos para ver las piernas de las mujeres. Es la finalidad última de las escaleras de vanos recortados. No me llames por los nombres que no tengo. Los cadáveres ya no habitan en los cementerios, sino en los armarios, llenos a rebosar de ropa fuera de temporada. ¿Por qué mi mini-mando no obedece a los dictados de la con(s)ciencia? Se habla de lo que no se sabe. De lo que no se siente. De lo que no se paladea con el velo de la vergüenza. La historia de nuestras vidas es una comedia musical que acaba con unas zapatillas y un albornoz en una plaza en una madrugada demasiado caliente para ser tratada con los tonos de la muerte. Necesito desesperadamente el azul turquesa para salvar al mundo de los colores tristes. A fuerza de credulidad, tendré que conformarme con lo que dicen. Aunque todavía me resulta difícil creer que alguien sea asesinado en frente de Central Park. El acto de escribir canciones. El acto de pensarlas. El acto de dibujarlas con las manos. Por eso el mundo es una constante espera de la mirada recibida. Del local brumoso y enloquecido en el que los cuerpos sólo están hechos para bailar y para beber a espuertas. ¿Son los sentimientos la llave de nuestros enojos? Una voz canta y la remezcla la repite como coro pertinaz, impertinente. El interrogante individual se convierte en la interrogación del mundo y, por ende, de la esencia. ¿Habitó alguna vez entre nosotros la partitura que no había de ser cantada, tocada, bailada? Qué maravilla pulsar una tecla y escuchar una voz repetida hasta la saciedad, hasta el hartazgo, hasta la penúltima escalera esculpida por el demiurgo que, de creer a Cioran, sólo puede ser aciago. A lo lejos oigo unas voces que me hablan para que retorne hacia el hilo que me entresaque del laberinto. Puta Ariadna. Ahora que estaba escuchando a las sirenas en forma de unos vecinos: los muy cabrones, siempre se olvidan de apagar el despertador.

(Imagen de Roberto Castaño.)

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Mientras me dedicaba a corregir de madrugada, los auriculares me devolvieron el eco de una canción que ha pasado a la repetición en bucle, eterno retorno de notas que, una a una, han ido rehaciendo el puzle de esta temprana mañana de mayo. En cualquier caso, no dejaré que sea el sol quien nos cambie. Ahora que estamos perdidos para siempre en este día nuevo.

Para los que no tenéis Spotify, dos cosas: una, que ya es hora de tenerlo; dos, el enlace a Youtube de la canción “Forever lost”, de Magic Numbers.

Forever Lost

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Joanbaez

Ayer, experiencia mágica: concierto de Joan Baez en Burgos. Al margen del placer mismo de poder escuchar a una mujer de 69 años con una voz maravillosa, al margen de ver un concierto en el que no dominaba lo facilón sino que muchas veces las canciones salían con el puro chorro del que conoce y domina el oficio, me reconcilié con la vida durante hora y media. Joan Baez es mucho más que una cantante. Gracias a ella, estuve en lugares en los que no he estado; protesté contra guerras que no viví; me sentí símbolo de una generación que no es la mía, me sentí cobijado por el espíritu Dylan, por el estilo folk, por el country; tuve la ocasión de cantar a coro y, por lo tanto, con los millones de voces que encarnaban la rebeldía; me sentí, casi de forma excepcional, uno y muchos: todos los que han caminado por el tortuoso y traicionero camino de los años 60. Ella, afortunadamente, sigue en él sin ser la voz de la nostalgia, sino la voz del presente. Porque ella continúa.

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Sábado

Hoy voy a callarme porque es sábado. Voy a dejar para mañana lo que tengo que decir, que los domingos por la tarde son más tristes y mucho más tristes que serán cuando ya no estés junto a mí. Voy a callarme, que hoy es fin de semana y el domingo por la mañana, cuando no hay despertador; que el domingo por la mañana, cuando te levantes despistada y con resaca, voy a mirar tu cara linda a ver si tengo valor. Ese valor que a uno le falta cuando tomas decisiones, que te hace temblar las piernas, decisiones que te encogen el corazón. Pero, en esta vida, resulta inevitable: coger un camino y otro; elegir, qué es lo mejor. Que salgan las cosas de mi cuerpo que hace tiempo llevo dentro, aun sin saber si será cierto, ni certero, ni mejor. Que no sé sabe si es preferible alargar este momento aunque su tiempo hace tiempo que pasó. Voy a callarme porque es sábado. Voy a dejar para mañana lo que tengo que decir.

(Versión prosificada y muy poco modificada de “Sábado”, canción de El puchero del hortelano compuesta y escrita por Antonio Arco. En la web del grupo están sus trabajos listos para descargar y disfrutar. Ojalá hagan mil y un conciertos como el que pudimos escuchar en Burgos. La he puesto porque me ha dado la gana… y porque es sábado.)

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