Nunca me ha preocupado cumplir años. Las convenciones nos marcan el ritmo de nuestras vidas con una rigidez tan suprema que nos olvidamos de que no somos muy distintos de los que fuimos ayer ni de los que seremos pasado mañana. Esta mañana, sin embargo, me he planteado las cosas de otra manera. El tiempo y la vagancia se me han echado encima y he dejado abandonada la bici para ir en coche al trabajo. Al final, he llegado con tiempo suficiente y me he puesto a mirar por dentro del coche y de mí mismo. De la mirada al vehículo queda la constancia de la foto que encabeza la entrada.
El tiempo –mi tiempo- ha quedado enmarcado entre el volante que va indicando el rumbo de la vida, con la inercia y la facilidad que supone disponer de dirección asistida. Al fondo, la palanquita con la que indicamos las intermitencias. Izquierda-derecha. Derecha-izquierda. La misma que impulsamos para dar las largas a todo aquel que nos importuna o nos molesta. Vamos hacia la derecha o hacia la izquierda según nos lo permiten las señales y el código de circulación, pero a veces –muchas veces– elegimos nuestro camino. Giramos hacia un lado para acortar y nos metemos en un atasco. Giramos hacia el otro y nos encontramos con el páramo desierto. Lo molesto de elegir entre la izquierda y la derecha es el puñetero ruidito que tenemos que aguantar, que hoy me ha recordado a las manecillas de un reloj molesto.
Me ha dado la impresión –hoy– de que cada vez que elegimos nos quedan menos alternativas entre las que elegir, aunque el tiempo es todo lo ancho y todo lo largo que quiere y que queremos y que nos dejan. Hoy han caído 43, como el licor. No son muchos ni pocos. Son bastantes, que no es ninguna tontería. Y, mientras tanto, la melancolía de lo vivido y la esperanza del porvenir han sido las escobillas del parabrisas, que nunca limpian del todo la luna del parabrisas.
Y todo para recordarnos que el mundo no es perfecto y que siempre hay un asqueroso mosquito que se estampa antes que nosotros en un cristal que ya no es transparente. Quizá nunca lo haya sido.
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