
Dos puertas abiertas sin hojas (ni cuchillos). Y un camino trillado de barro, abrupto pero despejado.Un recorrido con entrada y con salida. Pero sin sentido.
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Dos puertas abiertas sin hojas (ni cuchillos). Y un camino trillado de barro, abrupto pero despejado.Un recorrido con entrada y con salida. Pero sin sentido.
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Como homenaje a Blogófago, Caminando en el desierto y otros amigos de la segunda convocatoria de Burgos, Beers and Blogs, diré que he descubierto el truco para hacer entradas en plan disolución como se vienen realizando en La acequia. Os basta con esto (espero que no te disguste que te haya descubierto, Pedro). No obstante, todavía no se ha encontrado la fórmula para hacer la disolución de los comentarios. El asunto es como sigue:

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El sol alumbra y da calor, pero a veces nos deslumbra. A veces por su belleza. A veces por su intensidad. El sol hace daño y, cuando pasa esto, uno baja la vista y se queda mirando a los reflejos de las cosas. Si ese reflejo, por sí sólo, es suficientemente fuerte, nos refugiamos en la oscuridad. En la nuestra, en la más íntima. Nuestro lado oscuro nos protege de la luz, y nuestra piel (y, a veces, también nuestra cabeza) lo agradece.
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Le debo a Arancha esta preciosa anécdota sobre su madre, siempre alegre y con una sombra infantil que ninguno de nosotros debería de perder. Me cuenta que, unas navidades, ni corta ni perezosa, se subió al tejado de su casa para lanzar papelitos blancos como si estuviera nevando. Con madres así, las navidades siempre serán lo que uno quiera.
Tomando esta bonita idea, me he topado con la foto que ilustra esta entrada. Los papeles no los he tirado yo, pero constituyen una declaración de principios, una búsqueda del color. Aunque nuestra vida sea gris, siempre podremos acicalarla lanzando al viento papelitos de colores.
(La fotografía es de aldor)
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Su espera era la dicha, su miedo el llanto. No se atrevía a levantar la cabeza, no fuera que el cielo se desplomase y le detonase en el cansancio de su frente. Se le ocurrió un día levantar los ojos, alzarlos -como Platero- levemente al cielo. Y lo vio iluminado de color.
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[Y la pregunta del millón: ¿qué son las rosas?]
(La foto es de dakotahsgirl)
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En ocasiones, los hombres y las máquinas intentamos enlazar nuestros brazos. No hay lucha contra el artefacto, sino conjunción. La técnica (y la tecnología) no siempre desmonta(n) nuestro mundo. A veces, lo construye(n), lo hace(n) más bello. Para muestra, una puesta de sol.
(La foto es de nath*nziem)
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Me asusta el vacío de las armas destempladas y la plenitud de las almas llenas. Sobre el quicio mismo del no saber, ignoro hacia dónde cae la piedra si la arrojo al aire, bien erguida sobre la nube. En mi intento de alzarla hasta el cielo, yace la seguridad de que lo más próximo en el retorno será, sin duda, mi cabeza. Y yo soy mucho menos alto que mi sombra, que me refleja sin calibrar mis bordes y mis límites. Pero la luz llega. Lo que sucede es que, ahora mismo, no sé por dónde irradia su temblor. Perdida la conciencia, recobro el tino. Me asusto y corro. Pero mi sombra, la muy estirada, llega antes que yo.
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Amigos de Verba volant, necesito ayuda y consejo. Me veo en la necesidad de efectuar un brevísimo paréntesis en el compartir los puntos de vista que tengo sobre los libros y la lectura que estoy teniendo con vosotros (y conmigo mismo) para hacer algo que no sé si debo. Hace ya más de un mes publiqué una entrada titulada La historia que no pudo ser cierta… con autobús al fondo, de la que he recibido algunas sugerencias en privado. Por ejemplo, me dijeron que omitiese algunos datos físicos del conductor de mi relato. Yo dije que no: según mi modesto parecer, nadie que no fuese conductor bajito, con bigote y que se dedicase a robar el dinero de los contribuyentes podía sentirse aludido. Si alguien se ofende, sabrá muy bien por qué y tendrá de qué avergonzarse. En todo caso, utilicé en la práctica todo el elenco de recursos lingüístico-pragmáticos de los que tengo conocimiento (y llevo zambulléndome en la pragmática desde hace quince años). Pero nunca me podía imaginar que iba a recibir un comentario (que está pendiente de moderación) en el que a alguien se le ocurre meterse con los inmigrantes (las víctimas de la historia y no los verdugos). Jamás me había planteado siquiera que iba a censurar un comentario en este blog. Si dispuse un sistema inicial de moderación fue por el sabio consejo de quienes llevan mucha más mili hecha que yo en todo esto. Sé, incluso, que estoy haciendo lo que no debo: entrar al trapo. Pero este blog es mi casa y todos son bienvenidos… menos los que se dejan el cerebro al entrar en Verba volant. Si pasáis por aquí, estupendo. Si ni siquiera sabéis leer y no entendéis el mundo, cread otro mundo alternativo: siempre podréis ir partiendo la cara a alguien con un bate de béisbol. Para eso tenéis manos.
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