Y sí, llega el verano, tiempo para sudar y para nadar. Y sí, esperaremos lo mejor de lo que nos depare el tiempo, que al menos en horas de luz será prolongado. Y sí, dormiremos con la ventana abierta para que nuestros sueños se escapen por las hendiduras de las persianas. Y sí, calmaremos nuestra sed a ritmo de cerveza, pero también de agua fría, pero también a ritmo de zumo de naranja. Y sí, visitaremos playas exóticas, sumergiéndonos sin el coste adicional del frío, ese carámbano de la existencia. Y sí, disfrutaremos de este nuevo momento que nos tocará vivir, después de tantos años, después de tanto aguantar la respiración para no inundarnos con la pestilencia de algunos estrechos mundos. Y sí, adelgazaremos el ritmo de la vida, porque la vida misma es un laberinto estival en el que nos estancaremos. Y sí, escucharemos las canciones del verano, mezcladas con las sinfonías celestiales. Y sí, veremos el auténtico campeonato mundial, que para nosotros es el de baloncesto. Y sí, seguiremos escribiendo. Pero menos. Mucho menos. Y sí, eso es –al menos– lo que declaramos, lo que proponemos.
(Imagen de Constanza Basaure.)
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