— Verba Volant

Estamos rodeados del mierda. Hasta el cuello y subiendo peligrosamente, en avance lento pero implacable, hacia la comisura de los labios.

Estamos rodeados de mierda por todas partes y en todos los sentidos. Por donde quiera que uno mire, se acerca una avalancha de mierda dispuesta a inquietarnos. Como esas mareas crecientes que ocurren cuando uno pasea por la playa: caminamos confiados, pero, a veces, el mar puede más que nosotros y la ola, inexorablemente, se acerca para derribarnos.

Miramos hacia abajo y vemos mierda. Hacia arriba, cae mierda de las galerías celestiales. Mierda a diestro y siniestro, para dar y regalar. En ocasiones, hay tanta mierda que daría para repartir con gusto, en un alarde de bondad exquisita y armonía universal. Estamos tan rodeados de mierda que podríamos pensar que la hierba es marrón y marrones los cielos, marrón el aliento de la vida. Pero no.

A día de hoy, me consuela que la piel no sea tan permeable como para que la inmundicia penetre y llegue a los órganos vitales. Y el entrenamiento pertinaz nos enseña a cerrar bien la boca, a contener la respiración lo suficiente para que lleguen momentos espléndidos en los que podamos respirar a pulmón abierto. El azul del cielo gana al marrón por goleada y el color avellana de nuestras miradas es mucho más que un modo de ver: es una manera de estar en un mundo compartido, pero único. Intransferible. El olor fresco y dulce de una vida desgajada en momentos vale más  que toda la porquería rociada por el mundo. Y cuando parece que todo será un desagüe que desembocará en un río que desembocará en un mar, el tiempo se congela en cristales perfectos e infinitos. Y su reflejo vale más que un todo que, como sabe quien sabe, es mucho menos que la suma de las partes.

(Imagen de Brandon Warren).

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La ausencia del español en la web de la Casa Blanca con la toma de posesión de Donald Trump encendió todas las alarmas. Se temía que fuera un síntoma de la inquina que tiene al ya presidente a los latinos, pero parece –ojalá– que es solo algo provisional a la espera de los ajustes pertienentes.

No obstante, es más que pertinente preguntarse por el futuro del español en EE. UU. Aunque estoy escribiendo algo más largo y técnico sobre este asunto, dejo aquí algunos datos y reflexiones sobre la política lingüística del español.

El número de hispanohablantes en Estados Unidos no deja de crecer. Datos extraídos de estudios de 2014 estiman que hay 53,3 millones de hablantes de español, que podrían acercarse a 62 millones si tenemos en cuenta los inmigrantes indocumentados de origen hispano. Esto convierte a Estados Unidos en el segundo país en número de hablantes, precedido por México y seguido por Colombia, España y Argentina.

Según análisis recientes, parece que se está produciendo un refuerzo del español en Estados Unidos, y no solo en las capas sociales más bajas. Contamos con grupos bilingües con estudios superiores, que se preocupan por un dominio cualificado del español. Por el otro lado, los inmigrantes recién llegados aportan una vitalidad renovada dentro de la comunidad hispana y un incremento de la demanda del español como lengua extranjera para comunicarse con ellos en el ámbito laboral. A todo ello se añaden los programas escolares para ayudar a los hijos de estos inmigrantes.

Si en generaciones pasadas los inmigrantes parece que querían borrar del mapa el español como muestra de inclusión radical en la cultura norteamericana, ahora existe un orgullo cultural del español como marca de identidad que motiva que la mayor parte de los hispanos quieran mantener viva la lengua entre sus hijos.

No olvidemos que el español en Estados Unidos no fue, por propia esencia, una lengua extranjera: así lo demuestra la historia de muchos estados y queda registrada en los nombres de pueblos, ciudades, ríos y montañas. Además, el español es lengua materna para el 12 % de los estadounidenses. Y crece por encima de cualquier otra como lengua extranjera. Una de las razones fundamentales es la de establecer comunicación con muchos hispanos que no hablan inglés. Cierto es que este tipo de enseñanza deriva en una instrucción rápida en español básico con vistas a la comunicación en el ámbito laboral, legal o institucional.

Hoy en día, tres cuartas partes de todos los hispanos mayores de cinco años hablan español. Sin embargo, también es posible que esta proporción de hablantes de español descienda, porque también es cierto que cada vez es más frecuente el uso del inglés para leer las noticias, ver la televisión, etc. Pero el hecho es que, como hemos dicho más arriba, que casi la totalidad de los hispanos, incluso los nacidos en Estados Unidos, piensa que es importante que las generaciones futuras hablen español.

¿Qué se puede hacer para que el español siga en ese estado de pujanza en el país norteamericano? Si todo funcionaba como hasta hoy, nada. Al margen de pequeñas iniciativas, no existía una política lingüística estructurada para la conservación y/o el desarrollo del español. El estado no va a hacer ninguna concesión que no provenga de intereses económicos y políticos (siempre ha sido así). Por otro lado, en un país en el que no existe una lengua oficial, el español y el inglés no se han enfrentado, sino que han convivido sin excesivos problemas. La población hispana es demasiado grande como para ignorarla. Así lo demuestran los acercamientos en español de los políticos norteamericanos para acercarse a la población latina.

También es cierto que ha existido un recelo frente a lo hispano en algunos de los políticos más conservadores. Y ahí es donde estamos ahora, con un presidente predeciblemente impredicible, que puede cortar esos lazos de convivencia y querer solo un país para (norte)americanos.

La imagen es de Thomas Hawk.

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En 2014, critiqué algunas cosas que no me parecían bien de la San Silvestre Cidiana. El año pasado, volví a hacer lo mismo. Llegados a 2017 y una vez corrida la San Silvestre de la edición de 2016, me veo obligado a volver a hablar de ella. Así que, por lo tanto, amigos, amigas, hablemos de la San Silvestre Cidiana, una vez más.

Este año creo que son dignos de reseñar dos cambios: el lugar de salida y el modo de salida en dos turnos (los peques tuvieron la carrera por la mañana). A ello se une algo que ya cambió para bien el año pasado, que es la incorporación de un chip al dorsal para dar algo de coherencia a los resultados de la llegada. Vayamos, pues, a las novedades. Y sí, voy a hablar de ellas.

La primera novedad era el lugar de salida de la carrera. Después de varios intentos para cambiar el lugar de partida (algunos auténticamente disparatados, como el de 2014), se optó por salir desde la Avenida del Arlanzón, en el Coliseum de Burgos. Cuando me enteré, empecé a echar sapos y culebras por la boca: vaya, nos quitan la salida en el centro para tener que ir al quinto pino; vaya coñazo, ir para luego volver por una paralela, vaya, rectas llenas de monotonía. Después de hacer la carrera, lo único que puedo decir es que el lugar elegido es un auténtico acierto: un lugar en el que los corredores nos podíamos mover mucho mejor y de fácil acceso.

La segunda novedad fue el sistema de salida en dos turnos, separados por cinco minutos de diferencia. En el primero, salían los corredores federados y aquellos que habían quedado entre los mil primeros en la edición anterior. En el segundo, el resto de corredores (unos cuantos miles). Algunos críticos decían que esto suponía desvirtuar una carrera que es, a la vez, una fiesta para celebrar el fin de año de forma sana y divertida. Creo que un número de 1.500 corredores no hace una división muy sangrante, puesto que pueden convivir los excelentes corredores con otros de nivel medio. Para mí, lo más importante radica en el hecho de que se pueda correr y este sistema lo consigue. El que quiere hacer una carrera meramente lúdica al ritmo que le da la gana, lo puede hacer como siempre. Y el que quiere ir un poco más rápido y sin tantas aglomeraciones, también puede hacerlo sin problemas. Por lo tanto, creo que es otro acierto.

Una combinación de estas dos novedades, la de salir en una recta muy larga mediante turnos diferenciados, ayuda a que no haya aglomeraciones tan peligrosas como las de años anteriores. Para cuando se llega a la primera curva en la Plaza del Cid, ya cada uno va a un ritmo que hace que la carrera se organice por sí sola. La salida en tandas, además, ayuda mucho a ello porque no hay luchas cainitas en la salida y en el inicio de la carrera. Dejo claro que esta es una opinión sesgada porque yo salí en la primera tanda y, por lo tanto, no sé lo que ocurrió en la segunda. Desde luego, hay un problema: si alguien corre por primera vez o no corrió el año anterior, le toca sufrir la aglomeración supina. Pese a ello, y a la espera de las impresiones de las personas que corrieron en ese grupo, la impresión es, para mí, de lo más positiva.

Otro aspecto muy favorable de este año no ha sido de carácter organizativo, sino de la participación ciudadana en la carrera. Había mucho más público que otros años y a mí me dio la impresión de que era también más participativo, algo que no suele ser la “marca de la casa” en nuestro querido Burgos. Correr así, con muchas personas y entre muchas personas, es una maravilla.

Y acabo con una circunstancia especial que acompañaba a esta edición: el homenaje de los Tragaleguas al gran José Mariscal, “Falio”. Todo un ejemplo en lo personal y en lo deportivo, que no dejará de seguir corriendo, nadando y pedaleando, pero sí lo hará a otro ritmo más pausado por exigencias del guion.

En suma, aquí el Urbina, gruñón, criticón y protestón por naturaleza, se ve en la gozosa obligación de señalar también todo lo positivo de esta carrera. Olé, esta vez (y esperemos que para siempre) con la San Silvestre Cidiana. Enhorabuena a todos y feliz 2017 trotando y brincando.

 

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Griten de gozo los árboles del bosque

(Salmos, 96: 12)

A veces, los árboles son los únicos seres vivos capaces de contarnos su felicidad. En 2017, yo quiero ser árbol.

Imagen de Jos van Wunnik.

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Soltando un poco la cuerda de las vacaciones, estaba preparando unas cosas del trabajo. Unos textos con sus ejemplos ilustrativos, cosas de palabras, acciones y contextos. Luego me vino un recuerdo. Fui dejando poco a poco el ordenador y

me puse a leer versos

para sentir el frío de una tarde cálida

en la que pisábamos las mismas baldosas

ese día en que, después de la tormenta,

pisaste sobre una losa hueca

y el agua nos invadió las pantorrillas.

Y leía que el alma nos ha cortado a su medida, a solas, sin el testigo de todo lo que no somos. Después, no sé por qué, aparté los libros y los auriculares me devolvieron unas palabras en forma de canción, que, más que notas, eran recuerdos convertidos en fotografías del alma y pensando que

Vivo cerca del paraíso, pero el reino

no es de nuestro mundo:

está cerca de un zumo a la luz de una galleta,

próximo el edén distante,

dormida tú en el sofá tras una noche de perros y pesadillas

y yo desvelando cada pliegue de un trayecto conocido.

Son momentos de ensoñación en los que todo se nubla para vislumbrar una verdad más allá, que traspasa muchos millones de segundos con el suelo en todo lo alto y el cielo brillando por todos los suelos. Unas notas que desvelan y revelan

Que nos sentaremos

frente a frente

para reconocernos

pensando en esa poca habilidad tuya

para reconocer los rostros

en los contextos adecuados

y esa incapacidad mía

para las tareas más cotidianas.

Es una búsqueda de las huellas, un acto reflejo de perderse en todos los laberintos. Tú, que pensabas que la vida era fácil, hasta que cada meandro iba a demostrar que el agua que llega a la mar no podía nunca ser la misma. En un principio, fue un sueño.

La coincidencia de que nos pasen

las mismas cosas por la cabeza

Es una ilusión, dijiste. Demasiado bueno

para ser verdad.

¿Existe el amor o solo consiste

en un proyecto,

en un balance de cuentas,

en una manera de olvidarse en los detalles?

¿La vida era eso?

Revelarse contra la conformidad

y negar que todos los días sean uniformes,

que el horizonte es imposible y no un problema de bulto,

 de no encontrar

la manilla de la puerta.

Pasa todo por unos retazos, como esa aseveración que aún persiste con toda el alma, ese concepto tan bello de estar juntos, que es permanecer y alegrarse y transcender. Una locura equilibrada que se construye con cada fragmento de una historia que se perfila rato a rato.

 

Buscando una emboscada de abrazos sin medida,

un vaho que empañe todos los reflejos

de la mirada de todos los que no pueden ser tú.

Hoy hace frío, lejos del tiempo. Nada más desapacible que una espera a solas, en el portal del dolor. Nos toca ver la noche desde ángulos distantes,

y sentir que es un consuelo

que todo el universo se resuma

en los márgenes,

que, como todo el mundo sabe,

son lo único importante.

 

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1.

Entre los dedos lo siento, lo noto por todas partes. Escrito en el viento, volando hacia el interior. Y me alegro por poder contar, a la manera de Benedetti. Viendo siempre tu rostro cuando cierro los ojos y sintiendo en ti todo lo que necesito. Así que, si realmente me quieres, deja que te vea.

2.

Lo oigo en la radio: están escribiendo canciones de amor, pero no son para mí. No puedo evitar el recuerdo de un beso que no es para mí.

Todo es así siempre. Las vidas, como las canciones de amor.

(Canción prosificada, traducida, adaptada y modificada a voluntad sobre las canciones “Love is Around” de Wet Wet Wet y “But not for me” de Chet Baker, con imagen de Santiago Nicolau).

 

 

 

 

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ELLA. El otro día leí una cosa sobre monos.

ÉL. ¿Sobre gatitos muy monos?

ELLA. Pero mira que eres idiota. No, sobre monos. Monos.

ÉL. ¿Ya te ha dado otra vez con los monos?

ELLA. Sí, me apasionan. ¿Sabías que las mujeres se pintan los labios de rojo porque…

ÉL. Sí, ya me lo has contado.

ELLA. Qué borde… Bueno, lo que te decía. Era sobre los orangutanes en Borneo. No te puedes imaginar lo parecidos que somos.

ÉL. Te puedo asegurar que yo no me siento nada identificado con los orangutanes de Borneo.

ELLA. Eso es lo que tú te crees. Déjame que te cuente…

(Entrada perteneciente a la serie Diálogos. Imagen de Louise Goggin.)

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El gato de Schrödinger es una paradoja de la mecánica cuántica que forma parte, con sobrados méritos, de las cosas inexplicablemente explicables. Como ya sabe la mayoría de los lectores, lo que Schrödinger plantea es que, metido en una caja y sometido a unas circunstancias que podéis leer en el artículo vinculado, un gato puede estar vivo y muerto a la vez.

Me gustaría trasladar esta paradoja al campo de la felicidad. La imagen es ya típica: los optimistas ven el vaso medio lleno y los pesimistas, medio vacío: cuestión de perspectiva. Yo siempre he pensado que esto, más que una simplificación, es una mentira. Cuando un vaso tiene exactamente la mitad de líquido en su interior, no se puede (no se debe) ver el vaso medio lleno o medio vacío. El vaso, simple y llanamente, está medio lleno y medio vacío a la vez. Ignorar esta perogrullada, mucho más fácil de entender que los principios de la física cuántica, es de juzgado de guardia. Y luego nos pasa lo que nos pasa.

Por un lado, tenemos a los pesimistas convencidos e irredentos. Siempre contemplarán la realidad desde una óptica de la que es imposible recuperarse. Una inclinación a percibir el lado negativo de todo nos lleva, irreductiblemente, a la desesperación. Ver un vaso que tiene exactamente la mitad de líquido como medio vacío es ignorar la cantidad de líquido impulsor, creador o vivificante.

Por otro lado, tenemos a los optimistas de los mundos imposibles, ingenuos e iluminados, que prefieren ver la felicidad como un valor seguro. La inclinación que nos lleva a la risa floja, al beneplácito acomodaticio. Ver un vaso que tiene exactamente la mitad de líquido como medio lleno supone ignorar la cantidad de aire y de vacío que, a nada que uno se descuide, puede invadir una parcela de su vida, su vida entera o su media vida.

Nos quedan más posibilidades, claro. Porque quizás nos equivocamos al ver el líquido como el elemento positivo o el vacío como algo huero. Todos preferimos el aire mondo y lirondo al veneno refinado. Todos preferimos el agua fresca a un gas lleno de muerte parapetada.

Invito a los pesimistas a que se gradúen la vista de cerca y a los optimistas a que se supervisen su miopía. El vaso está medio vacío y medio lleno a la vez. Y la curiosidad (científica), que mató al gato, también sirve para salvarlo.

La imagen es de Bart.

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Estoy escuchando “Forever Young” de Alphaville y me llama la atención aquello de que “The music is for the sad men”. La música es para personas tristes. La música puede ser para todo, para todos, pero a mí no hay nada que me guste más que escuchar canciones tristes. Me llenan de vacíos, horadan mi plenitud y socavan plácidamente la poca autoestima que me queda en el bolsillo, aquel que se va descosiendo poco a poco cuando tiras de un hilo.

Cuánto tiempo sin escuchar esta canción. Cuánto tiempo para llegar a las contradicciones. En 1984 yo quería ser joven para siempre, pero no sabía nada de lo rápido que pasa la eternidad. No era consciente de que tenía que haber aprovechado para bailar hasta que no me quedasen fuerzas. En tiempos en los que la disyuntiva era morir joven o ser eterno. Épocas en los que se vivía con el impulso de no tener nada por delante. Cuando saltabas, llegabas a la luna.

Pasa un día, una semana, un año y, sin querer, llegas a otro extremo de la vida. La eternidad es ver pasar los días y sobrevivir entre cargas, pesos infinitos. Pensar en la agilidad con la que subes las escaleras, con la que corres y con la que vives… y no darte cuenta de la trampa: antes la agilidad venía de serie, igual que la sonrisa o la lágrima trágica que era sincera pero cándida.

Estoy escuchando a Alphaville y me doy cuenta de todo por lo que he pasado para querer seguir siempre joven de modo eterno. Y conformarme con que me quiten lo poco que he bailado.

 

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"Introspection" by Eddy Van 3000

Hacia mucho que no escribía tan poco. Ahora escribo más para dentro que hacia fuera. A veces, con la trampa de pensar que escribo cuando solo pienso. A veces, con la trampa de pensar que pienso cuando solo siento.

Es hora de buscar culpables, acuso a la introspección. Mirada que podría ser tramposa y ser manifestada, contada, narrada pero que quiero dejar muchas veces exclusivamente para mí. Es una retirada de la vida pública. Parcial, sí; no absoluta. He aprendido a convertir el silencio en valor relativo y a percibir las palabras en valor absoluto con tanto respeto como para no marearlas de significados, como para no malearlas en el escaparate del sinsentido. Compruebo también que en las redes sociales me he convertido en más informativo, lo que quiere decir menos personal y –quizá– muy poco necesario. Aunque casi prefiero informar que sentir en voz alta, sobre todo en el golpe inmediato de los 140 caracteres.

Esta entrada es, en sí misma, la evidencia más grande de las contradicciones. Pero es que retirarse no es renunciar. Dar dos pasos atrás no es escapar. Sigo siendo yo. Y estoy. Quizás encuentre muy pronto una forma de manifestarme contra todo y contra nadie. Quizás no.

Imagen de Eddy Van 3000.

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