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Querido diario dos puntos

Hay días que cuestan, semanas que se levantan en rebeldía, años que se acumulan y sabes que me cuesta seguir con las rutinas. Lo dice una persona como yo, obsesiva en su adocenamiento. Pero ya te he contado muchas veces que luego sale esa vena, ese impulso, ese hastío. Cansancio de hacer lo que no quieres. Por facilidad, por inercia, qué se ya. La felicidad es bonita, pero no puede conseguirse levantando una esquina de la alfombra de la vida para olvidarme de toda la inmundicia. Eso no es felicidad, es máscara. Podía ser peor, sí. Todavía pueden verse los restos de esa eternidad que no se consigue más que en este mundo.

 La vida se hace una bola difícil de tragar. Sabes que me hago el firme propósito de no pensar demasiado. Pero es una terapia que, en días como hoy, se me hace imposible. Intentaré hacer las cosas en su debida secuencia, sí. Y la secuencia es premisa y la premisa lleva a una conclusión. Ni siquiera puedo ponerme a gritar: me limito a susurrar contigo mi desazón. Para que, sin encontrar nada más, este temporal me salve con algún resto de un naufragio. El ritmo para no perderme del todo, para que la noche no me conquiste hasta sus últimos recovecos.

¿Sabes un secreto? No he perdido la inspiración: lo que pasa es que escribir hasta las últimas consecuencias me deja sin fuerzas. Por eso, me quedo con la razón. Porque tengo miedo a tener siempre miedo. Porque tengo miedo de saciar el dolor con palabras, que no siempre vuelan.

Querido diario: hoy necesitaba poner un poco desorden en todo para revolver un poco mi corazón. Romper la inercia por un segundo, levantar la alfombra para que vuelen las motas de polvo escondidas y que brillen con la luz del atardecer.

 

 

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"Tobogán", by Raúl Urbina

Querido diario:

Hoy iba a escribir algo triste porque las conversaciones con los demás son para compartir alegrías, vivencias y los diarios, como tú, estáis hechos para compartir los momentos difíciles y las carencias. Pero he estado pensando en voz alta y quiero dejar escritas en tus páginas otras cosas. He buscado una receta perfecta y he visto que necesitaba sal para compensar lo dulce y azúcar para compensar lo salado. Que necesitaba agua para aliviar la cerveza y una cerveza para que la vida no sea solo agua. Que necesito la oscuridad para ver y la claridad para dormir con los ojos abiertos. Sé que necesito escribir y andar, correr y pensar, nadar y decir. Que el deseo es calma y el calor el principio del frío. El que llega después, tan profundo como la ausencia. Que los sentidos están para recibirlos con ansia y guardarlos firmemente con la imaginación de los recuerdos.

Por todo esto, querido diario, quiero decirte que duermo entre sabores y me despierto entre perfumes. Que deseo recorrer el camino hasta que no se note el horizonte. Que quiero adentrarme en el mar hasta que caiga en el quicio del fin del mundo. Y que la felicidad se disfruta en los finos vasos del presente.

La imagen pertenece a mi galería de Flickr.

 

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Querido diario:

Te escribo hoy, 7 de enero de 2016, tras mucho tiempo de ausencia. Y lo hago más por lo que quiero callar que por lo que que quede reflejado en estas líneas. Es muy difícil –todo un acto de injusticia– establecer nuestra existencia como una balanza en la que pesas circunstancias vitales de las que ignoras casi todo, sobre todo cuando alguien ya ha elegido por ti el lado más cruel de tu destino. Conoces la ya frecuente dificultad que tengo para dormir. Empiezo la lucha aferrándome al edredón y sintiendo una amargura que me acompaña en los primeros sueños. Luego, de repente, abro los ojos entre la pesadilla, con ese dolor extraño que no consigo localizar porque me temo que pertenece a un lugar recóndito que se llama alma. Me entristece que haya tenido que empezar a sentir ese dolor como algo familiar, que parece que me acompaña a donde quiera que vaya. Conozco la sensación y reconozco que me da mucho miedo. Mientras tanto, los días pasan y no me dicen nada. Todo es una monotonía tremenda que me lleva siempre a lo mismo. A la ausencia y a sentirme a gusto entre esas tardes frías y lluviosas que tanto se parecen a lo que soy. A veces me pregunto si hay en todo esto algo de autocomplacencia algo de pose de hombre maldito, pero creo que es una sensación que refleja perfectamente algo que ya no es cómo me siento, sino lo que soy.

No puedo escribir más, compréndeme. No eres el tipo de diario que tiene una cerradura en forma de corazón. Y, si lo fueses, la llave que lo abre no es más que una manera cruel de hurgar en una herida que ya es eterna.

(La imagen es de Alonis)

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Querido diario dospuntos.

Aunque hago siempre el firme propósito de estampar mis pensamientos en tus páginas, acudo a ti menos de lo que sería necesario. Llevo unos días con un ligero malestar físico que me ha obligado a pasar por algo que era inactividad y que ahora se llama pereza o desidia. Un malestar que ha ido ascendiendo los escalones de lo físico para trasladarse a los umbrales del alma. Algo que me produce miedo porque conozco los peligros de estar tendido en las sombras de una tristeza sin origen.

Me gustaría no tener que acudir a ti para contar estos momentos. De hecho, me encantaría narrar los minutos reídos a carcajadas o las horas de conversación templada. Pero las primaveras son los momentos escandalosamente propicios para pensar en que los abriles y las vidas se resbalan en la punta de mis dedos. En que la hoguera de la vida consigue que los segundos crepiten, hagan chispas y se deshagan entre las tinieblas de una noche que no tendría que ser tan oscura. Y noto que la existencia me va expulsando de los lugares céntricos para trasladarme a los arrabales donde las huellas dejan un rastro mojado y lleno de cieno.

Llevo muchos días dejar notas redactadas, aunque todos los días escribo cuatro o cinco líneas que borro de inmediato. Me enfrento al pánico de no tener nada nuevo que decir. De quedarme compuesto y sin palabras. De que todo lo que pase por mi vida resbale sin que pueda devolver ningún retazo de lo que destilan mis momentos. Me acuerdo ahora de todas las veces que he hablado del fracaso y me doy cuenta de que no era un recurso literario, sino una constatación de lo que sospechaba, de eso que temía tanto y que ahora se manifiesta de forma tan palpable.

Querido diario dospuntos. Ahora tengo que poner un punto. Espero volver para demostrar que me equivocaba. No pido más que ser como soy. Y no morir en el intento.

La imagen es de Camil Tulcan.

 

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Imagen de EstefaniaVS

Querido diario dos puntos

Escribo en tus páginas satinadas, matizadas por esa cubierta acartonada ya doblada en sus extremos, sobre esas líneas de un color azul vagamente descolorido. Ya he tenido que borrar dos líneas y sé que no te gusta que te mancillen con palabras que solo se sostienen en el anonimato y el odio de los tachones poco escrupulosos. De forma anecdótica, te diré que he empezado a escribir de nuevo, después de tanto tiempo, otra vez a un ritmo de un ritmo. Pero, en esta ocasión, se me ha descabalgado entre las manos. Lo he intentado atrapar, pero la canción ha sido más rápida que yo punto y aparte

Quiero que sepas que he cogido, otra vez, el bolígrafo de casi siempre, ese que pinta de una forma lo suficientemente firme pero no horada la hoja de forma contundente, agresiva. Sé que no te gusta que las páginas sean un conglomerado de palimpsestos entre el recto y el verso. Y coincido contigo dos puntos qué desagradable es ver esa invasión violenta entre trazos, con relieves que revelan un estado de ánimo más allá de las palabras, que tendrían que ser suficientes, que tendrían que ser necesarias punto y aparte

Hoy ha la lluvia ha intentado atraparme en varias ocasiones pero he conseguido esquivarla. Y, como en el ritmo de la canción, una racha de viento entre los árboles se ha vengado con una descarga inesperada. El retorno se me ha hecho muy largo, como la vida que tienes atrapada en esa goma que clausura y guarda tus secretos. Ahora tendría que buscar un párrafo que remate y compense la escritura, pero no importa. Sabes que esto es algo que queda entre tú y yo, a modo de narración de explicación de un universo que es demasiado particular como para escribirlo en mayúsculas punto y aparte

Todos me dicen que tendría que tener motivos para estar contento y tienen razón, lo sé. Pero la vida es una camisa en la que los botones y los ojales no son equidistantes. No obstante, me acuerdo del calor. Querido diario dos puntos yo no sé qué sentirás tú, cuando mis manos te abandonan y te quedas solitario, lleno de palabras y enmiendas, en el cajón al pairo de la temperatura ambiente. Al margen del calor, creo que a los dos, por lo menos, nos quedan las palabras punto final

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Querido diario:

Hoy, abrigado en el calor de un día frío, quiero volver a ti, contarte mis pensamientos más íntimos y luego cerrarlos con una llave, anudada al cuello como la cuerda que arrastra los kilos de cemento que te arrojarán al mar en momentos de tormento.

Cansado de correr cada vez más despacio, exhausto de una meta que no llega, quiero confiarte un miedo atroz, un miedo que lo único que no me impide es pensar mi propio miedo. Nuestros mayores defectos no son los de la inconsciencia, sino los que proceden de nuestra razón cuando está atenta. Últimamente, tengo la necesidad de salir a respirar, de ensanchar mi mundo con momentos que me nublen el pensamiento lúcido. Que encojan todo lo que no sea vigor exhortado, respiración frecuente, sudoración, esfuerzo máximo.

Las noches se me aclaran por mitades, en las que lleno mi zozobra y mi vigilia con largos momentos de ficción, en medio de la noche callada. Hoy una pieza de Bach me ha transportado hacia un mundo celestial, un momento de jazz me ha desplazado hacia la niebla. Otras muchas canciones se han sucedido mientras estaba tumbado en el sofá y tenía los ojos plenamente abiertos. No quería cerrarlos, no podía cerrarlos.

La noche lúcida ha convertido las primeras horas de la mañana en momentos turbios, de resaca de un descanso que no llega. Pienso que me marcho y que me voy a un mundo del que no voy regresar. El mundo nunca es el mismo para nosotros, que somos paréntesis plenamente prescindibles. Y me veo intentando cruzar un río, reconfortado, sin llegar a divisar –aún– lo que hay en la otra orilla.

(Con imagen de See-Ming Lee.)

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Querido diario:

Hace mucho tiempo que no te escribía con el corazón limpio. Reconozco que tus páginas, últimamente, encerraban sólo lo que soy y no lo que siento. Que tus páginas encerraban los sucesos propios de la derrota, pero nunca una victoria en el ánimo ni en los quicios de cada renglón. Te había convertido en algo que no quieres ser, porque los diarios, como las personas, tienen su vida en la página entera y no sólo en el pie. El sol del crepúsculo, bien lo sabes, daña los ojos con más intensidad, a veces, que su luz de mediodía. Todo está tranquilo por acá dentro. La taquicardia pasó hace un momento. Cuando llegan los minutos fatales, opto por aguantar la respiración y dosificar la exhalación. La locura, como las ondas de un mar encrespado, tiene su encanto vista desde lejos.

Empujo esta noche las líneas a ritmo de swing. Como doctores tiene la Iglesia, el swing tiene sultanes que dosifican la belleza en perfectos acordes de guitarra. La cama está fría. La funda nórdica no ha retenido suficiente calor humano. Pero las ventajas de escribirte en un ordenador portátil es que las letras se van contagiando con el calor de tu procesador, enmarcado en un color blanco adornado de manzanas. La distorsión, la tensión y el tesón son palabras agudas, pero me serenan más las palabras llanas. Las esdrújulas no me gustan. Parece que siempre restan algo a lo que decimos. Y los finales son de por sí bastante tristes como para que una tilde los anuncie con esa atrevida antelación.

Te escribo hoy, querido diario, porque esta noche sentía la necesidad de juntar palabras. La noche avanza por los cuerpos hasta traspasarlos con una temperatura cercana a cero que, pese a ser centígrado, parece más absoluto que el otro, ese que estudié y que ya no aplico. Te recuerdo que puedes olvidar todo lo que he escrito, que puedes omitir a tu antojo todos los dislates manchados de negro. Las cabezas se van calentando de tanto pensar y alejan a todo lo que hay debajo de sus alegrías.

Por hoy, me despido. Cierra hoy las tapas de cartón cibernético. Es tarde ya, aunque sobrevivan las farolas.

P. D.: sueña con los angelitos, pero no los cuentes como si se tratase de ovejas. Recuerda que ellos –y sólo ellos– son inefables en este mundo de sombras.

(Imagen de Paul Worthington)

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