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Uva #2

La primera no viene sola. Queda escoltada por la inocencia mancillada de la boca.

Los sonidos del piano definen los pasos por el mundo como los niños, obstinados en andar jugando y en jugar andando entre las baldosas de colores. Si añadimos un clarinete y una voz pautada por el  jazz, el paso por el mundo se contagia durante unos segundos por la calma. Es evidente que las notas de la partitura marcan los derroteros de la existencia, con bemoles, con sostenidos y con varias claves para resolver irresolubles enigmas. Las mentes son cabezas y las cabezas mentes. Los cuerpos son cuerpos, solamente. Y no hay más que una glándula pineal como posible descriptora de sus interacciones. Es la ley de la vida, de las notas y de la propiedad horizontal, aunque sea algo más alta que ancha.

(Imagen de Seraphina.)

Uva #1

Se acaban los cuartos, que son cuatro. Empieza la ingesta, esperada con toda la antelación que exigen trescientos y pico días de la mano, con toda la precipitación de no pensar que todo dura unos segundos.

Toda una vida por delante, lo cual es mentira, porque puede que quede la mitad. ¿Dónde viviste lo pasado? ¿Exprimiste el jugo con los sabores certeros de que los años no iban a correr nunca? Todos son los deseos de la vida, para quedarse en escobajos entre los que elegir la madurez sin pasarse, sin quedarse corto. La mirada en el retrovisor se distorsiona. La mirada por la luna del coche está mediatizada por la mierda de los pájaros, los mosquitos pulverizados, el polvo del camino. Siempre, siempre hay un ángulo más que muerto.

(Imagen de Vincent Van Dam.)