{"id":1817,"date":"2009-08-04T15:17:35","date_gmt":"2009-08-04T13:17:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/?p=1817"},"modified":"2010-08-10T09:38:51","modified_gmt":"2010-08-10T07:38:51","slug":"diario-de-un-turista-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/2009\/08\/04\/diario-de-un-turista-3\/","title":{"rendered":"Diario de un turista #3"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a class=\"tt-flickr tt-flickr-Medium\" title=\"IMG_3942-1\" href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/urbinavolant\/3782183870\/\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/farm4.static.flickr.com\/3492\/3782183870_4287eb98f0.jpg?resize=500%2C333\" class=\"aligncenter\" title=\"3782183870 4287eb98f0\" alt=\"IMG_3942-1\" width=\"500\" height=\"333\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El avi\u00f3n se posa en el suelo con la calma contenida en una convulsi\u00f3n nocturna. T\u00edmidos aplausos. El aeropuerto, m\u00e1s que ex\u00f3tico, es bello a la luz t\u00edmida de la llegada.\u00a0 Un calor pegajoso nos despierta. Con los primeros pasos, comprobamos el imperio de la negritud. Nos reciben unas mujeres a golpe de foto que luego se vender\u00e1 por una pasta del mismo modo que una gitana flamenca recibir\u00eda con faralaes a turistas calzados con deportivas y calcetines blancos estirados. Te sientes, por comparaci\u00f3n, v\u00edctima y verdugo del folcrore m\u00e1s externo y, por lo tanto, m\u00e1s vacuo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Te cobran diez d\u00f3lares como tasa de entrada por barba. Menos mal: sabes que es m\u00e1s f\u00e1cil entrar que salir, que cuesta &#8211;costar\u00e1&#8211; el doble. Inauguras el pasaporte con un estampado de tinta dejado con inmediatez y desgana y las maletas viajas a ritmo de carretilla hasta el autob\u00fas. Subimos y pasamos del infierno del calor h\u00famedo al infierno del aire acondicionado con temperaturas cercanas a las del c\u00edrculo polar \u00e1rtico. Recibimentos. Bienvenidas. Feliz estancia, consejos y esas cosas. El autob\u00fas se desprende de la luz del aeropuerto y horadamos por primera vez el continente entre la oscuridad que deja vislumbrar grandes espesuras de follaje alternado con la nada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Veinte minutos m\u00e1s, llegamos al complejo hotelero. Nos separan de nuestra casa miles de kil\u00f3metros. Veintid\u00f3s horas de viaje. Ya. Una larga y tediosa espera. Pese al cansancio, descubro lo que me gusta la llegada al puerto de destino. No s\u00f3lo ahora, sino siempre, en general, en los viajes y en la vida. Llegas a un territorio ignoto que ser\u00e1 pronto tu casa. Nos familiarizamos pronto con los lugares y la rutina. De momento, s\u00f3lo unas pocas personas que nos acompa\u00f1aban en el autob\u00fas, un recepcionista calmoso hasta la desesperaci\u00f3n y un botones que lanza a cada hu\u00e9sped a ritmo de cochecito. Para aqu\u00ed, para all\u00e1. Al fondo, se empiezan a o\u00edr risas apresuradas. Parecen surgir de ninguna parte, pero todos llevan en la mano un jugo brioso con fruta y achispado de alcohol. Es f\u00e1cil deducir que, dentro de su organismo, metabolizan a duras penas muchos m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al final, esa recepci\u00f3n no era nuestro destino final. Nos conducen a otro hotel y se vuelven a repetir de forma cansina los mismos protocolos. De momento, no hemos visto el mar desde este lado. De momento, s\u00f3lo hemos adivinado las palmeras. De momento, s\u00f3lo certificamos nuestra llegada con el calor tropical, que volver\u00e1 a ser anulado al entrar en la habitaci\u00f3n, que parece estar a treinta grados bajo cero. La \u00faltima propina y la soledad de padre e hijo. Cansados y sudorosos, nos lanzamos a la exploraci\u00f3n del que ser\u00e1 nuestro h\u00e1bitat. No tiene mala pinta, hasta llegar al ba\u00f1o, al que le sobran veinte a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al poco tiempo, mientras aliviaba los l\u00edquidos retenidos, constato que el sistema de cisterna del ba\u00f1o es muy diferente al nuestro. All\u00ed el agua se aloja muy generosamente en el inodoro. Pienso que puede ser un defecto y vuelvo a tirar de la cadena. Pero no. Tendremos que convivir con la ef\u00edmera visi\u00f3n de nuestras propias deyecciones, explorando el interior sucio de nuestros cuerpos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos metemos en la cama agotados. Son las dos de la ma\u00f1ana de un largo d\u00eda con demasiadas horas. Y ya lo hemos dicho: todav\u00eda no hemos visto la luz del continente. Tampoco el\u00a0 mar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El avi\u00f3n se posa en el suelo con la calma contenida en una convulsi\u00f3n nocturna. T\u00edmidos aplausos. El aeropuerto, m\u00e1s que ex\u00f3tico, es bello a la luz t\u00edmida de la llegada.\u00a0 Un calor pegajoso nos despierta. Con los primeros pasos, comprobamos el imperio de la negritud. 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