{"id":1840,"date":"2009-08-18T19:33:33","date_gmt":"2009-08-18T17:33:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/?p=1840"},"modified":"2010-08-10T09:40:33","modified_gmt":"2010-08-10T07:40:33","slug":"diario-de-un-turista-9","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/2009\/08\/18\/diario-de-un-turista-9\/","title":{"rendered":"Diario de un turista #9"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a class=\"tt-flickr tt-flickr-Medium\" title=\"URB Punta Cana 089-2\" href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/urbinavolant\/3780825283\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/farm3.static.flickr.com\/2542\/3780825283_fee9e3135d.jpg\" class=\"alignnone\" title=\"3780825283 Fee9e3135d\" alt=\"URB Punta Cana 089-2\" width=\"500\" height=\"375\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es un d\u00eda plenamente infantil. De esp\u00edritu, naturalmente. Porque, de pecho a espalda, de planta de los pies a coronilla, las vacaciones tur\u00edsticas son infantiles. Por excelencia. Llegamos al Caribe <em>de facto<\/em>. Hasta ahora, el Caribe era s\u00f3lo un espejismo reflejado en unas c\u00e1lidas agua de un oc\u00e9ano atl\u00e1ntico. Pero ahora s\u00ed, ahora podemos decir que nuestros pies se ba\u00f1an en las aguas del Caribe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comenzamos con un periplo en autob\u00fas del que daremos cuenta en nuestra pr\u00f3xima entrada. Hoy, como dec\u00eda, es d\u00eda de fiesta para nuestros esp\u00edritus. La aventura comienza en un catamar\u00e1n que, acompasado por el ritmo del mar y percutido por el ritmo machac\u00f3n de los altavoces, nos va adentrando por lo que tanto hab\u00edamos so\u00f1ado, de grandes y de peque\u00f1os. La cosa comienza mal, porque uno de los hitos en la traves\u00eda es ver la isla donde tienen sus lindas chozas los famosos. Esto nos emociona a medias, porque hasta que los famosos no vengan a Burgos en autob\u00fas para pasar por enfrente de nuestra casa no estaremos en igualdad de condiciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, despu\u00e9s de la an\u00e9cdota, empezamos a divisar Isla Catalina, un maravilloso paraje natural que los turistas como nosotros acabaremos por joder pasando el tiempo. Esto de joder, siempre que sea mutuo, es culpa de dos partes, as\u00ed que s\u00f3lo me siento parcialmente culpable. Una isla bautizada por Col\u00f3n y avispero de piratas que acechaban los barcos que part\u00edan de La Espa\u00f1ola. A los turistas nos gustan los piratas del mismo modo que, como burgueses, nos gusta salir de nuestra monoton\u00eda con ba\u00f1adores de alegres estampados. Los piratas gustan por marginales y todos tenemos un pirata dentro del que s\u00f3lo sacamos a pasear peque\u00f1os gui\u00f1os, gestos y maneras a lo largo de toda una vida. Pero, cuando bajas de la lancha r\u00e1pida que te ha acercado a la playa, es inevitable mirar a lo lejos para, despu\u00e9s, coger aire profundamente y fijar tus ojos en el cielo. Los d\u00f3lares que han gastado los has invertido profundamente en un territorio privilegiado, bello como s\u00f3lo pueden serlo los territorios de nuestros sue\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El d\u00eda pasa entre deportes acu\u00e1ticos tripulados a velocidad de v\u00e9rtigo mezclados con la pr\u00e1ctica del <em>snorkel<\/em> por el coral. Un servidor, que ha sido muy de documentales antes de que ahora le sirvan para mecer su siesta, cuando respira por un tubo mascado por cientos de sus iguales, cuando mira por las gafas que otros tropecientos han usado, se siente \u00fanico. Ya es bonito, de por s\u00ed, escuchar la respiraci\u00f3n propia como si fuese ajena, inutilizada la nariz; pero eso no es nada cuando fijas la vista entre las aguas y ves todo lo que has visto en los acuarios all\u00ed, ante tus pies. Por un momento, te sientes enajenado de todo lo que no es la contemplaci\u00f3n del para\u00edso mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El d\u00eda transcurre con toda la placidez del azul turquesa de las aguas, alimentados por langosta a la plancha y mojados por los poros de nuestra ilusi\u00f3n. La vuelta, en un barco de pesca, es m\u00e1s accidentada, con una mar cabreada que provoca que tengamos que rescatar a un muchacho que las pasaba canutas en su lancha. Pero la aventura no acababa, porque nos aguardaban los Altos de Chav\u00f3n, que para m\u00ed no tienen inter\u00e9s alguno: a un millonario le da por hacerle un regalito a su hija y estampa en piedras y edificaciones las ciudades italianas del Medievo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, subir a los Altos de Chav\u00f3n nos permite ver el r\u00edo Chav\u00f3n mismo, del que me importa un huevo que fuese escenario para el rodaje de <em>Rambo II<\/em>. Fue tambi\u00e9n el lugar de rodaje de <em>Apocalypse Now<\/em>, y eso s\u00ed me llega al coraz\u00f3n de las tinieblas. Es la paradoja viviente de un para\u00edso del tr\u00f3pico americano que se viste ahora para la guerra de Vietnam. El hombre que se mete en medio de la naturaleza para sufrir todas las consecuencias. Todo lo contrario de nuestra visi\u00f3n, edulcorada por nuestras c\u00e1maras digitales y sonriendo, inconscientes de nuestros destinos, que siempre son los mismos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un d\u00eda &#8211;el d\u00eda&#8211; en el que llegamos, nadando y ojo avizor, al centro de nosotros mismos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es un d\u00eda plenamente infantil. De esp\u00edritu, naturalmente. Porque, de pecho a espalda, de planta de los pies a coronilla, las vacaciones tur\u00edsticas son infantiles. Por excelencia. Llegamos al Caribe de facto. Hasta ahora, el Caribe era s\u00f3lo un espejismo reflejado en unas c\u00e1lidas agua de un oc\u00e9ano atl\u00e1ntico. 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