{"id":3299,"date":"2011-03-29T18:59:25","date_gmt":"2011-03-29T17:59:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/?p=3299"},"modified":"2011-03-29T18:59:25","modified_gmt":"2011-03-29T17:59:25","slug":"por-el-viento-escondido-tras-las-esquinas-fragmentos-31","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/2011\/03\/29\/por-el-viento-escondido-tras-las-esquinas-fragmentos-31\/","title":{"rendered":"Por el viento escondido tras las esquinas &#8211; Fragmentos #31"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/victoriagracia\/4506962942\/\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3300\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/4506962942_e39fffe297.jpg?resize=500%2C375&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"375\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/4506962942_e39fffe297.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w, https:\/\/i0.wp.com\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/4506962942_e39fffe297.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Javier ha mirado por la ventana. La claridad y el alboroto de los viandantes, animados por el sol y un tiempo primaveral de verdad, le ha contagiado con una sonrisa. Javier se conoce lo suficiente como para saber que este movimiento hacia arriba de los labios, aparentemente f\u00e1cil, no es impostado. Le ha salido de forma espont\u00e1nea por primera vez desde hace tiempo. Las \u00faltimas semanas le han acostumbrado al peso del silencio y de la preocupaci\u00f3n, al toma y daca de las tensiones que acaban por desparramarse entre los quicios de la nada. Javier sigue mirando y decide unirse a la fiesta del deambular callejero aprovechando la hora de luz y, por lo tanto, de un tiempo amable que le acaricie las mejillas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Baja las escaleras de casa con la precauci\u00f3n de que no le duela el menisco, torturado por un movimiento brusco y por a\u00f1os y a\u00f1os de rigores deportivos. Javier abre la puerta del portal e, inconscientemente, inhala una porci\u00f3n de aire que hace suyo degust\u00e1ndolo y reteni\u00e9ndolo durante unos segundos. Su terapeuta le ense\u00f1\u00f3 a dosificar su respiraci\u00f3n, a controlar sus tiempos para controlar sus nervios. Para cualquiera que no lo conozca, la personalidad de Javier es tan suave como la seda, reposada, serena y racional. En el interior, Javier es otra cosa: inseguro en su seguridad, razonable en su zozobra. Javier avanza en su paseo hacia un jard\u00edn cercano. Una joven empuja la silla de ruedas de una mujer que permanece con las piernas tapadas por una manta. La joven maneja la silla con soltura y, mientras empuja con la mano izquierda, aprovecha la izquierda de cuando en cuando para ir pelando y masticando pipas. La mujer tuerce la boca musitando alguna palabra, pero la joven sigue, indiferente, con su mirada fija hacia el horizonte. Javier se fija en un padre que, con los ri\u00f1ones al aire, empuja el sill\u00edn de la bici de un ni\u00f1o peque\u00f1o que tiene dentro de s\u00ed todos los miedos del equilibrio. El ni\u00f1o llora y el padre r\u00ede m\u00e1s como recurso de atenuaci\u00f3n que otra cosa. Al poco, se detiene sin haber podido conseguir su objetivo. Javier, sin querer, deja de prestar atenci\u00f3n a su entorno para volverse hac\u00eda s\u00ed mismo. De forma compulsiva, coge el m\u00f3vil y rastrea los mensajes y las \u00faltimas novedades de las redes sociales. Javier sabe que su vida se parece a una chabola elaborada con materiales de baja calidad y que se desmoronar\u00e1 a poco que las inclemencias del tiempo le den un par de envites. Ahora se fija en una pareja de chicos muy j\u00f3venes que comparten la m\u00fasica de su reproductor, \u00e9l con el auricular en su oreja izquierda y ella con el suyo en la derecha. Se dicen algo y se empujan, en un movimiento chocantemente arm\u00f3nico y c\u00f3mplice.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00fabitamente, Javier se da la vuelta y emprende el camino de regreso. El sol ha ido quedando derrotado por la tarde, por el viento fr\u00edo escondido tras las esquinas. Ha subido a su casa por el ascensor. Al llegar a su vivienda, se ha puesto la ropa de casa y, de nuevo, ha vuelto a ver la vida desde la ventana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Esta entrada permanece al proyecto narrativo <a href=\"http:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/tag\/fragmentos-para-una-teoria-del-caos\/\" target=\"_blank\">Fragmentos para una teor\u00eda del caos<\/a>. Imagen de <a href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/victoriagracia\/4506962942\/\" target=\"_blank\">Victoria Gracia<\/a>.)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Javier ha mirado por la ventana. 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