{"id":3433,"date":"2011-06-07T12:28:12","date_gmt":"2011-06-07T11:28:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/?p=3433"},"modified":"2011-06-07T12:28:12","modified_gmt":"2011-06-07T11:28:12","slug":"en-la-linea-de-caja-numero-17-fragmentos-31","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/2011\/06\/07\/en-la-linea-de-caja-numero-17-fragmentos-31\/","title":{"rendered":"En la l\u00ednea de caja, n\u00famero 17 &#8211; Fragmentos #31"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/landahlauts\/5538136741\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3434\" src=\"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/5538136741_ef5d1ff07e.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"340\" srcset=\"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/5538136741_ef5d1ff07e.jpg 500w, https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/5538136741_ef5d1ff07e-300x204.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Olga lleva ya seis horas en el puesto n\u00famero 17 de la l\u00ednea de cajas del hipermercado en el que lleva trabajando desde hace seis a\u00f1os. Olga estren\u00f3 su trabajo con ilusi\u00f3n, calzada con unos patines y con la tarea de controlar y comprobar los precios de las promociones y los c\u00f3digos de barras defectuosos. Sus piernas ten\u00edan toda la fuerza, todo el vigor del que empieza con algo diferente en una vida. Olga hab\u00eda empezado la carrera de magisterio, pero un conjunto de azares negativos, las matem\u00e1ticas y una asignatura de pedagog\u00eda se pusieron en medio del camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Olga ahora contempla cada d\u00eda como una inmensa rutina. Los d\u00edas, los meses y los a\u00f1os han ido apeando la sonrisa pl\u00e1cida con la que acompa\u00f1aba los buenos d\u00edas, las buenas tardes. El contacto visual con los clientes se ha ido disipando a medida que ha ido comprobando que estos no la diferenciaban demasiado de los estantes de la caja de las galletas y cereales. Hoy las cosas se est\u00e1n dando peor de lo previsto: problemas con el lector \u00f3ptico, con la lectura de las tarjetas de cr\u00e9dito, con unos cambios que no llegan nunca. Parece que entre la caja central y la caja diecisiete media un abismo de kil\u00f3metros, que se extiende entre el tiempo y los gestos de unos clientes impacientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Olga levanta la vista y ve que la cola en su caja se hace cada vez m\u00e1s larga. Intenta no o\u00edr los comentarios cada vez m\u00e1s desabridos y elevados en el tono y en las maneras. Olga se ha puesto nerviosa y ese temblor de manos no le ayuda precisamente a pulsar la tecla adecuada. Por un momento, Olga desea con todas sus fuerzas soltar un grito, mandarlo todo a la mierda, arrancarse la tarjeta de identificaci\u00f3n con un nombre que nunca ha pasado de ser m\u00e1s que eso. Olga intenta respirar con la suficiente hondura como para no ahogarse, pero con la suficiente dulzura como para pasar desapercibida. Levanta la cara y mira a la persona que aguarda. Cree que la conoce, pero Olga ha llegado a un punto en el que no llega a diferenciar si las personas que pasan por su caja son conocidas porque se cruzaron en alg\u00fan momento de su vida o, si por el contrario, tan solo ha coincidido con ellas a la hora de ir cogiendo enseres de la cinta negra que le acerca los alimentos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Olga presenta hoy algo en com\u00fan con el resto de sus compa\u00f1eras. Bajo la uniformidad de su atuendo, que no llega a ser elegante pero que pretende, al menos, ser discreto, \u00a0la cara de Olga est\u00e1 maquillada, los labios pintados de un color discreto, los ojos con una sombra del color del que ser\u00e1 su vestido a la hora de la salida. Olga ha ido por la ma\u00f1ana a casa de su prima, que estudia un m\u00f3dulo de peluquer\u00eda. Le ha dado unas mechas, le ha cortado las puntas, le ha dado cierto volumen a su pelo con el cepillo. Olga lleva ya casi recorrida su larga tarde de viernes y no ve el momento de llegar a la taquilla, cambiarse y salir a ver el cielo, por fin, oscuro, lejano por lo tanto a la blanca artificialidad que le altera los ritmos circadianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Unos minutos antes de acabar su jornada, Olga ha recibido un mensaje en su m\u00f3vil: \u00ablo siento wapa oi no voi a poder llegar a tiempo ke lo pases bien 1 bst\u00bb. \u00a0Lo que Juli\u00e1n no sabe es que Olga hab\u00eda cancelado todos sus compromisos con sus amigas, hab\u00eda dejado el resto de puertas abiertas para recibir esta noche tan especial como si fuese la \u00faltima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el \u00faltimo rato libre que ha tenido libre en toda la tarde, Olga ha empezado a hacer recuento de los tiques de los clientes que han pagado con tarjeta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Imagen de <a href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/landahlauts\/5538136741\">Landahlauts<\/a>.)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Olga lleva ya seis horas en el puesto n\u00famero 17 de la l\u00ednea de cajas del hipermercado en el que lleva trabajando desde hace seis a\u00f1os. 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