{"id":3724,"date":"2011-12-22T19:49:21","date_gmt":"2011-12-22T18:49:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/?p=3724"},"modified":"2011-12-22T19:49:21","modified_gmt":"2011-12-22T18:49:21","slug":"un-tigre-invisible-en-el-infierno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/2011\/12\/22\/un-tigre-invisible-en-el-infierno\/","title":{"rendered":"Un tigre invisible en el infierno"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/stathis1980\/4525784999\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-3725\" title=\"4525784999_6f2af101c9_z\" src=\"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/4525784999_6f2af101c9_z.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"640\" srcset=\"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/4525784999_6f2af101c9_z.jpg 640w, https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/4525784999_6f2af101c9_z-290x290.jpg 290w, https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/4525784999_6f2af101c9_z-300x300.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ten\u00eda tantas ganas de componer esta entrada que, al final, se me atragantaba en cada borrador con el que intentaba acometerla. Hoy la escribir\u00e9, pase lo que pase. El pasado d\u00eda 18, Luz S\u00e1nchez-Mellado escrib\u00eda en El Pa\u00eds uno de los reportajes que m\u00e1s me ha llegado hasta el tu\u00e9tano. Se titula <a href=\"http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/portada\/Ansiosos\/elpepusoceps\/20111218elpepspor_11\/Tes\" target=\"_blank\">\u00abAnsiosos\u00bb<\/a> y es, a mi juicio, el mejor an\u00e1lisis que se ha hecho desde fuera de lo que siente alguien que padece de ansiedad desde bien dentro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ansiedad no es, en el fondo, m\u00e1s que un mecanismo de defensa con el que nuestro organismo nos protege ante la eventualidad de cualquier peligro. Se manifiesta, por primera vez de modo casi azaroso.\u00a0Uno est\u00e1 tranquilamente en su casa, en cualquier sitio, y empieza a sentir un peque\u00f1o malestar: su coraz\u00f3n empieza a acelerarse y nota un sudor fr\u00edo. Parece que le cuesta respirar, que tiene un malestar en la regi\u00f3n tor\u00e1cica. Nota una ligera sensaci\u00f3n de mareo, posiblemente acompa\u00f1ado de una sensaci\u00f3n de desrealizaci\u00f3n, de que las cosas son y est\u00e1n, pero ni son ni est\u00e1n como parecen. El primer d\u00eda, piensa que le est\u00e1 dando un ataque card\u00edaco. Puede que necesite una visita r\u00e1pida a un hospital. All\u00ed, los m\u00e9dicos descartan que sea una urgencia vital. Le meten una pastilla debajo de la lengua y le reconfortan. \u00abNo pasa nada\u00bb. Pero s\u00ed pasa. Los ataques pueden repetirse. No se sabe con qu\u00e9 frecuencia. No avisan. El cuerpo no le comunica al que lo padece que vuelve a ser lo mismo, porque es lo mismo, pero diferente. Cuando pasa por media docena de ataques, intenta ya situarse sin decir nada. La mayor parte de las ocasiones, llega de noche. Y el que lo sufre intenta mantener una calma imposible en silencio. Intenta relajarse, pero el control de su cuerpo lo tienen las emociones y no las razones. De hecho, procura dormirse aunque no llegue a firmar que de ese sue\u00f1o logre despertarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La noches pasan, a veces, entre sobresaltos, o despert\u00e1ndose en medio de la noche, o demasiado pronto. Una noche tras otra. Cuando llega la ma\u00f1ana, no se tiene tanto la sensaci\u00f3n de no haber dormido como la de no haber descansado. El resto del d\u00eda pasa entre una tensi\u00f3n que, en muchas ocasiones, acaba con dolor de cabeza o con unas mand\u00edbulas en opresi\u00f3n constante. El mal est\u00e1 tan generalizado que se convive con \u00e9l durante todo el d\u00eda. En un espejismo vital, se llega a pensar que ese es el estado natural. En medio de situaciones normales, surgen los interrogantes sobre la vida, la imposibilidad de pensar a un medio o a un largo plazo de forma pausada. No se trata de pesimismo, sino de una inecuaci\u00f3n entre el futuro y la perspectiva. Alg\u00fan m\u00e9dico le recetar\u00e1 unos comprimidos, pero se sabe que estos no aliviar\u00e1n nunca la causa, sino que maniobrar\u00e1n de forma torticera sobre el efecto. Decide vivir en el quicio, pero a pelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El miedo, la sensaci\u00f3n de angustia no poseen, en muchas ocasiones, una proporci\u00f3n directa con sucesos vitales concretos; aunque todo el que los padece sabe, que de una u otra manera, estos sucesos vitales act\u00faan como factor desencadenante de una m\u00e1s que posible raz\u00f3n gen\u00e9tica. En el art\u00edculo, Luz S\u00e1nchez-Mellado lo explica de forma magistral: nuestro cuerpo act\u00faa como si se enfrentarse a una amenaza real de peligro. Lo que ocurre, en este caso, es que no hay peligro real a la vista: el cerebro act\u00faa como si tuvi\u00e9semos a una fiera ante nosotros y tuvi\u00e9semos que salvar la vida. Pero no hay tigre. Ese estado que nos salva la vida cuando es necesario, nos paraliza y aniquila cuando salta sin que nada lo exija ni nadie se lo pida. La alarma se dispara. El edificio se quema, se calienta, pero no hay llamas. El d\u00eda a d\u00eda pasa por sentirse con los nervios a flor de piel, por no ser capaz de controlar las preocupaciones, por preocuparse demasiado por las cosas y darles demasiadas vueltas, por la imposibilidad de estar relajado, por sentirse muy frecuentemente irritable o disgustado y con una sensaci\u00f3n de tener el miedo metido en el cuerpo. De vez en cuando, el cuerpo se rompe un poco m\u00e1s, se rasga y se desboca a partes iguales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alrededor, la gente no se entera o no se inmuta. O no se da por aludido. Se tiene el convencimiento de que hay cerca un bicho raro, de mal car\u00e1cter y que se pone nervioso por frusler\u00edas. Todo se achaca m\u00e1s a una forma de ser, que no es, que a una forma de sufrir. Ni se alteran ni se inmutan porque no saben que no existe un tigre, pero el miedo y el dolor son reales como sus garras y como sus dentelladas. La vida se va volcando en peque\u00f1as o grandes obsesiones: cuando no es el trabajo, es el deporte; cuando no es ninguno de los dos, surge siempre otra cosa. Como dice el art\u00edculo, son personas a las que, a menudo, les gust\u00f3 \u2013les gusta\u2013 trabajar bajo presi\u00f3n. Lo mismo que su cerebro se vuelve totalmente inoperante en algunas ocasiones, en otras muchas permanece en estado de ebullici\u00f3n constante, del que salen muy buenas ideas y del que supuran tambi\u00e9n muchas miserias.\u00a0Como en la afirmaci\u00f3n de un m\u00e9dico de urgencias con la que acaba el art\u00edculo:\u00a0\u00abNadie sabe lo que es el infierno hasta que no lo tiene dentro\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa es la ansiedad. Quien la prob\u00f3, lo sabe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Imagen de <a href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/stathis1980\/4525784999\/\" target=\"_blank\">Stathis Stavrianos<\/a>.)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ten\u00eda tantas ganas de componer esta entrada que, al final, se me atragantaba en cada borrador con el que intentaba acometerla. Hoy la escribir\u00e9, pase lo que pase. El pasado d\u00eda 18, Luz S\u00e1nchez-Mellado escrib\u00eda en El Pa\u00eds uno de los reportajes que m\u00e1s me ha llegado hasta el tu\u00e9tano. Se titula \u00abAnsiosos\u00bb y es, &#8230; <a title=\"Un tigre invisible en el infierno\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/2011\/12\/22\/un-tigre-invisible-en-el-infierno\/\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Un tigre invisible en el infierno\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_kadence_starter_templates_imported_post":false,"footnotes":""},"categories":[37,34],"tags":[],"class_list":["post-3724","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-abismo","category-ansiedad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3724","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3724"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3724\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3724"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3724"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3724"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}