{"id":4207,"date":"2013-02-06T21:52:39","date_gmt":"2013-02-06T20:52:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/?p=4207"},"modified":"2013-02-06T21:53:26","modified_gmt":"2013-02-06T20:53:26","slug":"se-siente-tonta-susceptible-y-pesimista-fragmentos-36","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/2013\/02\/06\/se-siente-tonta-susceptible-y-pesimista-fragmentos-36\/","title":{"rendered":"Se siente tonta, susceptible y pesimista &#8211; Fragmentos #36"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/paco_calvino\/4201658570\/\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-4208\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/4201658570_35a03f755d.jpg?resize=289%2C300&#038;ssl=1\" width=\"289\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/4201658570_35a03f755d.jpg?resize=289%2C300&amp;ssl=1 289w, https:\/\/i0.wp.com\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/4201658570_35a03f755d.jpg?w=482&amp;ssl=1 482w\" sizes=\"auto, (max-width: 289px) 100vw, 289px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Marisa ha llegado al bar. Hab\u00eda quedado a las 17:30 para tomar un caf\u00e9 con Julia. Hace m\u00e1s de un mes que no se ve\u00edan y Marisa, al final, la llam\u00f3 ayer para decirle que si se animaba a retomar, aunque fuese por un d\u00eda, su cita habitual de los mi\u00e9rcoles por la tarde. Marisa ha entrado en el bar, ha echado un vistazo general a todas las mesas y, al ver que Marisa no estaba en ninguna de ellas, se ha acordado de las dos mesitas del fondo, que quedan ocultas por la barra. Se ha acercado, pero ha descubierto que estaban desocupadas. Marisa se ha dado la vuelta y ha salido del bar. Tiene la man\u00eda de no esperar sola dentro de los bares cuando queda con alguien. A Marisa siempre la dado la impresi\u00f3n de que estar solo en un bar es la met\u00e1fora m\u00e1s cruel de lo que significa estar solo en el mundo. Por eso, nunca ha entendido a aquellas personas que bajan al bar a desayunar mientras leen el peri\u00f3dico y, mucho menos, a aquellos que est\u00e1n acodados en la barra, con su cerveza o su vino, mirando hacia el infinito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Marisa prefiere esperar en la calle, aunque quede expuesta a la vista de todo el mundo, aunque la espera se vaya convirtiendo, nerviosamente, en duda sobre la hora, a medida que se van estirando los minutos. Despu\u00e9s de mirar fijamente hacia un lado y hacia el otro, Marisa se ha puesto a mirar el escaparate de la ferreter\u00eda por tercera vez y, por tercera vez, se ha sorprendido del precio de ese grifo que, de tan moderno, resulta anticuado. Ha consultado la hora en su reloj y ha sacado del m\u00f3vil del bolso para comprobar que no lo tiene en silencio, que no ha recibido ning\u00fan mensaje de Julia diciendo que se ha entretenido, que llega m\u00e1s tarde. Se ha vuelto a acercar al bar y ha mirado la pizarra en la que est\u00e1 escrito el men\u00fa del d\u00eda. 8,50, qu\u00e9 barato, ha pensado Marisa. Demasiado, para unas cocochas. De d\u00f3nde habr\u00e1n salido. De merluza no son, desde luego. De bacalao, como mucho. Y, por supuesto, congeladas. Marisa, aunque no se ha separado m\u00e1s de cinco metros de la puerta, ha pensado que quiz\u00e1 se ha despistado un momento. Vuelve a entrar al bar y repite la rutina. Llega hasta el final y encuentra a dos chicas, cada una sentada en una mesa, una con un ordenador port\u00e1til y otra tecleando compulsivamente en el tel\u00e9fono m\u00f3vil. Al salir, un grupo de tres chicos se r\u00eden. Marisa, por un momento, piensa que puedan re\u00edrse de ella, que reconstruyan, sin saberla, su historia de forma certera. Acelera el paso para salir cuanto antes, con un cierto rubor en las mejillas. Marisa se siente tonta, susceptible y pesimista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando vuelve a salir a la calle, mira hacia un lado y hacia otro. Consulta al reloj y ve, que tras quince minutos de espera, Julia no llega. Hay dos personas fumando en un barril que sirve de mostrador, muertos de fr\u00edo. Marisa saca el m\u00f3vil, simulando una llamada, hace como que contesta. Y habla: \u00bfJulia? \u00bfS\u00ed? Bueno, no pasa nada. Lo dejamos para otro d\u00eda. Y enfila el camino hacia su casa, con pasos cada vez m\u00e1s lentos, cada vez m\u00e1s cansada de esperar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Imagen de <a href=\"http:\/\/www.flickr.com\/photos\/paco_calvino\/4201658570\/\" target=\"_blank\">Paco CT<\/a>. Esta entrada pertenece a la serie <a href=\"http:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/tag\/fragmentos-para-una-teoria-del-caos\/\" target=\"_blank\">Fragmentos para una teor\u00eda del caos<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marisa ha llegado al bar. Hab\u00eda quedado a las 17:30 para tomar un caf\u00e9 con Julia. Hace m\u00e1s de un mes que no se ve\u00edan y Marisa, al final, la llam\u00f3 ayer para decirle que si se animaba a retomar, aunque fuese por un d\u00eda, su cita habitual de los mi\u00e9rcoles por la tarde. 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