{"id":6884,"date":"2019-02-15T08:31:14","date_gmt":"2019-02-15T07:31:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/?p=6884"},"modified":"2019-02-15T08:31:23","modified_gmt":"2019-02-15T07:31:23","slug":"historias-de-alumnos-el-chico-que-se-lijaba-las-rodillas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/2019\/02\/15\/historias-de-alumnos-el-chico-que-se-lijaba-las-rodillas\/","title":{"rendered":"Historias de alumnos: el chico que se lijaba las rodillas"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><a href=\"https:\/\/flic.kr\/p\/79kUon\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/4032555929_a45cea7163_z.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6885\"\/><\/a><figcaption><br \/><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:18px\">Despu\u00e9s de la historia de ayer, digna del mejor de los sanvalentines, toca abordar otra mucho m\u00e1s&#8230; no s\u00e9 c\u00f3mo llamarla. Pongamos la palabra <em>dif\u00edcil<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:18px\">Todos los que entr\u00e1is aqu\u00ed a leer esta serie ya os imagin\u00e1is, porque a veces lo hab\u00e9is vivido en vuestras propias carnes en ese instituto o en cualquier otro instituto de cualquiera de los mundos posibles aunque dif\u00edcilmente imaginables, que hay historias que, aunque sean ciertas, parecen totalmente inveros\u00edmiles. Si a\u00f1adiese yo algunas de las cosas que s\u00e9 o que he visto en una obra de ficci\u00f3n, me tachar\u00edan de fantasioso o demasiado imaginativo. Pero la realidad es la que es, mucho m\u00e1s cercana a veces a nuestros mejores sue\u00f1os, mucho m\u00e1s pr\u00f3xima otras muchas veces a la pesadilla que nos priva del aliento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:18px\">Hoy voy a contar la historia de Manuel, un chico que lleg\u00f3 en el \u00faltimo curso al instituto. Era bastante frecuente que, en el centro donde trabaj\u00e9, llegasen muchos alumnos en los \u00faltimos a\u00f1os de la ense\u00f1anza secundaria. En algunas ocasiones, por motivos evidentes: hab\u00edan estado en otros centros concertados hasta un nivel determinado y acud\u00edan al nuestro para finalizar de manera gratuita. En otras ocasiones, llegaban rebotados de otros centros por diferentes razones. O, simplemente, llegaban al nuestro deseosos de un cambio de aires.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:18px\">No s\u00e9 cu\u00e1l era el caso de Manuel porque no era su tutor, pero me lo imagino. Creo que era uno de esos chicos de colegio de pago que hab\u00eda patinado un poco con las notas y que hab\u00eda recalado en el instituto para ver si un cambio le ayudaba o le fortalec\u00eda. Y le vino bien, porque Manuel, sin ser una inteligencia desbordante, fue resolviendo sus cuestiones acad\u00e9micas de forma m\u00e1s que solvente en las dos materias que impart\u00ed yo ese a\u00f1o en su curso, Literatura del siglo XX e Historia de la Filosof\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:18px\">Como ya ha aparecido muchas veces aqu\u00ed, es inevitable recordar su sonrisa. Bueno, m\u00e1s que su sonrisa, su carcajada, una risa desbordante y contagiosa en una cara muy agradable y simp\u00e1tica. Porque Manuel era un chico educado, sociable y encantador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:18px\">Un d\u00eda estaba yo a la hora del caf\u00e9 en un bar pr\u00f3ximo y, como sol\u00eda ocurrir con cierta frecuencia, me sent\u00e9 con alguno de los grupos de alumnos mayores que estaban por all\u00ed. Ahora que no nos escucha nadie, pasaba muy buenos ratos en esos momentos de charla distendida y ajena a todo lo acad\u00e9mico. All\u00ed estaba Manuel. Hablaba de una de sus aficiones deportivas (practicaba el  <em>taekwondo<\/em>) y, en un momento, dentro de esa conversaci\u00f3n normal y entre risas, solt\u00f3 algo que a \u00e9l le pareci\u00f3 totalmente normal y que al resto nos puso la carne de gallina. Comentaba que le daba verg\u00fcenza que le viesen las rodillas en el gimnasio o en las piscinas, que las ten\u00eda demasiado oscuras. Nunca he llegado a calibrar las tonalidades de las rodillas en contraste con otros lugares del cuerpo, pero me imagino que nunca ser\u00eda tan grave como para ser causa de esa preocupaci\u00f3n, que llegaba, seg\u00fan \u00e9l, al trauma. Pero, como he adelantado en el t\u00edtulo de la entrada, lo m\u00e1s preocupante no era el s\u00edntoma, sino el \u00abtratamiento\u00bb que le daba a su \u00abproblema\u00bb: para quitar ese oscurecimiento, Manuel se lijaba las rodillas. El remedio, era mucho peor que la enfermedad, porque ese aclarado blanquecino inicial acababa en enrojecimiento y, con el tiempo, deriv\u00f3 en herida permanente. Pero, seg\u00fan me enter\u00e9 alg\u00fan d\u00eda por motivos que no ven\u00edan a cuento, Manuel prefer\u00eda unas rodillas heridas, incluso vendadas, que unas rodillas sanas pero oscuras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:18px\">En ese momento en el bar, me vinieron mil interrogantes sobre los laberintos en los que nos perdemos los seres humanos. Cuando \u00e9l se march\u00f3, todos permanecimos un rato sentados. La situaci\u00f3n era inc\u00f3moda. Yo quer\u00eda hablar, pero me hab\u00eda quedado sin palabras. Lo peor vino despu\u00e9s. Sus compa\u00f1eros no sab\u00edan todo el asunto de las rodillas, pero conoc\u00edan man\u00edas mucho m\u00e1s preocupantes de Manuel. Al parecer, el chico ten\u00eda la costumbre de estar sentado en la mesa del bar con los amigos, con los compa\u00f1eros y orinar debajo de la mesa. Con ellos ya lo hab\u00eda hecho varias veces. No se le escapa, sino que era un acto deliberado: se bajaba la bragueta y dejaba desparramar el l\u00edquido. Luego, con esa carcajada contagiosa de la que he hablado al principio, Pero no era una travesura ni una gamberrada que hiciese en silencio. Manuel les hac\u00eda part\u00edcipes de ese acto que le provocaba una risa intensa y desbordada como el or\u00edn que corr\u00eda ya por el suelo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:18px\">Y creo que todos nos preguntamos ahora (yo lo sigo haciendo) qu\u00e9 le ocurr\u00eda a Manuel. Yo a\u00fan no he encontrado la respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta entrada pertenece a la serie\u00a0<em><a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/tag\/historias-de-alumnos\/\" target=\"_blank\">Historias de alumnos<\/a><\/em>. Para salvaguardar las identidades, los nombres no son los reales y puede que se cambien algunas circunstancias contextuales, si ello es necesario para no revelar el secreto profesional. Tambi\u00e9n es conveniente recordar que, como puede suponerse, las historias se cuentan aqu\u00ed de una manera resumida y que, en la vida real, tuvieron muchos m\u00e1s matices. Imagen de <a href=\"https:\/\/flic.kr\/p\/79kUon\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\" aria-label=\" (opens in a new tab)\">Cobeete<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de la historia de ayer, digna del mejor de los sanvalentines, toca abordar otra mucho m\u00e1s&#8230; no s\u00e9 c\u00f3mo llamarla. Pongamos la palabra dif\u00edcil. 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