{"id":7161,"date":"2019-10-16T17:26:56","date_gmt":"2019-10-16T16:26:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/?p=7161"},"modified":"2019-10-16T17:27:04","modified_gmt":"2019-10-16T16:27:04","slug":"bianca-entra-a-su-trabajo-como-vigilante-de-los-museos-vaticanos-a-las-ocho-menos-cuarto-de-la-manana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/2019\/10\/16\/bianca-entra-a-su-trabajo-como-vigilante-de-los-museos-vaticanos-a-las-ocho-menos-cuarto-de-la-manana\/","title":{"rendered":"Bianca entra a su trabajo como vigilante de los Museos Vaticanos a las ocho menos cuarto de la ma\u00f1ana"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"874\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/cq5dam.web_.1280.1280-874x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7169\" srcset=\"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/cq5dam.web_.1280.1280-874x1024.jpeg 874w, https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/cq5dam.web_.1280.1280-256x300.jpeg 256w, https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/cq5dam.web_.1280.1280-768x899.jpeg 768w, https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/cq5dam.web_.1280.1280.jpeg 1093w\" sizes=\"auto, (max-width: 874px) 100vw, 874px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:17px\">Bianca entra al museo en el turno de ma\u00f1ana. Son las ocho menos cuarto y va pasando por los controles para empleados que van realizando con cierta desgana sus compa\u00f1eros de seguridad. Se dirige a los vestuarios para ponerse un uniforme que, desde hace un par de meses, le queda mucho m\u00e1s holgado. En el cuello de la camisa le caben ya dos dedos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:17px\">Tres compa\u00f1eras suyas, entre risas, comentan algo de una cena del d\u00eda anterior, a la que Bianca no fue. Pese a llevar ya nueve meses como vigilante de sala en los Museos Vaticanos, a\u00fan no se ha integrado del todo en las rutinas de ocio de todos los que trabajan all\u00ed. Mientras sale junto a ellas, antes de llegar a su puesto, se detiene a hablar con Carlo, que est\u00e1 cerca de ella, tambi\u00e9n en las salas de arte religioso moderno. Carlo siempre est\u00e1 sonriente, aunque hoy tiene cara de no haber dormido bien, o no haber dormido suficiente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:17px\">Carlo y Bianca han charlado mucho sobre sus circunstancias a lo largo de las semanas que han compartido en salas colindantes. Se sienten insignificantes, entre obras maestras fabulosas, pero siempre condicionadas a ser un lugar de paso entre Rafael y Miguel \u00c1ngel. La Capilla Sixtina parece el destino al que todo turista se abalanza y la prisa solamente se matiza cuando los miembros del safari tur\u00edstico en el que se han convertido los museos se detienen ante la sencillez, maestr\u00eda y, por qu\u00e9 no decirlo, ingenuidad de Rafael. A Bianca le gust\u00f3 mucho cuando Carlo y ella, al acabar la jornada al poco de empezar, le dijo que Rafael le recordaba a los dibujos de Walt Disney.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:17px\">Bianca no puede evitar recordar su primer gran trabajo, en la galer\u00eda de Villa Borghese. Despu\u00e9s de acabar los estudios universitarios de Historia del Arte y aterrizar como camarera en una <em>trattoria<\/em>, siempre hab\u00eda querido trabajar en un museo. Cuando vio que las plazas m\u00e1s codiciadas eran poco accesibles para ella y sus circunstancias, Bianca empez\u00f3 como vigilante de sala y le pareci\u00f3 el para\u00edso. Todas las ma\u00f1anas se enfrentaba a la contemplaci\u00f3n y al deleite del rapto de Proserpina. Bianca lleg\u00f3 a conocer cada gesto, cada m\u00fasculo, cada matiz, sorprendida por c\u00f3mo consegu\u00eda el escultor mostrar la delicadeza del muslo hendido por la mano vigorosa. La galer\u00eda era, en muchos momentos del d\u00eda, un remanso de paz, solo revuelta en las horas punta o en los meses de avalancha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:17px\">Bianca, empujada por su hermano y sus padres, decidi\u00f3 dar el salto a los Museos Vaticanos pensando que cambiaba de dimensi\u00f3n y categor\u00eda. Todo sali\u00f3 bien y qued\u00f3 por encima de otros aspirantes. Cuando la mujer que se hizo por primera vez de estos museos reuni\u00f3 a todos los vigilantes de sala para contarles su nueva filosof\u00eda sobre las exposiciones y las obras, Bianca se contagi\u00f3 de su entusiasmo. Recuerda esa charla con cierta nostalgia, todos los trabajadores vigorizados por la arenga y rematando el acto con un sonoro aplauso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:17px\">El primer destino fue la Capilla Sixtina, ni m\u00e1s ni menos. Pero Bianca tuvo pocas oportunidades de dialogar con el genio y las pinturas al fresco. Se sent\u00eda rid\u00edcula dando palmadas (tanto ruido para exigir silencio) y recordando cada medio segundo que estaba prohibido sacar fotograf\u00edas. Bianca empez\u00f3 a notar que la capilla la asfixiaba, la exprim\u00eda. Que los turistas manaban por la sala e irrump\u00edan de forma salvaje en la delicada vida del arte para mancillarlo con su interesada indiferencia, con sus voces elevadas, esas que Bianca ten\u00eda la obligaci\u00f3n de sofocar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:17px\">Despu\u00e9s de algunos cambios, instalaron a Bianca en la zona de obras contempor\u00e1neas. En concreto, Bianca cohabitaba desde hace mucho con el estudio sobre el retrato del papa Inocencio X de Vel\u00e1zquez,  de Francis Bacon. El primer d\u00eda, no pudo evitar quedarse contemplando al papa retratado para dentro, sintiendo, por un lado, un profundo rechazo y, por otro, una extra\u00f1a sinton\u00eda. Fue un ritual que segu\u00eda nada m\u00e1s entrar a la sala.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:17px\">Despu\u00e9s, lleg\u00f3 al vac\u00edo. Sin apenas percibirlo, Bianca fue asimilando todas las rutinas. Conoce al dedillo el n\u00famero de pasos que hay desde su silla hasta la pared del fondo. Hace apuestas sobre s\u00ed misma sobre el visitante que se detendr\u00e1 delante de alguno de los cuadros de la sala y, normalmente, no se equivoca. Contempla los moh\u00ednes de extra\u00f1eza, de rechazo incluso, que a algunos les provoca la obra de Bacon. Ve c\u00f3mo farfullan cr\u00edticas a ese retrato hondo, tan modernamente realista y la indiferencia o el desconocimiento de muchos ante las diferentes gradaciones de lo bello.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:17px\">Bianca pas\u00f3 a fijarse en c\u00f3mo iban vestidos los turistas, cargados de libros, audiogu\u00edas y planos. O, simplemente, libres de toda carga, ligeros en ese camino que conduce a ninguna parte o a todos los sitios. No puede reprimir inventar historias sobre las vidas de todos los transe\u00fantes, como la historia que, adornada mil veces, se ha convertido en un cl\u00e1sico de las conversaciones entre amigos, la de la se\u00f1ora que acude cada martes por la ma\u00f1ana, contempla y siente el silencio del cuadro de Bacon y llora cada vez que se marcha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:17px\">Hace un par de semanas, lleg\u00f3 el momento m\u00e1s triste para Bianca. Se dirigi\u00f3 hacia su puesto, en la silla junto a la ventana, sin alzar ni una sola vez la vista para disfrutar de lo que tanto ama. El tiempo ya no pasa girando sobre las obras de arte, sino sobre el c\u00f3mputo de mujeres sin pendientes, de hombres con cazadora gris o de ancianos con bast\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:17px\">De tanto vigilar que no suceda nada, Bianca ha acabado por vaciar su existencia. En su trabajo y en su vida, ha pasado de sentir placer a sentir nervios, y de sentir nervios a sentir miedo. El miedo que ahora le atenaza la garganta cuando, al acabar la jornada, le entran ganas de llorar. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta entrada pertenece a la serie\u00a0<a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"http:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/tag\/fragmentos-para-una-teoria-del-caos\/\" target=\"_blank\">Fragmentos para una teor\u00eda del caos<\/a>.<br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bianca entra al museo en el turno de ma\u00f1ana. 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