{"id":7360,"date":"2020-03-08T19:48:00","date_gmt":"2020-03-08T18:48:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/?p=7360"},"modified":"2020-03-08T19:48:06","modified_gmt":"2020-03-08T18:48:06","slug":"un-homenaje-a-carlos-alonso-en-tres-vueltas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/2020\/03\/08\/un-homenaje-a-carlos-alonso-en-tres-vueltas\/","title":{"rendered":"Un homenaje a Carlos Alonso en tres vueltas"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Captura-de-pantalla-2020-03-08-a-las-19.47.00.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-7364\" width=\"170\" height=\"308\" srcset=\"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Captura-de-pantalla-2020-03-08-a-las-19.47.00.png 340w, https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Captura-de-pantalla-2020-03-08-a-las-19.47.00-166x300.png 166w\" sizes=\"auto, (max-width: 170px) 100vw, 170px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sucedi\u00f3 hace casi una semana ya. Me enter\u00e9 de la muerte de Carlos Alonso a trav\u00e9s de las redes sociales de un modo tristemente progresivo: primero, vi el perfil de la Polic\u00eda Local de Burgos con un cresp\u00f3n negro. Despu\u00e9s, le\u00ed mencionado un nombre, Carlos, sin dar m\u00e1s detalles. \u00bfCu\u00e1ntos polic\u00edas locales pod\u00edan llamarse Carlos? M\u00e1s adelante, un detalle significativo me hizo temer lo peor: hablaron de la sonrisa de Carlos. Y un poco m\u00e1s tarde, lleg\u00f3 el dato contundente: su vinculaci\u00f3n con el mundo del baloncesto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo me enter\u00e9 de que Carlos hab\u00eda muerto. En ese estado de confusi\u00f3n y abatimiento, pens\u00e9 en la \u00faltima vez que le vi, que es una historia que se cuenta en tres vueltas. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Primera vuelta<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue el d\u00eda 19 de diciembre pasado, en el cross del Crucero. Como era frecuente, \u00e9l era uno de los polic\u00edas locales encargados de vigilar el recorrido de la prueba, que ten\u00eda tres vueltas. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y all\u00ed, mientras corr\u00eda la primera vuelta, del cross del Crucero, vi a Carlos por primera. Nos saludamos con la mano, dijimos cuatro palabras y, sobre todo, sonre\u00edmos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hay caracter\u00edstica que definiese mejor a Carlos que su sonrisa. Conoc\u00ed a Carlos, primero, jugando mil y una veces al baloncesto en el patio de El Molinillo, de los jesuitas, que fue durante unos cuantos a\u00f1os embri\u00f3n espont\u00e1neo de vocaciones deportivas y de buenas relaciones humanas. Despu\u00e9s, fuimos compa\u00f1eros en el Gromber, equipo de baloncesto de tercera divisi\u00f3n (el equivalente aproximado de la actual liga EBA, para entendernos). Tuvimos ocasi\u00f3n de conocernos bien, de charlar largo y tendido. Y de re\u00edrnos. Porque Carlos se re\u00eda de todo y con todos. Carlos ten\u00eda una risa contagiosa para manifestar su alegr\u00eda y sus penas, de las que siempre sacaba su lado m\u00e1s positivo. <\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Segunda vuelta<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estaba yo a puntito de llegar a la segunda vuelta y dio la casualidad de que Carlos estaba de espaldas en ese momento. Pero, como por arte de magia, mir\u00f3 de reojo, se gir\u00f3 y me dijo: \u00abJoder, Ra\u00fal, qu\u00e9 fino te has quedado, macho\u00bb. Yo iba con la respiraci\u00f3n a mil y le dije alguna tonter\u00eda con la que, una vez m\u00e1s, nos volvimos a re\u00edr.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con Carlos no experimentabas solamente un momento de risas y sonrisas, sino que te hac\u00eda sentirte bien. Despu\u00e9s de muchos a\u00f1os de jugar al baloncesto y de vernos de manera r\u00e1pida y casi fortuita, coincidimos en un gimnasio, en el que ambos hac\u00edamos <em>spinning<\/em>. Como el trabajaba por turnos, a veces aprovechaba los momentos que ten\u00eda por la ma\u00f1ana para darle a los pedales. Y, en los momentos previos a la clase y, despu\u00e9s, en la salida y en los vestuarios, retom\u00e1bamos nuestras conversaciones uniendo lo que ocurri\u00f3 hace mil a\u00f1os y lo que nos hab\u00eda sucedido antes de ayer por la tarde. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esos ratitos de charla distendida sobre asuntos ligeros, pero tambi\u00e9n sobre algunas cosas m\u00e1s personales, ligadas al hoy o al ayer, me reconciliaban con el mundo. Yo, que tiendo a envenenarme por dentro, admiraba mucho esa manera de estar en el mundo, liviano y firme, sometido a la levitaci\u00f3n con las m\u00e1s rotundas consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Tercera vuelta<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el Cross, estaba ya con ganas de terminar. \u00a1Qu\u00e9 duro se estaba haciendo el recorrido, cuesta tras cuesta! Llegu\u00e9 a la tercera vuelta. No hab\u00eda mucha gente alrededor esta vez&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de no coincidir durante mucho tiempo en el gimnasio, me encontraba con cierta frecuencia a Carlos. Como he dicho, muchas veces en las carreras. Pero tambi\u00e9n en otras ocasiones, mientras \u00e9l hacia la ronda a pie con su inseparable Jose Ant\u00f3n. Algunas veces, si la cosa estaba tranquila, pod\u00edamos intercambiar unos minutitos en los que resum\u00edamos todo lo que nos suced\u00eda. Era un ponerse al d\u00eda en cuatro patadas, en brincos de actualidad sobre nuestro presente, aunque es cierto que muchas veces sal\u00eda la chispa del pasado, con an\u00e9cdotas que, compartidas, eran todav\u00eda m\u00e1s sugerentes y deliciosas. Nunca te desped\u00edas de Carlos sin que te diese la sensaci\u00f3n de que hab\u00eda merecido la pena cada momento pasado con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como digo, estaba completando ya la vuelta, la tercera. Vi a Carlos y, cuando estuvimos uno a la altura del otro, nos mor\u00edamos de risa. Era gracioso ese carrusel del recorrido, con \u00e9l como eje sobre el que yo corr\u00eda, ya con muchas ganas de acabar, como dec\u00eda m\u00e1s arriba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos vimos, nos dijimos esas gracias que nos gast\u00e1bamos siempre y yo le dije: \u00abBueno, Carlos, nos vemos en la siguiente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y ahora, cuando han pasado unos d\u00edas, cuando ha pasado ese tiempo de despedida inminente (los antiguos compa\u00f1eros de baloncesto and\u00e1bamos por las afueras del tanatorio como almas en pena hasta que, poco a poco, fuimos encontr\u00e1ndonos y d\u00e1ndonos un abrazo), cuando recuerdo las preciosas palabras de su hija, no puedo dejar de imaginarme a Carlos con su risa, con su manera de contemplar el mundo. Aunque ya no vuelva a coincidir con \u00e9l en ninguna vuelta. De la vida, de una carrera.<\/p>\n\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sucedi\u00f3 hace casi una semana ya. 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