{"id":7649,"date":"2021-02-15T19:44:37","date_gmt":"2021-02-15T18:44:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/?p=7649"},"modified":"2021-02-15T19:44:41","modified_gmt":"2021-02-15T18:44:41","slug":"profesores-de-150-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/index.php\/2021\/02\/15\/profesores-de-150-anos\/","title":{"rendered":"Profesores de 150 a\u00f1os"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"799\" height=\"479\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/21573074939_837b01d2d9_c.jpg?resize=799%2C479&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-7650\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/21573074939_837b01d2d9_c.jpg?w=799&amp;ssl=1 799w, https:\/\/i0.wp.com\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/21573074939_837b01d2d9_c.jpg?resize=300%2C180&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/21573074939_837b01d2d9_c.jpg?resize=768%2C460&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/www.urbinavolant.com\/verbavolant\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/21573074939_837b01d2d9_c.jpg?resize=624%2C374&amp;ssl=1 624w\" sizes=\"auto, (max-width: 799px) 100vw, 799px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>De manera casual, me he encontrado \u00faltimamente algunos mensajes en las redes sociales escritos por profesores que acaban de llegar a las aulas. No hace mucho que dejaron de ser ellos los alumnos y ahora han pasado al otro lado. Me refiero, claro, a todos los que est\u00e1n en las aulas por vocaci\u00f3n y no por obligaci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Entre ellos, afortunadamente, es frecuente encontrar mensajes cargados de ilusiones mezcladas, por supuesto, con ciertas dosis de  miedos e inquietudes, propios de quien se enfrenta por primera vez a esa experiencia y que resultan m\u00e1s que comprensibles. Saben que est\u00e1n llenos a partes iguales de sabidur\u00eda e ignorancia. Que les queda todo un camino por recorrer siendo conscientes \u2014tambi\u00e9n\u2014 de todas las naves que les condujeron hasta aqu\u00ed y que, a veces, es necesario quemar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, reconozco que me llena de estupor leer mensajes cargados de insolencia y de menosprecio hacia quienes son los destinatarios de nuestras ense\u00f1anzas. Son mensajes recriminatorios en torno a todas las supuestas ignorancias de los alumnos. Por supuesto, estos neoprofesores est\u00e1n instalados en una presunta superioridad que no emana de una realidad, sino de una descompostura apabullante. <\/p>\n\n\n\n<p>Cuando uno docente entra en el aula, ha de ser muy consciente de que se encuentra ante un conjunto de personas a las que tiene que formar tanto en su colectividad como en su individualidad. No hay mundos perfectos, sino contextos reales. No hay conocimientos ideales, sino circunstancias y situaciones concretas, a veces muy poderosas, a las que un profesor ha de hacer frente, pero no para criticarlas, sino para solucionarlas. No hay seres cargados o no de sabidur\u00edas, sino de personas con una capacidad muy elevada para aprender. En vez de manifestar cr\u00edticas o poner cara de superioridad y de asco, un docente tiene que ir cargado de todas sus ilusiones, de toda su ciencia, de todo su entusiasmo, de toda su humildad y de toda su perseverancia. El proceso de ense\u00f1ar no surge de la ciencia infusa, sino del contagio. El que comunica con desprecio contagia desprecio. El que comunica desde un pedestal o un p\u00falpito no demuestra su autoridad, sino que se distancia de manera inexorable de aquellos a los que deber\u00eda tener cerca. La ense\u00f1anza no es un campo de minas, sino una tierra que se siembra con proximidad, con humildad y con la sabidur\u00eda de quien sabe que no sabe casi nada y que es capaz de aprender mucho en ese proceso de contacto con sus estudiantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay profesores que llevan toda una vida en el aula y siguen con la ilusi\u00f3n (casi) intacta. El contacto humano con sus estudiantes los va enriqueciendo d\u00eda a d\u00eda. Me pongo muy triste, sin embargo, cuando descubro que hay profesores que llevan en el aula muy poco tiempo y parece que llevasen 150 a\u00f1os. Resabiados y malogrados, pesimistas, apocal\u00edpticos. Cuando un docente entra en el aula, tiene que respirar ese aire nuevo, remangarse y ser conscientes de que hoy, gracias a su trabajo, gracias a todos esos seres humanos que comparten ese espacio, empieza todo.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"font-size:14px\">La imagen es de <a href=\"https:\/\/flic.kr\/p\/ySkDzV\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Id Aarno<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De manera casual, me he encontrado \u00faltimamente algunos mensajes en las redes sociales escritos por profesores que acaban de llegar a las aulas. No hace mucho que dejaron de ser ellos los alumnos y ahora han pasado al otro lado. 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