— Verba Volant

La historia que no puede ser cierta (II). Con comentario al fondo

Amigos de Verba volant, necesito ayuda y consejo. Me veo en la necesidad de efectuar un brevísimo paréntesis en el compartir los puntos de vista que tengo sobre los libros y la lectura que estoy teniendo con vosotros (y conmigo mismo) para hacer algo que no sé si debo. Hace ya más de un mes publiqué una entrada titulada La historia que no pudo ser cierta… con autobús al fondo, de la que he recibido algunas sugerencias en privado. Por ejemplo, me dijeron que omitiese algunos datos físicos del conductor de mi relato. Yo dije que no: según mi modesto parecer, nadie que no fuese conductor bajito, con bigote y que se dedicase a robar el dinero de los contribuyentes podía sentirse aludido. Si alguien se ofende, sabrá muy bien por qué y tendrá de qué avergonzarse. En todo caso, utilicé en la práctica todo el elenco de recursos lingüístico-pragmáticos de los que tengo conocimiento (y llevo zambulléndome en la pragmática desde hace quince años). Pero nunca me podía imaginar que iba a recibir un comentario (que está pendiente de moderación) en el que a alguien se le ocurre meterse con los inmigrantes (las víctimas de la historia y no los verdugos). Jamás me había planteado siquiera que iba a censurar un comentario en este blog. Si dispuse un sistema inicial de moderación fue por el sabio consejo de quienes llevan mucha más mili hecha que yo en todo esto. Sé, incluso, que estoy haciendo lo que no debo: entrar al trapo. Pero este blog es mi casa y todos son bienvenidos… menos los que se dejan el cerebro al entrar en Verba volant. Si pasáis por aquí, estupendo. Si ni siquiera sabéis leer y no entendéis el mundo, cread otro mundo alternativo: siempre podréis ir partiendo la cara a alguien con un bate de béisbol. Para eso tenéis manos.

3 comments
  1. jeronima says: enero 8, 200811:20 pm

    Con permiso:

    a veces es mejor no dejar entrar a los sin cerebro, por eso mismo, porque están huecos.

    Además es tu casa, deja entrar a los que tú realmente quieres que entren, esa es la libertad.

    Tenemos que convivir con gentuza día a día: te confieso que hay días que deseo ser sorda, ciega y muda. Procura que no te salpiquen con su porquería.

    Un saludo cordial,

    Jerónima

  2. pedro ojeda escudero says: enero 8, 200811:55 pm

    Buena decisión. No lo dudes.

  3. J.R.Justo says: enero 9, 20081:17 am

    Un tema muy "batido" y debatido.

    ¿Debemos dejar que "cualquiera" opine sobre nuestras ideas o reflexiones. ¿Pueden opinar solo los educados, o los maleducados también, los que saben o también los que ignoran?, los cerebrales o también los "descerebrados"?, los que son de nuestra cuerda pero no los descolgados?.

    Mucha gente de la Burgosfera sabe como pienso, amo hasta el infinito la libertad en todas sus latitudes y longitudes, no modero los comentarios en mi blog [a pesar de que me han dicho casi de todo] porque no quiero ser yo quien ponga la etiqueta al comentarista, el solo se la pone y es visible para todos.

    Permitir la utilización de la palabra, aun cargada de violencia ya es un principio, déjala que se exprese y ahora invitemosle al debate.

    A alguno conseguiremos civilizar.

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