
En muchas ocasiones, este que escribe se sube por las paredes. Quizás porque el mundo se te quede muy estrecho, quizás (lo más probable) porque le pongas más límites de los que tiene, sientes que el desplazamiento horizontal se te queda corto. Y te ahogas. Y te estresas. Y te enfadas con todo y con todos. Y, sobre todo, contigo mismo.
Entonces, cuando te subes por las paredes, buscas una salida que rompa esos límites y te libere. Lo que pasa es que una cosa es lo que se pide por internet y otra lo que te llega. Y luego llega el momento y descubres que no es posible subirse por las paredes. Que, a lo sumo, das un paso o dos… y te caes, o te tropiezas, o te lías.
Y entonces descubres que te subes por las paredes porque odias los límites de ti mismo y, a la vez, descubres que esos límites no se los salta nadie. Y ya no sé si estoy loco por intentarlo. Igual sí. Desafiar al mundo, a la ley de la gravedad y a los límites inexorables tiene eso y mucho más.
Lo que pasa es que luego descubres que es posible.
Se lo has visto hacer a Fred Astaire en Bodas reales (1951). Astaire no solo es capaz de subirse y bailar por las paredes, sino que lo hace con un estilo y una elegancia que parten de un truco. Y no vale. Eso no es subirse por las paredes, sino hacer creer a los demás que eres capaz de subirte de manera sutil, ingrávida y perfecta.
Pero se lo has visto también hacer a Cosmo (Donald O’Connor) en Cantando bajo la lluvia (1952). Y eso te vale por todas las razones. Porque es real (el actor lo hizo muchas veces y acabó, eso sí, machacado) y porque tiene sentido. Cuando acaba la canción “Make ’Em Laugh”, Cosmo se sube tres veces por las paredes. Eso sí, en la última la pared es de atrezzo y se estrella, pero eso es normal y vital y comprensible.
Y comprendes que el mundo puede tener espacios de locura controlada, aunque (eso sí) frenética. Como es obligación de todo el que va por el mundo con la máscara de payaso (hablábamos de esto aquí), el cómico se golpea, se retuerce, hace muecas, piruetas y contorsiones imposibles. Las cosas pueden ir bien o mal, pero el cómico siempre esconde su frustración o la disfraza. Pero va. Y se sube por las paredes
Siempre, todo, en favor del espectáculo. El arte nos permite subirnos por las paredes, eso es una verdad indiscutible. Eso sí, no nos engañemos: alguien nos ve y, casi con toda seguridad, se muere de risa.
Aquí, la secuencia de la peli: