— Verba Volant

Dos personajes hablarán – Fragmentos #5

Sokolsky

Nacho se ha pasado las primeras horas del sábado intentando recordar la dispersión de la noche. anterior Frente a lo que pudiera parecer, Nacho es un tipo tranquilo y un urbanita convencido. Si va al campo, le gusta contemplarlo casi a pie de asfalto. La jungla de edificios altos, de coches en vaivén, le suponen un placer mayor que divisar una manada de gacelas en el Ngorongoro. La exploración del mundo, para él, es un safari videográfico con instantes capturados a pinceladas de semáforo o de una puesta de sol recortada por las aristas de las casas montadas sobre el horizonte. Un día, unos primos suyos le propusieron ir a buscar setas y el anduvo todo el día perdido entre la cobertura radioeléctrica, una navaja encasquillada y una espalda que no se resignaba a no permanecer recta.

Nacho dedica la mayor parte de su tiempo a intentar sacar para adelante una oposición a bibliotecas. Tiene la mente encasillada y categorizada gracias a Otlet y cree que puede tirar para adelante con cualquier mención de responsabilidad y asiento bibliográfico que se le ponga por delante. Nacho piensa en esa oposición para auxiliar, que le tiene frito, y está convencido de que si el tribunal estableciera como prueba fundamental la forma de coger un libro, la manera de deslizar pausadamente el índice sobre el lomo, de abrirlo con cuidado y entresacar todos sus secretos, la plaza sería suya. Si la vida de Nacho fueran los estudios, su existencia no sería un problema. Al menos, no sería un gran problema. Pero hay más.

Sheyla ha hecho tiempo para estirar cada uno de sus músculos en la cama. El despertador de sus vecinos, los del piso de arriba, la despierta cada mañana mientras ellos -los muy cabrones- no están. Cuando ayer llegó a casa, vio parpadear la pantalla del teléfono con el aviso de un mensaje. Pulsó la tecla y escuchó. No hay nada peor que un mensaje que llega tarde. Sheyla es una chica que viaja de la alegría a la tristeza en décimas de segundo. Ahora le ha llegado el tránsito al desasosiego y a la preocupación. En una edad de insolente juventud, Sheyla ha pasado por muchos obtáculos. Más obstáculos que las leonas organizando las acometidas a las sufridas (pero rápidas) gacelas del Ngorongoro. Y la vida se le endereza y se le tuerce con una facilidad que asusta. Sheyla tiene todavía el teléfono en sus manos, escuchando esa falsa voz humana que le invita a pulsar una u otra tecla. Sin darse cuenta, se había sentado en el brazo del sillón y su cerebro se le escapó unos segundos de su mente. O igual fue al revés. Con una reacción espasmódica de vuelta a la realidad, Sheyla vuelve a apretar los botones. Se equivoca tres veces. Cuando al fin acierta todas las dianas, la voz de Nacho no aparece. Pese a la hora, ya tardía, Nacho no está en casa.

(Puedes ir leyendo la secuencia de Fragmentos para una teoría del caos de forma ordenada pinchando aquí)

(La fotografía es de Melvin Sokolsky y se puede encontrar en Pasa la vida gracias a un Jordi Guzmán cuyos descubrimientos están empezando a hacerse imprescindibles.)

6 comments
  1. KOKYCID says: noviembre 13, 20083:14 pm

    ¡Que alguién avise a Sheila para que no lo llame mañana temprano! Con el resacón seguro que él se mostrará borde y distante y después se arrepentirían ambos del tono de la conversación.

  2. mafaldia says: noviembre 13, 20089:22 pm

    Pobre Nacho opositando a la biblio… puf!!! que no le pase nada… ahora si lo consigue no se está mal, el trabajo estupendo, el salario… mejor que Sheyla se ponga las pilas y se deje de bobadas. 🙂

  3. Mercedes Pallar&eacu says: noviembre 14, 20083:31 pm

    He leido tus últimos posts que me han gustado mucho, como siempre. Estoy con problemas con Google y no he podido entrar como a mi me gusta: como elefante en una cacharrería… Nacho y Sheila viven en un constante caos por lo que intuyo. Muy interesante esta serie, querido Raúl. Besotes, M.

  4. Francisco O. Campill says: noviembre 14, 20083:32 pm

    Me gusta 🙂

  5. Bipolar says: noviembre 17, 20083:14 am

    ¡Qué razón tiene Nacho!

    Con lo práctico y coherente que sería examinarse del objeto principal del trabajo diario y no aprenderse una purrela de leyes que luego se olvidan fácilmente y sólo sirven para aborregar la mente.

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