— Verba Volant

Los movimientos caprichosos de las nubes – Fragmentos #34

Sonia se ha levantado con la extraña sensación de haber dormido mucho, pero no lo suficiente. Sonia sabe que las horas de sueños perdidas por todas las preocupaciones de la semana no se recuperan estirando las horas de una noche de viernes. Después de concederse apenas un minuto para incorporarse de la cama, Sonia trastea con los pies hasta encontrar las zapatillas y se promete, una vez más, que las colocará de forma adecuada la próxima vez. Mientras camina hacia el salón, va poniéndose el albornoz y se ajusta el cinturón, dando el último apretón con decisión antes del nudo.

Sonia ha roto su rutina, que comienza con una taza de café, ansiosa por ver si la mañana amanece con la dulzura, la calma y la buena temperatura de los días pasados. Se acerca a la ventana, corre un poco la cortina y mira hacia el cielo, que le devuelve un panorama gris, corroborado, al bajar la vista, por unos papeles que obedecen al capricho de un viento que se antoja demasiado fuerte, desapacible. El propósito de Sonia, que era dar un vistazo rápido, de comprobación sucinta, de vamos a ver el día que hace hoy, se convierte en una deleitación, de embelesamiento. Se diría que Sonia se mantiene en una actitud casi hipnótica, en la que la mirada hacia fuera no deja de ser una metáfora de la mirada interior. De hecho, Sonia permanece un buen rato mirando en apariencia con atención todos los detalles, todos los movimientos caprichosos de las nubes, pero una reflexión atenta sobre su actitud nos obliga a bajar la vista a los labios, que, lejos de estar relajados, esconden una mandíbula que fija la presa de sus pensamientos con obstinación.

Sonia reacciona ante el vuelo bajo de un pájaro, que le saca la mirada del plano de visión para recuperar la consciencia del mundo real. Cierra las cortinas y se aleja de la ventana. Un vaso de café la espera para comenzar, esta vez sí, la rutina de la mañana del sábado.

(Imagen de Analissa Schianove.)

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