Abismo, la primera a la derecha

Es difícil evitar la tentación: frente al precipicio, te acercas paso a paso al abismo hasta que tu misma sombra desaparece. Tus pies avanzan hasta el último confín, pero tu mente y tu espalda recta intentan sostenerte con el hilo de la esperanza. Enfocas tu mirada hacia un punto fijo, allá por el horizonte, esa frontera lábil a la que nunca llegas, por más que avances. Y tus ojos se detienen en la última nube del último kilómetro que abarca tu obstinada visión. Mueves la cabeza. Una, dos veces: hacia un lado y hacia el otro. Intentas relajar todo tu ser, cansado por mil avatares, luchas y desencuentros. Das la vuelta al pasado y al presente. Y tienes el futuro a tus pies. Sólo falta un pequeño empuje, la decisión de dar un último paso al frente. El abismo se encuentra en el primer desvío, a la derecha. Por una vez, decides pararte y descansar.
(La fotografía es de Nicholas Laughlin)



Sabes?, no tengo miedo al abismo pero me aterra el día en que me desaparezca el vértigo.
Menos mal que existe el vértigo, J.R. Justo, menos mal…
Mejor arriesgarse a volar…
[...] La nocturnidad era su latido. Descendió los escalones que lo separaban de la noche y su cuerpo encendió fulgores. Deambulada por las calles iluminadas y revolvía los rincones. Susurraba, murmuraba palabras dulces a damas de nombres infinitos. De su sonrisa irradiaba la felicidad que sonda lo absoluto. Luego, llegaba la calma. Un zigzag en la acera, un paso perdido en el quicio de la puerta del último bar, absorto en su amplitud y en su resonancia. Suerte y libertad de movimientos, flexibilidad y apertura de ideas. Después, llegó la auténtica noche. Luchó por sobrevivir. Y lo consiguió, a pesar de los bordes del abismo. [...]
[...] sentido tendrá algo de reencuentro. Au revoir, tristesse. Abandonemos el carril de único sentido, giremos hacia la izquierda y entremos en el sendero del color. Bienvenidos. (La foto es de [...]
[...] como todas las lechuzas del mundo, obligadas a vigilar la noche. Y se siente muy próximo al abismo, sólo que esta vez se encuentra algo enfermo y mucho más solo. Y se niega a caminar. Se siente [...]
El fondo del abismo es a la vez su superficie y los abismos funcionan de la misma manera como los valles de los taoistas un psicólogo un día me dijo: estás al borde de un abismo y yo sabía que ando por el camino correcto