— Verba Volant

Discutiendo sobre obras maestras…

En el Louvre viendo la Gioconda...

¿Qué son los clásicos? ¿Qué son las obras maestras? ¿Existen o las «construimos»? ¿Las disfrutamos o las contemplamos como trofeos de caza de la humanidad devenidos en objetos de culto? Viene todo esto a una visita al Louvre este verano. El Louvre es un museo que me fascina por algunas cosas (evidentemente) pero que me espanta por otras muchas. He estado allí dentro muchas horas en mis viajes a París, que intento que sean frecuentes. Y siempre acabo fascinado y horrorizado a partes iguales. No me parece malo que un museo sea popular. Tampoco me parece demasiado horrible que se utilicen ciertas obras «fetiche» como guía para el paseante. Pero todo se convierte en estupor cuando nos damos cuenta de que nadie mira, nadie observa. ¿Alguien ha podido llegar a la Gioconda y gozarla con calma y serenidad? El visitante llega a la Gioconda, pero el cuadro no llega a él. La obsesión en el Louvre pasa por «hacer(se) una foto». Casi tengo que llegar a las manos con unos japoneses que, absolutamente enajenados, daban codazos a mi hijo (nueve años…) cuando contemplaba lo más plácidamente posible una esfinge. Todo por una foto. ¿Lo importante del arte es el arte? ¿Lo importante del arte somos nosotros-con-él? Le decía a mi hijo: «Alberto, si quieres ver la Mona Lisa, te compraré un póster»… Mirad la foto que da pie a la entrada y poned al lado vuestra propia experiencia.

El tema de los clásicos y las obras maestras es apasionante. Merece la pena invertir unas horas, que nunca serán baldías, en la lectura del libro colectivo ¿Qué es una obra maestra? (Crítica, 2002). ¿Existen las obras maestras desconocidas, como en el relato de Balzac? Y los clásicos, ¿existen los clásicos, aquellos de los que hablaba Italo Calvino y que, interpretando las sabias palabras de Dámaso Alonso, son los que «tienen algo que decir, y lo dicen todavía al corazón del hombre»? Alguna de estas cosas queda en el corazón. Pero me temo que no están en las salas más vistas del Louvre. Quizá las encontremos en los recovecos de la sala vacía de histéricos turistas, en el silencio ocioso de nuestra lectura, en la magnífica Silhouette de Kenny G, que tengo la inmensa fortuna de escuchar en estos momentos. Vayamos a los museos de paseo, enseñemos las fotos a nuestros amigos. Pero mantened el recuerdo de las obras en la memoria: es mucho más fiable que nuestro disco duro.



6 comments
  1. pedro ojeda escudero says: noviembre 19, 20079:51 pm

    En efecto, Raúl. Los museos se han convertido, como todo en esta sociedad, en un parque temático en el que la mayoría de la gente pasa para decir que ha estado allí.
    ¿Qué es un clásico hoy? Aquello que nos ayude a sentirnos vivos y que contribuya a cuestionarnos a nosotros y nuestro mundo. Y los clásicos de difícil lectura necesitan buenos profesores que sepan mostrarlos: nadie nace enseñado.
    Qué buenas preguntas las de tu entrada de hoy.

  2. Blogofago says: noviembre 19, 200710:23 pm

    Yo me quedo con el museo que hay enfrente, el D´Orsay, pero en algunas salas, las mas típicas y tópicas ( Van Gogh, Renoir, Monet, etc) no hay tampoco manera de ver nada con la suficiente calma…..

    Lo bueno es que siempre queda así una disculpa para volver a París…siempre nos quedara Paris, Raúl…

  3. Sr.K says: noviembre 19, 200710:33 pm

    En el enlace al libro que mencionas (me veo tentado de comprarlo) hay otro que se titula "La obra maestra: un hecho cultural". Es cierto, es algo completamente cultural que tiene que ver con la identidad de un pueblo. Como vivimos en el pueblo globalizado del consumo excesivo y la saturación de información, la obra maestra es un show de feria ante el que cualquiera debe postrarse para que no le tiren al pilón.

    Por suerte, la misma globalización permite la atomización de inquietudes. Ya no es necesario vivir en la misma ciudad ni en el mismo país para encontrar gente con tus mismas inquietudes.

    Cada átomo puede admirar sus propias obras maestras sin necesidad del reconocimiento global. Y si una obra maestra, remitiéndonos a su definición clásica, ha de emocionar, comunicar y ser técnicamente perfecta, las obras maestras reconocidas por pequeños grupos de personas quizá tengan más de estos tres elementos que la Gioconda o Las Meninasm ya que ante estas "obras universales" te has de sentir emocionado siempre. Ante una obra maestra no universal la emoción es mil veces más intensa. ¿Empezamos a hablar de exclusividad, esnobismo o incluso esnobismo underground?

    Eso sí, Las Meninas, son Las Meninas y Velázquez era el puto amo. Goya era un avanzado a su tiempo genial y, como pone en el servicio del Mármedi, "Pérez-Reverte Presidente".

  4. Raúl says: noviembre 26, 200711:11 pm

    La comparación actual de los museos con los parques temáticos (o un show de feria) es una realidad tristemente palpable, Pedro. Y la labor de los profesores para que el público "llegue" a los clásicos es fundamental.

    En cuanto a los museos parisinos, a mí me pasa como a Blogofago, que me siento muy identificado con algunas salitas del museo de Orsay, aquellas en las que te puedes detener plácidamente y disfrutar maravillas que pasan desapercibidas entre tanto nombre. En el Prado, tengo la suerte de encontrarme casi siempre a solas con El triunfo de la muerte de Brueghel el Viejo, otro de mis cuadros favoritos. Como soy un poco rarito, soy también aficionadísimo al Musée National d'Art Moderne en el Pompidou (centro al que dediqué una entrada en el blog). Lo que voy a decir ahora seguramente me acarreará que algunos no me vuelvan a mirar a la cara, pero soy un enamorado de Mondrian.

    El libro que comento, Caín, merece la pena para reflexionar sobre muchas cosas. Y se puede disfrutar sin pagar, dado que está en alguna de nuestras honorables bibliotecas públicas. Es una maravilla contar con obras maestras "no universales" que se suman a las comunes. Y, en efecto, estoy contigo y con la mayor parte de inscripciones que aparecen en servicios públicos que no tienen número de teléfono incorporado: "Pérez-Reverte, presidente".

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