— Verba Volant

En torno a lo grande y a lo pequeño

Lo grande y lo pequeño

Lo que tiene la realidad es que es grande y pequeña a la vez. En un día como hoy, valdría poner como ejemplo los resultados de las campañas electorales. Pero este es un blog que deja este tipo de análisis a personas más sesudas y capacitadas, y prefiere quedarse con algo más modesto: lo grande y lo pequeño. Sin más. Y una pequeña (o gran) casualidad ha hecho que en un mismo periódico destaquen como noticias cuestiones referentes a lo grande y a lo pequeño.

Empecemos por lo minúsculo. ¿Cabe una vida en seis palabras? Eso es lo que intenta explorar Smith, una revista electrónica en la que los lectores intentan desgajar sus vidas en seis palabrejas: «Naked is colder than I remember», dice uno. ¿Queda su vida representada de ese modo? El yo, la memoria, la desnudez y el frío. No está mal. Decir que una vida cabe en seis palabras es tanto como decir que cabe todo o que no cabe nada. Depende de lo grande que sea una vida y depende de lo grandes que sean las palabras, y viceversa. Yo no colaboraré con mi aportación, porque soy muy vago y porque Monterroso me parece un timo. A bote pronto, se me ocurre «Estoy hasta los cojones de todo», pero resultaría una boutade y un reflejo de un estado de ánimo deseablemente pasajero. «Me encantan las patatas fritas tostaditas» sería una banalidad muy propia de mi espíritu superficial e intranscente. «Temo al espejo que me juzga» sería una reiteración, porque lo digo constantemente, y un plagio, porque lo dijo ya Ramón Gómez de la Serna. Ese sí que era el maestro de lo breve con sus infantiles y profundas greguerías (¿acaso infantil y profundo no son palabras sinónimas?). «El beso es hambre de inmortalidad», decía Ramón. No está mal para contar una vida. Dicen que Wittgenstein, el genio de la filosofía del lenguaje (ingeniero, y lógico, y jardinero, y maestro de escuela, y escritor analítico en plena guerra, en las trincheras, y de Oxford, y de Cambridge. Todo encerrado en seis íes), acabó su participación en este cochino mundo con estas palabras: «Mi vida ha sido muy feliz». Y estas seis pequeñas palabras son tan grandes que lo mejor va a ser que pasemos a las cosas grandes.

Raul Vincent Enriquez se va al extremo opuesto, ya que se dedica a reflejar en grande lo pequeño. Este fotógrafo y vídeo-artista se ha puesto a la tarea de retratar en una pantalla gigante en pleno Manhattan a la gente corriente, monda y lironda con el lema I in the Sky. Yo no me he paseado por Times Square en mi puñetera vida (y mira que tengo ganas), así que no me hago la idea. Con lo grande no me manejo. Me dicen que el Universo tiene quince mil millones de años y siempre pido que me lo traduzcan. Pero una pequeña vida a lo grande es lo más. Es sentirse como la china que come bombones en Los Ángeles de Blade Runner en ese hipotético 2019. Ya me veo yo invitando a la gente a darse un garbeo por los orbes galácticos entre lluvia ácida, mundos decrépitos y replicantes más humanos que los humanos (Humano, demasiado humano….).

Y como no hay cosas grandes sin ser pequeño, escojo la foto que cerrará la entrada. Con seis palabras: «Qué guapo era yo de pequeño» (o qué chulito…). «La realidad, simultáneamente grande y pequeña». En seis palabras. Pero Jesulín, ya lo sabemos, era más listo: lo lograba en dos: «Im Prezionante».

De pequeño, en San Sebastián

2 comments
  1. Yago says: marzo 11, 20081:36 am

    Yo no puedo resumir mi vida en seis palabras, son siete los pecados capitales.

  2. Raúl says: marzo 13, 20089:19 am

    Bonito comentario, Yago. Curiosamente, tu comentario entronca con la entrada que tenía preparada sobre los pecados y las virtudes.

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