— Verba Volant

Humano, demasiado mono

 Hiasl

Son bien conocidos los planteamientos de Fiedrich Nietzsche sobre la condición humana. El hombre, según el filósofo alemán, es un ente en decadencia, un ser que, perdidas sus virtudes auténticas, corre el peligro de involucionar . Nietzsche conocía las teorías evolucionistas de Darwin, que influyeron mucho en sus concepciones filosóficas, pero todavía no sabía que la evolución era un hecho que sólo era progresivo y nunca regresivo hacia especies primitivas. La única salida auténticamente humana para Nietzsche era ir hacia delante, hacia una especie superior: el superhombre. Lo malo de todo esto es que Nietzsche ha sido mal entendido y peor traducido: las barrabasadas realizadas por la hermana de Nietzsche, Elisabeth, casada con un antisemita -que convertirían al genial filósofo en paradigma y modelo de referencia del nazismo en defensa de la superioridad de la raza aria- y las deformaciones y malas interpretaciones de la palabra alemana Übermensch (ha pasado con otros términos, como el famoso voluntad de poder, pésima traducción del alemán Der Wille zur Macht) han convertido a Nietzsche en un filósofo odiado y, lo que es peor, querido e idolatrado por partidarios de unas teorías que nunca fueron suyas. Sin embargo, basta abrir un libro de Nietzsche con los ojos bien abiertos y la mente despierta para vernos inundados por un torrente de palabras y pensamientos seductores, atrayentes e inteligentes.

Dice este filósofo en Humano, demasiado humano: «¿No se convierte la verdad en enemiga de la vida y de lo mejor? Parece que una pregunta se nos trabase en la lengua sin querer expresarse: ¿podríamos permanecer conscientemente en la falsedad? » Si supiera lo que es la verdad, la vida, «lo mejor» y la falsedad, podría decir algo, pero no puedo porque no lo sé. Sólo sé que ayer escuché en los telediarios una noticia «humana, demasiado humana» -podéis ver la noticia en extracto aquí– que una asociación ha realizado una petición ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo para que Hiasl, un chimpancé que vive en cautividad en una localidad austriaca, sea considerado legalmente una persona. Dicen que este chimpancé pinta, es adicto a los documentales (¿verá documentales sobre los hombres para quedarse dormido a la hora de la siesta?) y es un buen chico (perdón, buen simio). El fin de todo esto es que Hiasl entre en los presupuestos legales para poder ser adoptado e impedir así una posible venta en el caso de que se quede «huérfano». En los informativos que estaba escuchando tuve el privilegio intelectual de escuchar las comparaciones que establecía el reportero entre los chimpancés y los seres humanos y, por un momento, pensé que todas mis lecturas sobre filosofía, psicología y antropología se quedaban pequeñas ante la labia del periodista.

Yo ya no sé nada, pero puede que estemos involucionando, que estemos transgrediendo esa ley evolutiva esencial, tal y como pensaba Nietzsche. ¿Cómo cojones diantre se va a considerar a un chimpancé como persona? Lo suyo sería abrir las legislaciones para proteger mejor los derechos de los animales, no hacerles pasar a un estatus que no les pertenece. ¿Hay similitudes entre un chimpancé y un ser humano? Nadie lo duda. ¿Son iguales? Nadie -a no ser que sea un botarate– lo sostendría de manera más o menos seria.

En una sociedad en la que millones de seres humanos ven mermados sus derechos fundamentales, parece una broma que traslademos el problema de la personalidad humana a un chimpancé. Hiasl, lucharé por ti, te defenderé con mi vida humana para que seas tratado dignamente, como buen chimpancé, que seguro que eres. Si puedo, te mandaré a Austria un DVD completo con las piezas más selectas del National Geographic  o todo un lote de pinturas a la acuarela para que sigas con tus aficiones. Pero nunca te miraré a la cara reconociendo en ti mi especie. Lo siento Hiasl, pero te queda un consuelo: como sigamos así, gracias a algunos mamarrachos, los humanos y los chimpancés nos acabaremos contemplando unidos, en el único zoológico común que es este funesto planeta. Decía más arriba que Nietzsche se planteaba si los seres humanos permanecemos conscientemente en la falsedad. No lo sé, pero sí estoy seguro que podríamos escribir variantes de sus obras (Mono, demasiado mono; Mono, demasiado humano; Humano, demasiado mono; Humano, demasiado tonto). Es el trayecto que va de los buenos propósitos a un rasgo que sí creo inherentemente humano: el de la estulticia.


4 comments
  1. Modelo accidental says: mayo 31, 20081:07 pm

    Veo que me hiciste caso…Tus blogs cada vez son más interesantes. Sigue así…Un saludo!

  2. Mercedes Pallar&eacu says: mayo 31, 20082:54 pm

    Estulticia e involución de la especie. Nietzsche se equivocó de cabo a rabo… Besotes, M.

  3. Alberto says: mayo 31, 20085:42 pm

    Muchas veces los seres humanos, sí vivimos en la falsedad. La carverna se convierte en acogedora y calentita. Sólo hay que mirarnos a nosotros mismos y a nuestro alrededor.

    Fiedrich, que buenos momentos.., que sabias sus palabras…

  4. Bipolar says: junio 4, 20081:14 am

    JAJAJA Qué bueno lo de enviarle al mono los Diuvidis. (Me haces el favor y me envías otros para ponerme a la altura del amigo)

    Ahora en serio… pero esto ¿no era de película?

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