— Verba Volant

Suerte

primitiva

La vida está llena de azares. Estamos bajo el arbitrio del no se sabe qué, no se sabe cuándo y no se sabe cómo. Si no, que se lo digan al peatón que falleció víctima de la caída de una mujer de cincuenta años cuando ésta decidió quitarse la vida. Todo está cortado bajo los patrones de la fortuna, que convierten a una suicida en homicida. Cuando uno está desesperado, conviene no subirse a la ventana, pero la falta de educación ha llegado a unos límites tan insolidarios que los amigos del final tenebroso no se asoman un poco para ver pasar a alguien. También puede que no sea una cuestión de falta de modales, sino de incultura. Quizás le quedan lejos las clases de física en la que se habla de cuerpos y de aceleraciones y de pesos y de distancias, por no hablar del rozamiento, a veces despreciable pero que, si roza mucho, cercena vidas.

De ahí pasaríamos al análisis de probabilidades. En principio, la estadística de suicidios efectivos va en contra de las mujeres, que tienen más probabilidades de anunciar que se quitan la vida que de intentarlo con efectividad y lograrlo. De entre todas las cosas que la vida nos puede arrojar encima, se encuentran las cagadas de aves de distintas especies, las migas del mantel ondeado al viento, las chispillas del agua filtrada de la cerámica de las plantas de las terrazas. Incluso una sábana oreada puede arrojar, mal que nos pese, un escuchimizado profiláctico, si nos ponemos en lo peor. No nos engañemos: ya no estamos en épocas del «agua va», ni tampoco de tirar los muebles y –menos aún– de echar la casa por la ventana. Por lo tanto, no es difícil deducir que, dado que podemos morir por el que quiere quitarse la vida, también deberíamos intentar que la suerte caiga de nuestro lado. O mejor, que caiga un poco más lejos.

De momento, yo me voy a echar la primitiva, pero estaré muy atento a las alturas. Nunca llueve a gusto de todos.

6 comments
  1. Merche Pallar&eacute says: septiembre 8, 200910:12 pm

    ¿Sabes qué? Desde que leí esa horripilante historia de la suicida que mata al pobre peatón, me he vuelto paranoíca y por la calle voy pensando a ver quien se me tira encima… Voy pegada a la pared de todos los edificios. Total, que no somos nadie y en vez de tener una muerte épica (en la cama rodeada de tus seres queridos, escuchando tus últimas sandeces…) resulta que te puedes morir porque algun cretino ha decidido suicidarse en ese mismo instante que pasabas por ahí, o porque se cae la cornisa de un balcón o un tiesto en toda la testa… como en los chistes. ¡¡Daría mi vida por saber cómo va a ser mi muerte!! Besotes, M.

  2. KOKYCID says: septiembre 9, 20091:23 pm

    Que muerte más estrambótica… Me encanta la frase "hablar del rozamiento, a veces despreciable pero que, si roza mucho, cercena vidas". ¡ Encima es cierta !.

  3. Mafaldia says: septiembre 9, 20099:38 pm

    Qué pava la colega!!!!… algun servidor que ya conoces te sigue considerando una página no visitable, penita.

    Si te toca la loteria, acuérdate de la menda, que la lotería del señor despistado que va provocando accidentes me tocó a mi el otro día y me ha fastidiado mi cochecín, no vale, qué mala suerte tuve con el rozamiento de los cuÇons.

  4. pablo miguel sim&oac says: septiembre 10, 20098:17 pm

    Ay, el azar. A veces no se sabe si lo que te toca es buena suerte o mala, lo cierto es que casi nunca estamos contentos.

  5. Bipolar says: septiembre 14, 20099:45 pm

    😀 😀 😀 … iba a comentar algo, pero la frase de Merche Pallarés no tiene precio sacada del contexto …

    "por la calle voy pensando a ver quien se me tira encima"

    P.D.: del cielo algo cayó, que mi traje nuevo arruinó, cierto, como lo oye.

  6. Merche Pallar&eacute says: septiembre 15, 20099:29 pm

    Bipo, pues me sorprende que no te haya gustado más mi frase "daría mi vida por saber cómo va a ser mi muerte"… es mia propia e intransferible muy marxista (de Groucho) pero mía. Si alguien, en un futuro, la cita espero que comenten la procedencia y no digan simplemente "Anónimo". ¿Se pueden patentar frases? Besotes, M.

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