— Verba Volant

El síndrome que todos llevamos dentro

Padezco un extraño síndrome. Ataca en momentos concretos, sin aviso previo. Deja secuelas para la posteridad, para todas las fotografías de una vida. Ignoro cómo se llama y sospecho que, aunque seguramente afectará a muchas personas, cada uno de los que lo padecen se siente desarmado, solo, desastradamente único.

Sucede cuando, en medio de todo, me encuentro en el centro de la nada. Sin una palabra precisa. Con un gesto forzado. Sabiendo que ningún lugar es mi sitio.

Ocurre a las cinco de la mañana. En mitad de un sueño accidentado, cuando me despierto como si nunca antes hubiese dormido. Como si la mañana llegara demasiado temprano y no permitiese seguir las historias de la imaginación.

Llega cuando estoy corriendo, en el camino de vuelta, con los músculos agotados. El ácido láctico  pide calma, pero yo alargo el paso de la zancada y aumento su frecuencia. Buscando un sufrimiento que me impida pensar.

 Cuando hay momentos para celebrar y pienso en todo lo que me falta, ajeno a todo lo que tengo.

Cuando parece que estoy a punto de alcanzar la felicidad con la punta de los dedos y la realidad devuelve la ingenuidad con el tedio, con una bofetada o con las peligrosas marcas de la indiferencia. Cuando el mundo de las sonrisas te devuelve la imagen de un espejo negro.

Es un síndrome que algunos asocian a enfermedades, a formas de ser, a antiguos humores hipocráticos. Todos ignoran que es un síndrome que todos llevamos dentro.

(Entrada ilustrada musicalmente con «Si te contara», la canción compuesta por Félix Reina en la versión de Diego «El Cigala».)

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