— Verba Volant

La Vi(d)a láctea

Hitos

Si los seres humanos miden su existencia en diferentes tipos de calendarios, mi devenir queda marcado por las tapas de los yogures. Ni calendario chino, ni hindú, ni era hispánica, ni la hégira mahometana y el calendario musulmán subsiguiente: la tapa de los yogures son la mejor manera de medir mi tiempo. Voy al supermercado y me reconozco casi inmerso en el mecanismo refrigerador de los lácteos para que mis ojos desfilen comprobando su fecha de caducidad. Me conforta reconocer el día de mi cumpleaños en un yogur comprado a finales de marzo, siento un enorme gozo interior cuando las cifras mágicas marcan el inicio de las vacaciones o rebusco entre los yogures escondidos uno en el que se adivine un nuevo año. Es éste un futuro real por lo esperado e inminente, resultado del plazo inmediato del presente, esa cosa que no existe pero se intuye. Nada de calendarios perpetuos que intentan pergeñar un tiempo que no será -ya- para nosotros, nada de divisiones en meses, semanas o días sin sentido; ni siquiera el calendario revolucionario francés, que me fascina justamente porque nunca he sido capaz de aprenderlo ni comprenderlo (compruebo que hoy sería 14 de Prairial del año 216).

Frente a las personas aprensivas y recelosas de comer un yogur caducado, yo intento resucitar en el hoy aquel día pasado para descubrir que, con frecuencia, ese momento pasado es un día todavía fresco y lleno de sabor. También es cierto que no lo intento con yogures caducados desde hace meses, pero no los descarto por prudencia sanitaria, sino por el miedo a caer quizá en la indisposición de la melancolía. No puedo estar de acuerdo con la adaptación láctea de las coplas manriqueñas para sostener que «Cualquier yogur pasado fue mejor», porque creo en la ilusión de ese futuro que se adivina en letras negras sobre fondo blanco. Tampoco defiendo a aquellos obsesos del destino, de la suerte, de la Fortuna, que desvirtúan el sentido de las tapas de yogures para transformar su momento para intercambiarlo por un par de cucharillas, una mensualidad convertida en emolumento dinerario durante veinte años o una vacaciones pagadas en un crucero que no atraviesa nuestras vidas más que por el filo.

Sólo tengo un temor, que inmoviliza desde estas falanges hasta el último peldaño de mi alma: no quiero ni pensar cuando vaya al supermercado, coja un lote de ocho yogures naturales (yo les proporciono el color con mi vida) sin azúcar (que es la sal dulce de la vida) y me encuentre insistentemente con una fecha próxima, cercana y machacona. Y rebusque y no compre. Y vaya al súper el día siguiente y esa fecha sea siempre la misma. Y un día, hambriento, acabe comprando esos ocho yogures, que serán el acompañante enguadañado de la muerte. ¿Inmortalidad? Reconociéndome mortal, casi me quedo con la frase de Roy en Blade Runner: «¿Tiempo? El suficiente?». Aunque note mi mano cada vez agarrotada y sienta el hálito del futuro pisándome la vida a cucharadas.

8 comments
  1. Blogofago says: junio 3, 20088:25 am

    Cada yogur es una maravillosa factoria bio-logica.

    Antes de que llegue la fecha, bebamos peligrosamente la vida…saciemonos de yogures caducados

    (de fondo se deberia escuchar el riff de "Born to de Wild ")

  2. Mafaldia says: junio 3, 20084:19 pm

    A mi eso me pasa con las salchichas… siempre me gusta comprarlas porque tienen una fecha de caducidad amplia y las guardo como tesoros y siempre se caducan ¿cómo es posible? ¿por qué coñ…. las compro? tiene que haber un transfondo a este asunto seguro. XDD 🙂

  3. Blogofago says: junio 3, 20084:33 pm

    Apreciada Mafaldia:

    Tanto mi familia, como yo mismo te agradecemos enormemente que sigas comprando periodicamente salchichas.

  4. Bipolar says: junio 4, 200812:54 am

    Estimado Sr. Verba Volant:

    Creo que estamos por descubrir la simbología sentimental a través del sedoso tacto del papel higiénico.

    P.D.: ye ne compré pá del calendario francés

  5. Mercedes Pallar&eacu says: junio 4, 20086:30 pm

    Yo siempre hacia el yogur en casa para mis niños. Nada de fecha de caducidad. Simplemente compraba un yogur natural , ponía un poco en un cazo con un litro de leche , lo dejaba encima de la calefacción toda una noche, y ¡voilá! al dia siguiente teníamos un litro de yogures maravillosos que, claro, desaparecían en un santiamen. Un simple yogur me daba para hacer unos seis litros de yogur. Claro, esto en invierno. Besotes, M.

  6. el_ucraniano_aniano says: junio 9, 200811:54 pm

    ¿Redundancia de hitos kilométricos camino de Fuentes Blancas?

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