— Verba Volant

Querido diario dos puntos

cahiers

Querido diario:

Hace mucho tiempo que no te escribía con el corazón limpio. Reconozco que tus páginas, últimamente, encerraban sólo lo que soy y no lo que siento. Que tus páginas encerraban los sucesos propios de la derrota, pero nunca una victoria en el ánimo ni en los quicios de cada renglón. Te había convertido en algo que no quieres ser, porque los diarios, como las personas, tienen su vida en la página entera y no sólo en el pie. El sol del crepúsculo, bien lo sabes, daña los ojos con más intensidad, a veces, que su luz de mediodía. Todo está tranquilo por acá dentro. La taquicardia pasó hace un momento. Cuando llegan los minutos fatales, opto por aguantar la respiración y dosificar la exhalación. La locura, como las ondas de un mar encrespado, tiene su encanto vista desde lejos.

Empujo esta noche las líneas a ritmo de swing. Como doctores tiene la Iglesia, el swing tiene sultanes que dosifican la belleza en perfectos acordes de guitarra. La cama está fría. La funda nórdica no ha retenido suficiente calor humano. Pero las ventajas de escribirte en un ordenador portátil es que las letras se van contagiando con el calor de tu procesador, enmarcado en un color blanco adornado de manzanas. La distorsión, la tensión y el tesón son palabras agudas, pero me serenan más las palabras llanas. Las esdrújulas no me gustan. Parece que siempre restan algo a lo que decimos. Y los finales son de por sí bastante tristes como para que una tilde los anuncie con esa atrevida antelación.

Te escribo hoy, querido diario, porque esta noche sentía la necesidad de juntar palabras. La noche avanza por los cuerpos hasta traspasarlos con una temperatura cercana a cero que, pese a ser centígrado, parece más absoluto que el otro, ese que estudié y que ya no aplico. Te recuerdo que puedes olvidar todo lo que he escrito, que puedes omitir a tu antojo todos los dislates manchados de negro. Las cabezas se van calentando de tanto pensar y alejan a todo lo que hay debajo de sus alegrías.

Por hoy, me despido. Cierra hoy las tapas de cartón cibernético. Es tarde ya, aunque sobrevivan las farolas.

P. D.: sueña con los angelitos, pero no los cuentes como si se tratase de ovejas. Recuerda que ellos –y sólo ellos– son inefables en este mundo de sombras.

(Imagen de Paul Worthington)

5 comments
  1. Merche Pallar&eacute says: diciembre 13, 20099:41 am

    Ese clima…ese clima… Besotes calentitos, M.

  2. Paraisos Virtuales says: diciembre 13, 20093:56 pm

    Sorpresa ¡ Andestas promoción del 83 ¡¡ yo soy de los 80…

    ¡ siempre suenan a nuevos los sultanes… aunque toquen swing

  3. jeronima says: diciembre 14, 20097:55 am

    Delicioso.

    Cuidaré de sus sueños.

  4. Raúl says: diciembre 15, 200911:15 am

    Merche.- Te aseguro que el clima de Burgos no me afecta. Creo que, en mi caso, el clima va por dentro.

    Paraísos Virtuales.- Pues sí, querido amigo, tenemos una cosa más en común. Y ya van… Y Dire Straits, en efecto, siguen siendo mágicos.

    Jerónima.- Siempre un placer tenerte por aquí. Sé que velas por nosotros muchas noches.

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