— Verba Volant

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Tag "Terapias de felicidad"

Hace mucho tiempo, escribí una entrada de lo que iba a ser una serie. O, más que una serie, era un propósito. O más que un propósito, era una tarea. O, quizás, en el fondo lo que quería es tener una estrategia para ser feliz.

Creo que, visto el asunto, me conozco suficientemente como para saber que la felicidad, para mí, ni siquiera es una aspiración, sino que es una ilusión, una ficción. No obstante, una cosa es ser consciente de que nunca voy a alcanzar la felicidad y otra muy distinta el negarse a ver que, cada día, hay algunos destellos que hacen mi vida más soportable.

Por lo tanto, tal y como hice en aquella ocasión, reflejó una lista de momentos apacibles ocurridos ayer dentro de las tormentas:

En mi entrenamiento colectivo con mi equipo de natación, he conseguido un par de momentos de nado subacuático fluido. Al resto de la humanidad le podrá parecer absurdo, pero es uno de los momentos más satisfactorios y bellos cuando uno está debajo del agua.

Ese momento debajo del agua, me ha hecho reflexionar sobre otra circunstancia: en la vida, no siempre es bueno ir con la cabeza levantada. A veces tienes que bajarla y alargar más los brazos.

En medio del marasmo de trabajo y corrección de prácticas, me he encontrado con varias alegrías. Unos cuantos trabajos fuera de serie y unas dosis de momentos emocionantes.

También esto me ha servido para reflexionar que me gusta ser profesor no por lo que pueda yo enseñar, sino por lo que puedo aprender. Y no es una forma de hablar, sino algo de lo que estoy plenamente convencido.

He visto una película, Capitán Phillips, que será perfectamente prescindible en mi vida, pero me ha ayudado a pasar un rato divertido, ajeno a los delirios.

He aparcado pronto el coche y me he quedado dentro hasta acabar de escuchar una de mis canciones favoritas.

He comprado una enorme barra de pan con una pinta estupenda al mismo precio que una normal.

Me ha gustado ir a la compra en bicicleta y volver cargadito o con dos bolsas. El peso, que dado provoca una caída, ha sido el que me ha dado luego estabilidad.

He pensado hoy en el día de ayer, que es, como todos los años, de recuerdo horroroso, pero me he quedado con el brillo de aquellos ojos azules para que sigan alegrando y ejemplificando lo que soy y lo que pienso.

Y, por fin, me doy cuenta de que soy capaz de pensar en diez cosas positivas. No está mal. Es un progreso.

Imagen de Aaron Kalandy

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No soy muy amigo de las teorías psicológicas que yo denomino “iluminadas”, pero hay ciertas corrientes bastante serias en la actualidad de la denominada psicología positiva, que tiene a Martin Seligman como uno de sus representantes más destacados (también contamos, en el ámbito español, con Luis Rojas Marcos). En el ámbito español, pese a ser muy divulgativas, me encantan las intervenciones de Elsa Punset en El Hormiguero. En uno de estos programas, Elsa Punset hace unas reflexiones muy generales pero muy apropiadas en torno a la búsqueda de la felicidad y se afirman cosas como que, cuando estamos tristes, nos obcecamos en ver solo una parte mísera de la realidad pero olvidamos otras cosas positivas que hay a nuestro alrededor porque, en el fondo, quizás no vemos las cosas como son realmente, sino como el cerebro nos dice que son (somos muy obstinados en nuestras percepciones). En ese mismo programa Elsa Punset nos brinda un consejo muy simple para “educar” a nuestro cerebro a ver las cosas buenas de la vida poniéndonos a la tarea de hacer una lista diaria con las cosas positivas que nos han sucedido a lo largo del día.

Esto es lo que me propongo hacer explícitamente en el blog de vez en cuando. Empezamos con cosas que me han sucedido entre ayer y hoy. Son pequeños detalles, pero quizá mi cerebro empiece, paulatinamente, en percibir los colores y no sólo el blanco y, sobre todo, el negro.

  1. Entre un tumulto de obsesiones y pensamientos tristes, se me ha ocurrido un chiste muy malo con el que me he reído a mandíbula batiente.
  2. He presenciado una pequeña conversación en torno a cuestiones importantes de la Universidad y he visto que el mundo, al menos de momento, sigue funcionando.
  3. He salido a correr y, pese a una temperatura gélida, he disfrutado con un sol temprano que iluminaba el camino y con el que las ramas de los árboles hacían formas maravillosas.
  4. Pensando en mi salud, he comprobado que últimamente las cosas van sobre ruedas, sin ninguna lesión a la vista.
  5. Me ha gustado detenerme en preparar a mi hijo el desayuno: leche caliente con cacao y galletas. Hoy no me lo he tomado como una obligación, sino como un regalo.
  6. Pese a tener mucho trabajo acumulado durante estos días, me senté frente a la televisión para disfrutar de un capítulo de Fringe.
  7. Pensando en esta serie, tengo que dar las gracias a las personas que me aconsejaron insistentemente para que no me la perdiese.
  8. Tuve la suerte de relacionar unas cuantas ideas que tenía perdidas para un trabajo de investigación que tengo pendiente.
  9. Disfruté cenando una ensalada y un plátano, y no me asaltó la necesidad compulsiva de empapuzarme después con miles de galletas.
  10. Fue cerrando los ojos paulatinamente, dejándome vender por el cansancio más que por las preocupaciones. La pasada noche no hubo monstruos.

(Imagen de Elisa Deljanin.)

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