— Verba Volant

Cuanto más conozco a la Humanidad…

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¿Qué se puede sentir cuando se muere un compañero? El pasado jueves murió. Me acompañó cientos de horas con silencios cómplices y siempre se acercaba un poco más a mí en los momentos tristes, receptivo y atento a mis emociones. Fue mi acompañante durante miles y miles de kilómetros: me ayudó en el entrenamiento de cuatro maratones y de ni se sabe cuántas carreras intermedias. Lo hizo sin preguntarme nunca la hora, a las cinco de la mañana o a las doce de la noche; sin que se desanimase por estar a treinta grados o a ocho bajo cero; ya tocase correr cuarenta minutos o dos horas y media. Ayudándome con su paso acompasado, su coreografía simétrica acorde a mis zancadas. Al acabar, estirando los músculos, entre jadeos, esbozaba lo que podría parecer una sonrisa, aunque no lo fuera. Entre todas las cosas del mundo, le gustaba jugar en la nieve, cabalgando entre los copos cuajados, deteniéndose de repente, vuelta y vuelta, para agacharse en una invitación cómplice al juego. Era grande pero sereno, agresivo a veces, pero sólo con los de su especie. Educado al ciento por ciento: nunca un sonido más alto que otro, jamás una insistencia no razonada. Aunque poca gente lo sabe, su sangre no era del todo egregia, ya que mezclaba templadamente, sobre su estirpe belga, algunos rasgos teutones. Pese a todo, era un malinés con todas las letras. Es conocido el dicho popular de que “Cuanto más conozco a la Humanidad, más quiero a mi perro”. Yo no estoy del todo de acuerdo. Me asustan las palabras grandes, esas que se escriben con mayúscula. Las veo como lo abstracto que representan (es decir, nada), pero adivino tras ellas su destilación en seres concretos, en personas con nombres y apellidos. Y creo que el nutrido conjunto de seres humanos que no merecen la pena no empaña la existencia de gente en la que confiar y con la que poder caminar unos pasos en tu vida. Pero el jueves, se murió Tor, mi perro. Y él me siguió los pasos, kilómetros y kilómetros. Con frío y con calor. Y siempre se acercaba un poco a mí cuando estaba triste. Hoy, cuando escribo esto, no le tengo ya para que me consuele.

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8 comments
  1. Francisco O. Campill says: enero 5, 20081:28 pm

    no puedo comprender lo que sientes en estos momentos, o tal vez sí; pero desde el ciberespacio, mi abrazo. todo con minúculas, como bien dices.

  2. Blogofago says: enero 5, 20082:57 pm

    Yo si te comprendo…y bien.

    Hace ya unos cuantos años tuve que llevar a otro buen "compañero" a que le ayudasen a dejar de sufrir de manera atroz. Nunca podre olvidar ese viaje en coche y su mirada final…..

  3. Yago says: enero 5, 20086:27 pm

    También creo comprenderlo, hace ya algunos años que perdí a uno de mis amigos de la infancia. Hoy es el día en el que algunos días de verano se tildan tristes y solitarios al faltarme una mancha negra que caminó a mi lado, desde que aprendí a andar, hasta que corría a su lado. Nervo, como un poeta.

  4. Pablo says: enero 5, 20089:05 pm

    Vaya, hermano, no veas cómo lo siento. Yo también tengo un perro en el recuerdo, Fido. Era la alegría de la casa de mis padres. Aún hoy, a veces, presiento que me espera en el rellano, nervioso, ladrando de alegría… De verdad que me apena. Un gran abrazo.

  5. jeronima says: enero 5, 20089:40 pm

    Pancho no era mío, pero como si lo fuera. Vivimos años divertidos, jugábamos tanto con él…Hoy a Sam, que aunque no es mío también lo quiero un montón, a veces le llamo Pancho…

    Han pasado 17 años, pero todavía hay veces que siento que viene a saludarme cuando voy a casa.

    Lo mejor de todo, su recuerdo.

    Un abrazo sincero,

    Jerónima

  6. faq says: enero 5, 200810:54 pm

    Es curioso, el sentimiento que me ha venido es el de los amigos que no ya no están. Y me ha venido la musiquilla de "cuando un Amigo se va…" .

    No te valdrá de nada, pero lo mismo que se suele decir en los funerales " Lo siento. Te acompaño en el sentimiento" , palabras que no por mil veces dichas dejan de ser sinceras, lo di go ahora. Lo siento Amigo. Te acompaño en el Sentimiento".

    Tuve la oportunidad de conocer a Tor y jugar con él en varias ocasiones, y he decir que es el mejor Perro que he conocido.

    Un Abrazo amigo.-

  7. Raúl says: enero 6, 200810:15 am

    Gracias a todos. Ahora sólo falta que no sólo los perros sean los mejores amigos del hombre.

  8. pedro ojeda escudero says: enero 6, 200810:41 pm

    es difícil igual la mirada cariñosa, fiel y sincera de un perro… aun recuerdo el mío, el único que he tenido, y ya han pasado más de veinte años

    sé lo que cuesta desprenderse de los recuerdos de su compañía

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