— Verba Volant

Eligiendo

daisy

Hoy he descubierto una herramienta informática sencillísima y que va a cambiar mi vida por completo. Se llama «Universal Decision Maker» y es tan sencilla como transcendente: con un procedimiento tan simple como pulsar un botón, te brinda las posibilidades aleatorias de decir «Sí» o «No». Un día, te llama un amigo por teléfono y te pregunta que si quieres dar una vuelta y no sabes qué hacer. Entonces, vas y dices: «Espera un poco, que enciendo el ordenador»; ves una arañita que avanza hacia el no y le contestas a tu amigo: «Lo siento, no hay nada que hacer. Tengo que hacer unas albóndigas». Como conozco a vostros, mis lectores, mejor que si os hubiera parido, sé lo que estáis pensando, que si ya estoy con mis chorradas de siempre. Pero os equivocáis de medio a medio.

Como contrapunto a este mecanismo de respuestas aleatorias, sólo cabrían un par de opciones. Una de ellas sería contestar lo primero que se nos ocurriese, sin más ni más. Contra lo que podría esperarse, los resultados obtenidos por este sistema no serían totalmente aleatorios, tal y como nos explican en Ciencia en el siglo XXI –de donde he sacado la información sobre la aplicación y donde se explica el proceso de manera científica–: por eso muchos especialistas dudan de la validez de los números «aleatorios» establecidos por los notarios en algunos procedimientos selectivos, ya que «lo primero que se nos pasa por la mente» no es equivalente a azar puro y duro. Por lo tanto, no vale. La otra sería optar por dar una respuesta basada en elementos racionales, propias del proceso de toma de decisiones. Desde que William James nos hablara, hacia finales del siglo XX, de las fases del acto voluntario (represesntación de un fin que alcanzar, deliberación, decisión y ejecución), se ha sospechado que el mecanismo de la voluntad era menos racional del que se esperaba. Y que las decisiones no se tomaban paso a paso, sino en una pack. Los psicoanalistas, que tuvieron intuiciones geniales (y llegará el día en que tendrán que ser reconocidos sus destellos puntuales más que el sustento general de sus teorías), ya decían que las deliberaciones no se fundan en elementos racionales, porque primero decidimos y luego «apañamos» los resultados dotándolos de una pátina de racionalidad que no supera ni un milímetro de espesor. De ello nos habla Gerd Gigerenzer en el libro Decisiones instintivas. La inteligencia del inconsciente, demostrando fehacientemente que nunca decidimos de forma totalmente racional, sino que todo proceso deliberativo está enraizado también en pulsiones emocionales.

Así que nada. Cuando queráis decidir algo, le dais al botón y el decidirá por vosotros. «Me quiere». «No me quiere». «Me quiere». «No me quiere»… y así hasta que diga la arañita.

(Imagen de Tassiesim)

6 comments
  1. JR.Justo says: abril 14, 200911:36 pm

    Lo de las albóndigas es un tema que yo suelo(solía) usar en beneficio de mi personalidad perezosa y antisocial , ahora que he quedado un poco al descubierto me inclinare hacia las siempre epicureas recetas de chipirones, sepias y demás seres tenaculares

  2. Merche Pallar&eacute says: abril 15, 20099:19 am

    ¡Qué mania de diseccionar todo hasta el último milimetro! Con lo simpática que es la locura… Besotes, M.

  3. mafi says: abril 15, 20093:34 pm

    Es verdad, en todas las rifas ganas si dices el 7… 😛

  4. GELU says: abril 15, 20095:47 pm

    Buenas tardes, Raúl Urbina:

    Como se entiende de lo que explica Gerd Gigerenzer a Eduardo Punset, la ciencia, como en tantas ocasiones, al final llega a "lo sencillo".

    Dice:… que son resultados novedosos, que no se sabía hace diez años…que la intuición puede llegar a ser mejor que los modelos de elección racional o la regresión múltiple o los programas estadísticos más complejos".

    Pues eso. Saludos.

  5. pablo miguel sim&oac says: abril 15, 200911:14 pm

    Me recuerdas a Bretón con un revólver en cada mano y disparando a ciegas contra la multitud. Desprendida de efectos colaterales, la vivencia pura de lo aleatorio puede ser todo un arte. Aunque ni siquiera la escritura automática puede existir más que por casualidad, por muy genial que fuera Tristan Tzara la voluntad siempre se impone al acto puro.

  6. Raúl says: abril 15, 200911:36 pm

    J. R. Justo:.- Me has dado una buena idea: la próxima vez que el azar me diga que no me apetece ir al cine, me decantaré por las recetas epicúreas. Tienes toda la razón.

    Merche.- Yo soy muy milimétrico… Muy azarosamente milimétrico.

    Mafi.- Es cierto lo del siete. Tú lo sabes bien, que tienes a un buen mago en la familia. Me consta.

    Gelu.- Gigerenzer es grande.

    Pablo Miguel.- Es un honor disparar a ciegas a lo Bréton. Y tienes razón: o ponemos un mecanismo como el de las arañitas o el dadaísmo no se lo cree ni Tristan Tzara.

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