— Verba Volant

Otro y el mismo día

Relojarena

Me he pasado gran parte del día pegado a pantallas de formatos diversos. En parte, ha sido por vicio (la tercera temporada de Damages lo merece; El secreto de sus ojos lo está mereciendo). En parte, ha sido un día de trabajo con pocas recompensas: apuntes colgados en mi sitio web con un servidor que se resistía de forma contumaz; correos que había que contestar de forma inminente; flecos varios. Definitivamente, el fin de semana se ha pasado sin haber hecho nada relevante, pero también ha impedido el paso de momentos totalmente agradables, excepcionales y extraordinarios.

Lo siento, pero he de decirlo: el trabajo de profesor tiene mucho de esos momentos ingratos, de horas robadas a las historias personales y que no conducen a ninguna parte. No todos los días se escribe un artículo genial. No todos los momentos aportan ideas de relevancia. No hay muchos minutos en los que sirvas realmente para mucho. Pocos instantes para preparar la clase definitiva. El trabajo se convierte en un suma y sigue sin final y sin mucho sentido que no sea el de la supervivencia. Además, es un trabajo que no se nota ni se siente. La mayor parte de la población mundial piensa que nos pasamos la existencia tocándonos la punta del níspero o el equivalente femenino. No hay nada de lo hecho hoy que justifique vehementemente el deber cumplido. No hay sueldo que lo pague. No hay nadie que lo sepa. No hay ninguna agencia de acreditación que valore estos pormenores.

Si uno hace balance, descubre una cantidad ingente de horas, de días y semanas con esfuerzos baldíos. Mientras todos nos imaginan entre vacaciones perpetuas, entre fines de semana interminables, entre días llenos de ocio y tiempo libre, la realidad nos ata muchas veces a una silla y un ordenador para intentar ser mejores en nuestro oficio, para que el engranaje por el que transmitimos conocimientos y competencias no se oxide.

Quizá mañana, al ver unas caras somnolientas, me anime pensando en las conciencias y consciencias que quedan todavía por despertar. Por eso, mañana –cada mañana– es siempre otro y el mismo día.

(Imagen de Iván Antúnez.)

5 comments
  1. Max Estrella says: marzo 8, 20102:11 am

    Muchos trabajos no son mediáticos. Muchos no caminarán por la alfombra roja, ni posarán portadas en revistas rosas, ni serán parados por la calle por una rúbrica en un papel. No obstante eso no hace que el trabajo sea peor. Este año, el discurso de Alex de la Iglesia en los Goya fue fascinante y habló sobre este tema.

    No obstante, existe un trabajo bastante importante. Todos podemos sobrevivir sin saber chutar a gol, fingir una sonrisa fingida ante la cámara y muchos etcéteras más. Pero nadie es capaz de vivir sin saber leer, escribir, sumar, restar,… y ese mérito de que hoy en día la población tenga ciertos conocimientos generales que le ayuden a sobrevivir, ese mérito que yo sepa solo tiene un gremio.

  2. Amanda says: marzo 8, 20103:04 am

    No siempre lo que hacemos tiene su recompensa inmediata. Quizá es que los alumnos a veces somos demasiado desagradecidos, pero con el tiempo nos damos cuenta y aprendemos a valorar lo que tuvimos y lo afortunados que fuimos al tener un profesor que, sin darnos cuenta, no nos enseñaba simplemente los conocimientos básicos. Lamentablemente, no todos llegan a ser conscientes de ello. Pero, por suerte me incluyo en el grupo de los que sí lo somos y te doy las gracias porque, junto con otros, me contagiaste del entusiasmo por aprender.

  3. KOKYCID says: marzo 8, 20103:11 am

    Como la peli del "Día de la marmota"

  4. Gelu says: marzo 8, 20104:49 am

    Buenas noches, Raúl Urbina:

    – No veo series, pero me encanta Glenn Close.

    – Sobre la película "El secreto de sus ojos" he oído estupendos comentarios. La veré.

    – Cada mañana es distinto, aunque parezca el mismo. Detrás de cada cara somnolienta, hay otras mañanas iguales y diferentes y -dentro de sus cabezas jóvenes- las dudas y preguntas propias.

    Saludos. Gelu

  5. Merche Pallar&eacute says: marzo 8, 201010:12 am

    Creo que tienes una profesión maravillosa aunque, como todos los trabajos, tenga su lado oscuro y pesado que nadie aprecia. Muy bonito lo que te dice AMANDA.

    Tambien tengo que ver "El secreto de sus ojos"… ¡Ah! y gracias por tu contestación en el post anterior. Besotes, M.

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