— Verba Volant

Entre planificación e improvisación – Novela #3

Estoy trabajando en un capítulo que me está dando bastantes problemas, algunos de los cuales tienen que ver con la perspectiva y el punto de vista, aspectos de los que tendré que hablar más pronto que tarde.

No obstante, hoy quiero tratar otra cuestión, que no es otra que la planificación frente a la «improvisación». Una planificación excesiva hace que el texto quede encorsetado; una improvisación demasiado alegre deja a este texto sin control. ¿La solución? Que el texto esté tan bien planificado como para que no se advierta y que tenga las dosis de improvisación necesarias para que parezca fresco.

Todo esto es fácil decirlo y muy difícil ejecutarlo. Comencé el capítulo del que estoy hablando con una idea ligera que se iba plasmando muy lentamente en el proceso de escritura y quedé bastante satisfecho. Luego, por razones de trabajo, tuve la necesidad de «recuperar» muchas horas perdidas en una única sesión de trabajo en el que el ritmo de escritura fue poco meditado y vertiginoso. Contaba, eso sí, con unos apuntes previos, lo que ha facilitado que el texto sea mucho más coherente. Mi principal inquietud era si se notaría esas dos secuencias distintas de trabajo. Tras una revisión final, he comprobado que todo ha quedado más compacto de lo que yo pensé en un principio.

Esto demuestra que el proceso de escritura tiene un proceso previo de composición que no tiene que estar necesariamente en el papel. De hecho, es evidente que las vueltas que les doy a las ideas mientras estoy corriendo o cuando nado hacen que, en el fondo, nada sea totalmente improvisado. Hacer ejercicio me sirve para dar vueltas, para colocar y recolocar. Para que aparezca, de repente, una frase. Si la mala suerte viene acompañada de la mala memoria, la frase se perderá para siempre.

Si nos olvidamos de este proceso, algunos pensarán y confiarán en que esto es inspiración. Pero todo el que se ha puesto a escribir sabe que esa inspiración procede de darle muchas vueltas a algo en nuestra cabeza. Si la escritura tiene algo de mágico, no lo tiene por estas «ráfagas», sino por una luz que estaba en algún sitio y aprendimos a canalizar.

(Imagen de Eneko Menica. La entrada pertenece a la serie del Proceso creativo de mi novela.)

1 comment
  1. Aldabra says: diciembre 11, 201212:40 pm

    coincido contigo en esa forma de dar vueltas a las cosas, pensando, anotando frases… al final, nada surge espontáneamente, como bien dices, esa luz estaba encendida en algún rinconcito.

    biquiños,

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