En medio de todos los absurdos

El otro día me preguntaron por qué me gustaba Franco Battiato en vez de Loquillo. Y yo dije que eso no era cierto, que me gustaba Loquillo. Que Loquillo me tenía que gustar de forma perdurable y permanente, desde aquel Cadillac solitario. Porque el sentimiento de soledad es universal. Aunque no fume. Aunque no conduzca un Cadillac. Aunque hoy, a estas horas no esté borracho. Y aunque tampoco me encuentre bajo las palmeras, que son tan solitarias como el Tibidabo, como un castaño cercano al Arlanzón. Y dije que me gustaba Loquillo desde esos inicios y hasta el final, ese Balmoral en el que, con él, rememoramos la paradoja de que, no siéndolo, seguimos siendo los de entonces.

Pero no dije lo más importante. Que me gusta más Battiato desde sus principios. Porque busco un centro de gravedad permanente. En medio de todos los absurdos.

(La imagen es de Duegnazio.)

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