— Verba Volant

Archive
Música
https://flic.kr/p/92RXdm

A mí me encantaría aprender a tocar el piano, es un instrumento que siempre me ha fascinado. Fui al conservatorio con esa ilusión a eso de los doce años, cuando era necesario hacer dos años de solfeo antes de tocar (en los dos sentidos del término) un instrumento.

Eran tiempos, claro, en los que para tocar un piano tenías que tener uno. Aunque no sea lo mismo, ahora existen teclados de precio moderado que sirven para hacer un apaño, pero, por aquel entonces, los pianos tenían un precio prohibitivo. Desde el momento de ingresar en el conservatorio, ya desconfiaba de las promesas de mi madre, que me aseguraba que tendría uno.

Cuando llegó el momento de tener que elegir el instrumento, mi madre me confesó que tendía que elegir otro, que de piano nanay. Y que la guitarra que tenía mi hermana por casa podría servirme. Ahora me doy cuenta de que hubiese podido optar por el violín, un instrumento exquisito que podría haber estado a nuestro alcance, pero cedí. La culpa no la tuvieron ni la profesora que tuve (que no me gustaba nada) ni la guitarra en sí, pero empecé a perder la ilusión por la música y me inclinaba más por ver Con ocho basta y otros programas infames en la televisión que por las semicorcheas y la clave de do.

Y ahora pienso, muchísimo tiempo después, que quizás no sea tarde para cumplir ese pequeño sueño. Y poder tocar el piano o, al menos, intentarlo.

La imagen es de Mischelle.

Read More

Siempre hay un momento para la música y una canción para cada momento. Lo que ocurre es que, en muchas ocasiones, nosotros escogemos ni los momentos ni tampoco la música. Los mejores momentos musicales de mi vida no han sido nunca deliberados. Han surgido siempre de extraños azares, de casualidades que han generado, después, extrañas sensaciones de haber surgido por un motivo.

No me gusta renunciar a la música presente y, de hecho, mis ahoras están inundados de momentos mágicos regalados por artistas actuales, pero me encanta que, gracias a la reproducción aleatoria, afloren melodías del pasado. Lejos de producirme vergüenza, me siento muy feliz cuando se me aproxima una melodía ñoña que buscaba en la emisora de moda con fruición o cuando un éxito de radiofórmula que quedaba registrado en una cinta de casete con una etiqueta de mis favoritos y que iba pasando de mano en mano llega a mí a estas horas de la tarde.

Por eso, doy las gracias a esa reproducción aleatoria de Spotify porque, en versión de Javiera Mena, ha rescatado del naufragio «Yo no te pido la luna», que escuchaba a Fiordaliso cuando la adolescencia me llenaba de granos, de falsas seguridades y de intrigantes titubeos.

Es una canción malísima, facilona, nada depurada y lejos de todos los cánones estéticos admisibles. Pero me gusta pensar que, en la época pandémica de las distancias, quiera envolverme en tus brazos para no quede espacio entre tú y yo. Quiera ser confidente y conocerte por dentro. Quiera ser una locura que vibra y que corra en contra del viento para esperar todos los inviernos. Queriendo ser frágil y de papel, yo no te pido la luna.

Imagen de Thomas Hawk.

Read More

Esta tarde he vivido un momento tristísimo. Estaba contestando los últimos correos laborales de la jornada confiando en los descubrimientos semanales que me ofrece Spotify eligiendo melodías en función de las canciones que más me gustan. Me encanta encontrarme con canciones que no conocía o volver a toparme con viejas conocidas que había olvidado y recurro a esta lista que se renueva cada semana.

La cosa iba estupendamente bien cuando, al poco tiempo, ha saltado la canción «Wonderful Life», de Black. Era una de las canciones preferidas de una de mis amigas de infancia, adolescencia y juventud. Recuerdo como si fuera ayer cuando íbamos en el coche de su novio y ella ponía siempre la cinta de Black, que siempre creaba un momento mágico de serenidad. Hace bien poco, sin avisar, una enfermedad la fulminó en muy pocas semanas. La noticia nos vino de sopetón, sin aviso previo, sin que hubiese una manera de que nos protegiésemos de esas sorpresas desagradables con las que la vida, cada vez más frecuentemente, nos acaba sorprendiendo.

Y, ahora, la mala suerte ha hecho que escuche de nuevo, muchos años después, esta balada tan dulce, que nos cuenta la historia de alguien que sale a un día soleado, con el pelo y los sueños mecidos por el aire, con gaviotas que se reflejan en sus ojos, experimentando la magia del universo por todos los rincones. Sin ninguna necesidad de esconderse, era suficiente con disfrutar de esta vida maravillosa. Con el sol en tus ojos y el calor en el pelo, esta estupenda vida nos basta. La felicidad se consigue evitando la soledad, con un amigo a tu lado, compartiendo ese momento de goce frente a la existencia, ante el cielo y ante el sol. Sin ninguna necesidad de reír ni de llorar, disfrutando de esta vida maravillosa.

Ella, sin embargo, ya no está para ponernos «Wonderful Life». Nunca me ha costado tanto prosificar una canción.

Read More

No importa lo que pase. Si todo va bien, canta y baila. Si las cosas se tuercen, pon música.

Si optas por canciones tristes, te servirá para que esa tristeza supure por tus heridas, para que brote por tu epidermis y se convierta en un acto de contemplación o de redención, un momento de reconciliarse con las cosas bellas. Si optas por canciones alegres, sube aún más el volumen (si puedes, todavía un poco más: los auriculares también valen para no cabrear a todo el barrio). Que tu corazón salga del latido mustio y se vaya acelerando hasta que retumbe.

No quieras ser trascendente, no pretendas ir más allá de tus fuerzas. Sal de los límites y vuelve a las canciones de tu adolescencia o a las canciones que le gustaban a tu madre y que canturreaba a todas horas o a todas aquellas que no pasaron a la historia de la música.

Si echas a alguien de menos, no dudes y elige esas canciones importantes. Extiende como una alfombra toda la lista de los momentos que os unieron, pero apuesta también por otras melodías que supondrán una nueva senda, la senda de vuestro futuro.

No descartes tampoco subirte a los clásicos de los clásicos. Escala todo lo alto que quieras y prueba a mezclarlos en cócteles imposibles.

Pero, por encima de todas las cosas, hay algo que tienes que tener en cuenta. Cuando sientas que el silencio es atronador, no dejes que el momento revierta en afonía. En este caso, huye de la música callada y piensa en algo más parecido a una soledad sonora. Cuando sientas que tu vida pasa por unos instantes de zozobra, pon música.

Entrada escrita en una tarde en la que sonaban The Corrs, Artic Monkeys, Bach, Pretenders, Moby, M-Clan, Coque Malla, Efecto Mariposa, Immaculate Fools, Mikel Erentxun, Indigo Drone, McEnroe, Jovanotti, Fangoria, Kool Hertz, Muse, Rod Stewart, Chopin, Leo Sayer y The Thorns. Y alguna más.

La fotografía es mía, pero no la había colgado —todavía— en ningún sitio.

Read More

Ya no crees en la gente, te has vuelto nihilista, sueñas con no soñar. Y tomas pastillas rosas. No recuerdo el momento en el que dije que el cielo se está abriendo bajo tus pies.

Y te diría que te vengas conmigo a cualquier otra parte. Estoy perdido entre las sombras, pero, de momento, te recuerdo con tres notas sencillas y una bandera tan blanca como tu corazón.

Canción prosificada de modo minimalista y modificada a voluntad de «A cualquier otra parte», de Dorian. La imagen está tomada unas horas antes de que llegue el otoño.

Read More

Esta, indudablemente, es una historia extraña que me ha empujado a salir momentáneamente de mi deliberado silencio.

Parte de un sueño que tuve hace unos días. Era uno de esos sueños plácidos y recurrentes que van merodeando el dormir de manera muy agradable en alguien, como yo, que piensa que no sueña porque no recuerda lo que le acontece cuando pierde la vigilancia sobre sí mismo.

En el sueño, una imagen nítida en blanco y negro de Eugenio y una frase de una canción: «Si te vas, por qué te callas». La canción seguía en mi sueño e iba aportando estrofas sugerentes con una historia triste de amores y fracasos. Lamentablemente, no he conseguido rescatar más que el título y otras imágenes sobre ese vídeo musical y onírico. «Si te vas, por qué te callas» era la manera que tenía Eugenio de rematar cada estrofa. En el sueño, el cantante tiene una voz un poco más grave que la del original, del que os hablaré después. No puedo dar muchos más detalles: está claro que mi cabeza captaba una imagen de Eugenio tocando la guitarra, sentado, en un ligero plano picado, que resaltaba sus facciones y con las sombras matizando hasta los poros. Después, un acompañamiento musical extraño: una persona hacía ruidos fuertes y acompasados con un cartel enorme que hacían de contrapunto a la melodía y le proferían un toque casi violento, de manifestación de la ruptura.

Y no puedo deciros mucho más. Pude rescatar todo esto porque me desperté a las cuatro de la mañana y apunté alguna de las ideas que se iban desvaneciendo de manera rápida. Eugenio es un antiguo alumno de Comunicación Audiovisual, de grandes y variados talentos, al que considero mi amigo, aunque hace mucho que solo sé de él por las redes sociales. Entre esos talentos, esta el de la música. No solo toca varios instrumentos, sino que le gusta oficiar de luthier y construye cachivaches que suenan luego maravillosamente. Es una delicia ver su Instagram para escuchar esas composiciones.

Tengo muchas cosas que contar de Eugenio, al que pongo, en esta ocasión, con su nombre real, pero no lo voy a hacer, de momento. No obstante, voy a considerar esta entrada como una de las partes egregias de mis Historias de alumnos. Y será una historia de alumnos contando algo del futuro. Porque pido, desde aquí, a Eugenio, que haga realidad mis sueños.

Imagen de Joanna Boj.

Read More

Este fin de semana he hecho muchas cosas. La primera —y fundamental— ha sido ponerme nervioso porque hoy comienza el nuevo semestre académico. No puedo evitar sentir la tensión ante lo nuevo, las personas que llegan a mi vida y que quizás puedan permanecer para quedarse, como han hecho tantas otras, o deslizarse para perderse en un dulce o negro o transparente olvido.

También he visto dos películas: Yesterday y Green Book. Bueno, también he visto Keepers, pero de esa no hablo. Al modo de la película, he preguntado cómo sería un mundo sin los Beatles, aunque es una pregunta sin sentido porque no conocemos lo que no existe. Y me he preguntado lo que han aportado las canciones de los Beatles a la cultura, a la música, a mi vida. Sé que hay muchas personas que aborrecen a los Beatles, pero es algo que yo no llego a comprender del todo. Si borrásemos a los Beatles de la faz de la tierra y, como ocurre en la película, sus canciones surgieran, poco a poco, una a una, parecería que hay un milagro sobre la tierra. En mi vida, los Beatles fueron muy importantes. Hasta que tuve mis primeros discos, en mi casa había mucha música clásica, algunos discos de cantautores, música melódica… y Abbey Road. Y me contemplo, desde la lejanía de un tiempo añorado, con la funda del vinilo en la mano mientras iba escuchando, una y otra vez, cada canción. Cerraba los ojos y me trasladaba hacia un lugar muy cercano y muy querido, que estaba próximo a mi corazón. Al margen de dos discos de éxitos sin sustancia, mi primer disco deseado y regalado fue, después, Double Fantasy de John Lennon. Y los Beatles y Lennon me han ido acompañando como aquellos amigos que, aunque no ves durante meses, te alegras de reencontrar porque son los mejores.

La película de Peter Farrely, Green Book, tiene lo que todas las películas con pareja de por medio. ¡Qué estupendo es ver cómo dos mundos distintos se acercan cada vez más hasta mezclarse! Puede tratarse de una concepción del mundo, de un tipo de música, de cómo comer, de cómo hablar y escribir. De cómo manifestar y defender tus principios. De cómo ganar en un mundo que tiende al caos y que, con esa amalgama, nos reconcilia con algunas causas, que se resumen en una: la causa del ser humano, de lo que somos en lo más profundo.

Luego ha llegado la lectura. He terminado Lluvia fina, de Luis Landero. Me ha encantado. Resume, de otro modo muy diferente y con un desenlace también muy distinto, aspectos muy hondos de lo nuestro. En este caso, es la conversación entre personas próximas, entre familias y familiares. Subraya el valor del recuerdo mediatizado por todo lo que no recordamos y construimos, por todo lo que decimos y el poso que va dejando en nuestro interlocutor. No puedo decir mucho para no desvelar ese momento de lluvia fina con unas palabras que van pesando como losas.

Sigo escuchando canciones de Haim. He repetido en bucle «El colapso gravitacional» de La Casa Azul y he vuelto una y otra vez a «Fix You» de Coldplay. Qué canción, por dios.

Y me he levantado pronto, he actualizado algunas cosas de las asignaturas intentando mirarlas con los ojos de alguien nuevo, que llega ahora. Y, próximo ya el inicio, me levanto y empiezo a andar para pensar en mis cosas y en un submarino amarillo dibujado en un cuaderno negro para que todos lo lean.

Read More

Cuando, aburrido, miro por la ventana, invento otra vida diferente en la misma ciudad. Por si un día me dejas y todo acaba, te pido que pintes las estrellas de plata para que me imagine que estamos los dos a mandos de una nave espacial. Viajaríamos de madrugada, sin que nos haga falta decir ni una palabra. Y, cuando estés despistada, imaginaré que te hago una foto con las nubes blancas como detrás. Desde aquí, en lo alto domino el horizonte donde veía claro el porvenir: tres ilusiones, dos recuerdos. Y ese firmamento que dibuja el caminito multicolor.

*****

De hecho, más de una vez te he querido abrazar por temor a perderte después y pienso en aquel piloto que sobrevuela e peligro desde que el cielo amenazaba con lloverse. Y hoy, al verte llorar, me he acordado del calor de la casa en aquel invierno y el frío que siento en mi corazón.

*****

A veces, tengo ganas de fiesta, ganas de que acabe el invierno y vuelva el momento de nadar en el mar. Soñar en el verano me hace más fácil ilusionarme con un cambio de final. Todavía guardo algunos poemas y algunas cartas que nos escribíamos entonces y ahora te harían reír. Me imagino tu cara triste, mi amor de plata. Imagino que todo vuelve a empezar y que seamos delfines viviendo en toda la inmensidad del mar.

*****

Cuando la rutina pese demasiado, nos iremos en un viaje infinito con esa tonta y maravillosa sensación de libertad. Partiremos hacia el fondo de ese mundo del que me has hablado tanto, un paraíso de bosques y montañas, donde los miedos y los temores se convierten en paisajes. Sobre un mapa imaginario, dibujaremos caminos y nos invadirá una ilusión desconocida por avanzar entre sus curvas y pedregales. Llegaremos al fondo, ese del que me has hablado tanto, donde los miedos y los temores se convierten en paisajes.

*****

Procura no cruzar al otro lado, no dejes que te engañe la frontera. Yo me quedaré a vivir siempre, viviendo los momentos de nuestro pasado. No dejes de viajar en tranvías y trenes, recuerda cómo me besabas y acuérdate de esa canción pop que envuelve nuestra vida hasta todos los finales. No te vayas demasiado lejos, quédate a vivir de este lado. Si necesitas olvidar y estar callada, quédate dormida en los hoteles, escucha el rumor de los volcanes y deja bien cerrado tu pequeño mundo, en el que podrás curar cualquier herida. Y, si un día decides volver, rodea tu cabeza con mis manos. Así quiero quedarme. Para siempre.

*****

El frío de este invierno que me habita, el cansancio y la costumbre, no conocen ni siquiera un ápice de un amor tan bien guardado, atento siempre a tu mirada. El color de los días tristes no consigue apagar nada. Y sigo viendo dos cuerpos abrazados, sobre un amor tan fuerte.

*****

Ven a bailar y, si te quieres quedar, te llevaré hasta el cielo en mi coche.

*****

Quisiera ser un planeta que girase alrededor de ti. Tú serías la estrella de mi corazón y conseguirías borrar todas mis huellas. Cuando tengo una pena muy grande, confieso que me encanta mirar tu cara, tan graciosa cuando bebes zumo de limón. Para olvidar esas penas, esos miedos, esa noche oscura, te besaré en espiral cuando no nos mire nadie. Entre tanta mentira y tanta canción, no paro de reír con una sonrisa inocente, demasiado infantil, que me hace pensar qué tonta es la vida y qué grande es nuestro amor. Así que piénsalo, necesito algo más en esta vida: estrellas. O limones.

*****

(Canciones prosificadas, modificadas y distribuidas a voluntad del sublime disco de Family, Un soplo en el corazón. Con imagen de Silke Remmery).

Read More

La oscuridad va cortando el día y la soledad llama a mi puerta. Mientras todo se vuelve triste, salgo, como todas las tardes, al bar de siempre, ese que está al otro lado de las vías del tren. Me siento, como siempre, a una mesa para dos, al fondo del local. Y, como siempre, me siento solo, con esa silla vacía delante que muestra de forma gráfica siete maneras de perderte, entre esas luces de neón de resplandor leve.

Hay siempre aquí un espacio para los animales solitarios, seres que contemplan cómo se rompieron sus sueños mientras contemplan el ajetreo de grupos, la alegría de las parejas que viven de forma salvaje y libre. Cuando cierro los ojos, te veo entre las sombras de este bar lleno de partículas de polvo en suspensión y no sé cómo ahogar esa angustiosa necesidad de descargar mi pena.

Veo ahora cuántas veces me he plegado a las mentiras diciéndole a mi corazón que algún día estarías contigo, sentados frente a frente en ese bar con una cerveza cómplice.

Pero creo que estaré bien, que esas luces, ese polvo y la música triste que invade el ambiente de animales solitarios me sostendrán. Adivinaré todas las señales de los sueños que has querido cumplir, de una vida llena y cargada de sonrisas. Escucho esta canción, que adivina lo que pienso y siento que este dolor profundo que habita en mí nunca se va a terminar.

Pero creo que estaré bien, que esas luces, ese polvo y la música triste me sostendrán. Aquí siempre tendré un lugar para recordarte, entre otros animales solitarios, seres que contemplan cómo se rompieron sus sueños.

(Canción prosificada, traducida y modificada a voluntad de «Neon moon”, de Brooks y Dunn, aquí acompañados de Kacey Musgraves).

Read More

Canta en mi esquina una canción tierna, aleja todos mis demonios de una tarde inhóspita de verano. Invita a romper todas las reglas y todos los géneros literarios, como si la vida fuese maravillosa y la temperatura fuese la de siempre a estas horas, unos veintiocho grados soportables a la sombra. Con un buen libro entre las manos y la mirada que permanece enmarcada en unas vistas que no permiten vislumbrar el horizonte.

La cantante posee una voz triste y piadosa, como si la vida fuese estupenda y cabalgásemos por la vida y por las olas y por los terrenos irregulares. Como si fuésemos los únicos seres con sangre efervescente, como si fuésemos los únicos en tener la porción más esponjosa del mejor pastel.

Las aguas claras del vaso encima de la mesa se ondulan con el movimiento de las teclas y la venda de los ojos y la melodía fuertemente percudida alude a sociedades secretas, a manos temblorosas, a noches y a tardes y a días y a manos de plata con dientes como dagas.

Los sonidos se copan de flores y voluntades, expresan la sensación y la dificultad de vivir con nosotros mismos, reacios a descansar, proclives a cegarse en la locura y calentar el océano llegando a cada vuelco de la espuma.

La estrofa habla de cantidades de caricias dibujadas en la punta de los dedos y del poder sanador de las caricias, de las cadenas de abrazos y las palabras susurradas. De apoyarse en las paredes llenas de arrugas para entonar las mejores melodías. De las ventanas y de las brisas y del aire y de las ganzúas que abren las puertas de cada secreto.

Las fuentes afloran en todos los desiertos. Y la armónica suena detrás de la guitarra e invita a cancelar todas las citas, príncipes insolentes de toda nuestra maldita felicidad.

Imagen de Natasha Wheatland.

Read More
A %d blogueros les gusta esto: