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Neurosis

Bueno, amigos: hemos llegado a nuestra entrada 300. Como ya dije hace unos cuantos días, Chipirón negro me orientó hacia una idea que creo que sirve a las mil maravillas para celebrar la piedra de toque que supone haberos machacado durante tanto tiempo (casi año y medio). Sabedora de mi pasión por la serie In treatment (dentro de poco, aparecerá ya en España bajo el título En terapia), me sugirió que tomase como base para esta entrada un tipo de terapia que aparece en el capítulo 35. En dicho capítulo, el terapeuta acude con su mujer a la consulta de una colega para salvar su matrimonio. Las cosas se estancan y ella sugiere que utilicen una técnica denominada Imago, que consiste, básicamente, en un modo de encauzar el diálogo de pareja por el que se intenta que se reflejen los sentimientos del otro. El ejemplo que aparece en la serie es el siguiente: «Estoy disgustada por lo que pasó anoche», a lo que el otro dice: «Oigo que estás disgustada por lo que pasó anoche». Inevitablemente, este reflejo de los sentimientos del otro nos hace asumirlos, objetivizarlos, aunque también nos hace disentir y matizar. Pues bien, mi entada 300 va a ser una terapia de diálogo conmigo mismo. Os pido dos cosas: paciencia y continuidad. Si no tenéis a mano unos pocos minutos, interés, y una fuente de audio, es mejor que paséis de la entrada. Va a ser pausada y pronfunda. ¿Listos? El procedimiento de actuación va a ser el siguiente: acompañaré el texto escrito con un texto grabado. Vosotros tenéis que leer el texto a medida que vais escuchándolo, para contrastar esa dualidad de la técnica Imago. Empezamos:

Imago #1 [audio:http://www.urbinavolant.com/audio/imago01.mp3]

Me siento solo. Inmensamente solo en la soledad de las noches, con el miedo metido en el cuerpo. Cierro los ojos para oír voces, para registrar recuerdos, para ver pasar por mis párpados las imágenes de mi vida, de mis seres queridos y de un yo que cuelga de sí mismo. Me arropo para robar un poco de calidez al edredón, para sentir en mi cuerpo algo parecido al calor humano, el calor de mí mismo, derivado a un trozo sintético que es prolongación de mi existencia. Agotado, me siento despertar en el sobresalto de la noche, incorporándome para cerciorarme de que existo, de que hay luz artificial en algún resquicio de la noche, en algún resquicio de mi alma. Me duermo por obstinación y por obligación, insertando la voluntad en la oscura noche, alejando con los varapalos de la insistencia los monstruos que acechan en las tinieblas. Sueño con los días que vendrán. Me despierto y sueño.

Imago #2 [audio:http://www.urbinavolant.com/audio/imago02.mp3]

Soy traidor y traicionado a partes equidistantes. Un héroe convertido en villano, un villano convertido en héroe. He inundado mis alrededores de lágrimas y sonrisas a partes iguales. Me he sentido herido con el más afilado de los cuchillos, zaherido en el orgullo de mi vanidad. Me he visto a mí mismo envuelto en muchas cosas que no son, en muchas cosas que no pienso, en muchas cosas que no comparto. He sido prisionero de mi independencia, esclavo de mi destino. He visto derramar vacuidad a mi alrededor y no supe enfrentarme, no supe pronunciar palabras. He oído palabras de injusticia y no supe refrenarlas, he oído las voces vanas del consejo resabiado y no supe escupirlas con mi desprecio. He devuelto todos esos ropajes con villanía y alevosía, con crueldad y estulticia. En el intercambio, no he ganado nada. Golpes y golpes en la cara, en el honor, en el carné de identidad. En el mercadillo de la vida, me han quitado la existencia y se han quedado con el cambio. Culpa suya. Culpa mía.

Imago #3 [audio:http://www.urbinavolant.com/audio/imago03.mp3]

Reconozco que me gusta reír, que mi vida ha tenido momentos intensos y que intento curvar los labios con sonrisas. La vida me ha ido propinando golpes muy duros y siempre me he intentado levantar, como el soldado tiroteado que se incorpora para buscar refugio. Me gusta transmitir la alegría que no tengo, la broma que no albergo. Desprendo la vida en capas y me quedo a veces con sus estratos amables. Intento avanzar un paso, aunque retroceda cuatro. Me hago gracia a mí mismo, lo que es sinónimo de afirmar que me doy pena. Voy por ahí borrando las tachaduras, los renglones torcidos de un Dios que se me aleja. Soy el pesimista que no se resigna, el agorero que no triunfa. La nota grave a la que se le escapa siempre la sorna y el retintín. Resabiado pero inocente, malintencionado con la bondad de intentar hacer pasar un rato amable. Gamberro con la inconsciencia del adolescente, niño adulto pataleando por las jugarretas de la vida. Reconozco que la risa es el único condado que se resiste al reino de la infelicidad.

Imago #4 [audio:http://www.urbinavolant.com/audio/imago04.mp3]

Soy demasiado duro en mis juicios, demasiado taxativo. Aunque quede un poco feo decirlo, aprovecharé ahora que estoy solo en casa y no me escucha nadie para decir que, además, disfruto con esa rigidez en mis valoraciones. No perdono las tachas ni siquiera en aquellos que han sido mis amigos. Decía alguien que si tenía que elegir entre el camino de la amistad o el camino de la verdad, él elegiría sin lugar a dudas el camino de la verdad. Me parecía ésta una afirmación absurda, pero los designios de mi yo profundo han acabado por comulgar con esta idea. ¿Por qué había de perdonar a mis amigos aquello que no me perdono a mí mismo? ¿Por qué había de consentirles algo que ni yo mismo me permito? Eso me ha ido afirmando en la fortaleza de mis más sólidas amistades y, a la vez, me ha ido obligando a tachar de la lista a aquellos que me han vendido por un plato de lentejas. Con su pan se lo coman. Me acuso de estrangular todo por el pasapuré de la razón y luego verter el resultado por el tamiz de los sentimientos. Tan asquerosamente emocional como para basarme en la razón, tan repugnantemente racional como para dejarme vencer por los sentimientos.

Imago #5 [audio:http://www.urbinavolant.com/audio/imago05.mp3]

¿Miedo? Estoy aterrorizado. En el sofá de casa, se me empieza a nublar la vista. Intento enfocar, encontrar un punto de referencia. Empiezo a sentir un frío tan grande por el cuerpo que se me extiende por el alma. Me abrigo en posición fetal y veo llegar el abismo. Lloro con lágrimas incontenibles resbalando por las mejillas, siento el dolor más profundo en el centro de mi corazón acelerado. Intento atrapar la vida a bocanadas de aire irrefrenable, pero la necesidad tiene mayor densidad que el aire. Los desórdenes de mi cuerpo pasean a sus anchas por el infinito y ni siquiera llego a ser consciente de mí mismo. Veo pasar los segundos como si fuesen horas. Los escalofríos son a veces tan fuertes que el dolor de espalda me dura días. La opresión en la cabeza, la de un submarinista en un vertiginoso proceso de descompresión. Poco a poco, la tormenta pasa. El cansancio se pasea por mis huesos de punta a punta. Me quedo dormido, aferrado al sueño, con la esperanza de ver otro amanecer. Hasta que el suplicio vuelve.

Imago # 6 [audio:http://www.urbinavolant.com/audio/imago06.mp3]

Soy un enemigo malo de cojones. Impaciente en mi enfado, tremendamente calmo en la espera. Me agazapo y repto. Escondo mi maldad por todas las oquedades. Me gusta contemplar a mis presas desde arriba, esperando que caigan en la telaraña de su propia hijoputez. Siempre caen, los muy cabrones. He visto cosas que no pueden perdonarse, la mejilla se te vuelve aunque quieras proponerla como ofrenda. He visto pasear por sus miradas la maldad, la comparación, el asco. He visto reflejar su ignonimia en tres palabras que no diré, que se me han grabado en el alma, en su más justo centro. Estoy alerta. Estoy al acecho. Pero me temo que ellos caerán, pero no en mis garras, sino presos de su propia mierda.

Imago # 7 [audio:http://www.urbinavolant.com/audio/imago07.mp3]

Esta terapia me está rompiendo por dentro. He reflexionado sobre lo dicho y no me gusta. No me gusto. Me gustaría ser ese cuerpo libre de destino. Me gustaría ser esa alma pura no atacada por la pena. He dicho que soy malo y me gusta. Pero me arrepiento. No se puede ir por la vida como acaparador de vicios y pecados. Hago el mal dos mil veces y en el interior de mi silencio pido perdón por ello. Soy la consecuencia de todos mis fracasos, pero no quiero y me rebelo. Chipirón me ha puesto un examen muy duro. Un examen de conciencia que parece el estadio previo a la confesión de los pecados. De todas las culpas. Pero he visto atisbar un retazo de alma limpia, lo que no quiere decir que sea un retazo de alma coherente. Lo he visto pero se me ha escapado. Con lo bonito que era.

Imago #8. Coda [audio:http://www.urbinavolant.com/audio/imago08.mp3]

Aviso a los navegantes. Esto es un ejercicio de estilo. Mi alma no está ni limpia ni sucia. Y mi cuerpo no está ni libre de penas ni exento de condenas. El blog es una expresión del yo, una información del yo, pero también expresión e información del mundo. A muchos les hubiera gustado verme aquí retratado para alabarme o retarme en duelo. Siento decepcionarles. Me he vaciado por dentro tanto como he vaciado mi voz, tanto como he vaciado mis dedos sobre las teclas. Pero cuidado: igual entre mentira y mentira se atisba una porción de realidad, o entre verdad y verdad se dicen cuatro cosas. En los blogs, como en la vida. Si habéis llegado hasta aquí, os doy las gracias y mi enhorabuena por vuestra paciencia. Habéis sido mejores compañeros que muchos, habéis estado más cerca que la mayoría. Pero no lo olvidéis. Esta puede ser la última de estas entradas de palabras voladoras. O tal vez la primera de otras setecientas. Que la palabra os acompañe, pero no la cacéis. Dejad que vuele por la nube de vuestras conciencias y por el gusto de vuestros pareceres. El mundo es bello. A veces. Y muchas gracias, Chipirón. Siempre tuyo. Un saludo (ahora que no nos escuchan).

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Spirits

Dos neuróticas coincidencias son el fundamento de esta neurótica entrada. La primera, el reflejo de nuestras obsesiones obsesivas (y sus nefastas consecuencias para la salud del personal de bibliotecas) en ese gran blog llamado Burgostecarios. ¡Qué grandes son sus «vicios» y qué grandes son sus virtudes! La segunda, ese deambular errático por la red que nos caracteriza a los neuróticos internautas irredentos: no me preguntéis el cómo (probablemente, este ratón caprichoso que se me escapa de las manos) y, mucho menos el porqué, pero he dado con una organización totalmente desconocida para mí: neuróticos anónimos (en inglés, el término es menos duro: emotions anonymous), organización fundada por Grover Boydston. Aún a riego de trivializar (y con toda la seriedad que acarrea tomarse las cosas con sentido del humor), me apasiona ver en las películas y series televisivas las reuniones de sus hermanos mayores (Alcohólicos Anónimos, ahora extendida a Adictos Anónimos):

Bob.- Hola, soy Bob y soy adicto.

Todos.- ¡Hola, Bob!

Bob.- Llevo seis días y medio sin meterme nada (a excepción de las manos en el bolsillo). Y tengo una paz interior de la que carecía en mi vida.

Todos.- ¡Ánimo, Bob!

Bob.- Bien, sólo quería decir esto en voz alta, sentirme fuerte y acompañado en mi firmeza interior y en mis momentos de flaqueza.

(Una vez acabada la reunión)

Gina.- Hola, Bob. Me llamo Gina.

Bob.- Hola, Gina. Me llamo Bob. (Sonriendo) Qué tontería, ya sabes mi nombre.
Gina.- No pasa nada, Bob. Es normal que estés nervioso. A mí me pasó también la primera vez. Soy adicta desde hace cinco años. Y estas reuniones me han hecho recuperar la confianza en mí misma. ¿Te importaría acompañarme a mi casa dando un paseo, Bob?

Bob.- Claro, Gina. Me gusta pasear bajo la lluvia.

También, como los A.A, los N.A siguen un programa de recuperación basado en doce pasos iniciales y doce costumbres o tradiciones. Como soy un neurótico, busco siempre ansiosamente un test para saber si lo soy. Y, como lo soy, siempre encuentro uno que me dice lo que quiero. Sí, soy muy sensible (¡ay!); sí, me gusta compadecerme de mí mismo, de mis cuitas y congojas (¡tengo tantos problemas!); sí, me intento justificar (¡tendrías que sufrir lo que yo sufro!); padezco mucha ansiedad; creo que todo el mundo me mira fijamente (¡tú también me observas demasiado, visitante compulsivo de mi blog!); exagero un montón mis pequeños problemas (básicamente porque no son pequeños: son grandes); estoy muy triste o muy contento (¿qué pasa, no puedo?); no sufro ningún desorden sexual (que no sea un obstinado y pertinaz pensamiento marrano); soy tan ordenado que mantengo un desorden de libro, y tan sumamente ordenado que me tengo que saltar mi propio orden para no volverme loco (he llegado a cronometrar y armonizar el calentamiento de la leche, las cucharadas de cola-cao y la salida y unte de tostadas para conseguir un mundo perfecto); reconozco haber mirado debajo de la cama para ver si estaba escondido alguien (para mi decepción, no había nadie). Y me lavo los dientes cronometrando, marcha atrás, hasta llegar al 00:00. Ah, y tardo media hora en dormir porque el pijama siempre me hace arrugas que me molestan (y cuando arreglo una, se me tuerce otra, lo que convierte mi hora de dormir en algo parecido al baile de San Vito) Etcétera. Etcétera.Etcétera.

Pero me temo que seré un neurótico obsesivo frustrado. Porque tengo nombre y apellidos. Como todo el mundo. Bob y Gina incluidos. Y lo llevarán marcado en la piel, como sus neuras, toda la puñetera vida.

Raúl.- Soy Bob y soy neurótico.

Todos.- ¡Hola, Bob!

(Y yo les miento. Pero me hace mucha gracia. Seguro que a ellos, ni pizca. Por eso me persiguen)

(Imagen de nictapolen)

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