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No tienes que verlo para saber que tienes que verlo

La publicidad es un tipo de discurso persuasivo en el que es muy frecuente que se omitan elementos. No es necesario que haya una argumentación completa para que esta llegue al receptor de manera exitosa y eficaz. Esto, que ocurre de modo general en toda la comunicación publicitaria, se consigue plasmar de manera muy inteligente en la campaña realizada por Miami Ad School, una agencia alemana, para el Museo del Louvre.

El lema de la campaña es You don’t have to see it, to know you have to see it (No tienes que verlo para saber que tienes que verlo. Se trata de una bonita paradoja que evidencia que las obras que pueden apreciarse en el Louvre son sobradamente conocidas por el público, por lo que no necesitan ser mostradas más que de forma pixelada en las imágenes de la campaña. Por lo tanto, la campaña se basa en lo que no muestra y todos comprenden: No tienes que verlo [aquí] para verlo [en el Louvre]. Desde el punto de vista cognitivo, entendemos lo que no está por lo que está. O, lo que es lo mismo, es mucho mejor ver la auténtica realidad de lo que ya conocemos que ver una imagen. Sería la elevación por sublimación del Ceci n’est pas un pipe de Magritte (o, visto de una manera más crítica, su reducción al absurdo).

Para juzgar si este reconocimiento es completo por parte de todos los receptores, dejo, además de la Mona Lisa que encabeza la entrada, las imágenes del Juramento de los Horacios,  La Libertad guiando al pueblo y La balsa de la Medusa. Basta con que pinchéis sobre cada imagen.

La información sobre esta campaña me llegó a través de la web Ads of the World.

Esta entrada, publicada primero en ScriptaManent, aparece también en mi blog personal, VerbaVolant.

La vida

The past is breaking through

El orden de los factores no altera el Producto:

Wilkinson. Bimbo. Cola Cao. Helios. Pascual. Cadena Ser. HBO. Fontvella. Alfaguara. Cátedra. Sony. Aiwa. Verbatim. El País. Zaapa. iTunes. iPhone. Apple y, sin embargo, Windows. Osram. Adolfo Domínguez. Massimo Dutti. La Sexta. Sfera. Flickr. El Galgo. Ikea. RAE. La Bella Easo. Google. Frudesa. Anagrama. Nintendo. Dro. Correos. Gmail. MRW. Coca Cola. Panamá Jack. WordPress. Springfield. Maax. Seat. HP. eBay. Telefónica. Asics. Movistar. El Hacendado y Bosque verde. Unigraf. Cune. Aspirina . El Mundo. La Palabra (Digital) y Diario de Burgos. Ondacero. Decathlon. Canon. 

¡La vida! Hay que joderse.

Imagen de Trois Têtes.

Filmada en los colores de la tierra

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Hoy han salido las líneas a raudales. Encontré la inspiración de las tablas de arcilla, los coros de los ángeles celestiales. Hoy el trote cochinero de la angustia me ha acercado al fondo del perfume, al toque de una fragancia, filmada en los colores de la tierra. Hoy reivindico los bucles de la vida, los beneficios de la salud total de la magia, de las fórmulas cotidianas en ofertas impecables. Hoy la cobertura de las horas ha relumbrado en perfecciones y en olores eléctricos. Las melodías contaban historias a todo riesgo hasta que han llegado las próximas bocanadas. Durante la noche, he eliminado las andanzas cotidianas y los miedos, me he sumergido en los sueños por la isla de Manhattan. Porque, por mucho que lo sienta, siempre nos quedará Central Park, y el Hudson, y dos pies para ponernos las sandalias.

(Sobre una inspiración múltiple de pausas publicitarias, ataques de ansiedad, entrevistas televisivas y blogs amigos)

Eso era antes…

Cartel publicitario

Todavía no había tratado en este blog de algún asuntillo al que dedico mi vida profesional. Uno de esos vicios personales y académicos es el estudio de la publicidad, campo apasionante y con frecuencia maltratado con visiones periféricas no demasiado justas. Aconsejo vivamente la visita al sitio web del Centro Virtual Cervantes en el que se nos deleita con carteles que repasan cien años de publicidad española (también es más que recomendable la exposición dedicada a los lenguajes del diseño). Ya trataremos un día de esto con más profundidad, pero hoy no quiero dejar pasar la visión graciosa, ingenua y tierna que se destila del cartel que encabeza la entrada: «Los periódicos llegan a lugares donde no llega la televisión». Los creativos que parieron este anuncio no tenían visión de futuro o no miraron en el interior de la taza. No sabían que la mierda está dentro.  (Vaya, me he puesto un pelín grosero. Perdón…)